¿Quién fue Laika? La primera perra enviada a la órbita terrestre

Laika fue una perra que pasó a la historia por ser el primer ser vivo en atravesar la órbita terrestre y ser enviado al espacio, cuando el 3 de noviembre de 1957 fue enviada por los soviéticos a bordo del Sputnik 2.

Laika

En homenaje a Laika, el primer ser vivo enviado al espacio

La carrera por la conquista del espacio también ha tenido muchos fracasos, y asimismo sus víctimas: la primera de ella, fue Laika, una perra callejera cuya historia, no sin dudas, emociones encontradas y mentiras, conmovió al mundo a fines de la década del 50. Esta perra, cuyo nombre proviene del ruso, lajar, y significa, literalmente, ladrar, pasó a la historia por ser el primer ser vivo, el primer animal, en ser enviado al espacio.

Laika fue la única pasajera en ser lanzada al espacio a bordo del Sputnik 2, una pequeña nave con forma de cono que medía sólo poco menos de dos metros y pesaba unos 500 kilos. Su lanzamiento tuvo lugar, en concreto, el 3 de noviembre de 1957.

Esta perrita fue la elegida para realizar una serie de pruebas médico-biológicas y monitorear los signos vitales en el espacio: en principio, a través de este experimento se pretendía preparar los vuelos para que en el futuro pudiesen ser tripulados por seres humanos y, por el otro lado, se quería también investigar sobre la radiación cósmica en las mutaciones genéticas.

Esta desafortunada perrita fue sometida a una pequeña preparación, y se la eligió por sus características, por pertenecer a una raza calma y tranquila. Previamente, se la había entrenado para poder permanecer largos períodos en pequeños habitáculos sin alterarse.

Lo cierto es que esta historia no tuvo final feliz, si bien ya sabían que el animal no regresaría con vida, el desenlace fue peor al previsto: aunque se dijo que tras el despegue llegó a vivir una semana, en 2002, un partícipe de aquella misión recnoció que en realidad su odisea por el espacio sólo duró entre 5 y 7 horas, ya que su cuerpo no soportó ante un fallo técnico que habría provocado un aumento extremo de la temperatura en la cabina.

La cápsula en la que Laika fue colocada estaba presurizada y se encontraba asegurada en su posición por un arnés especial para evitar los efectos de la ingravidez, con acceso a la comida y al agua, con paredes acolchadas. Se le colocó electrodos en su cuerpo para que los científicos en tierra pudiesen seguir sus signos vitales.

Según cuenta la historia, mientras el Sputnik ascendía a la órbita terrestre, Laika ladró y comió de los dispensadores allí colocados. La idea de los investigadores, según se dijo, era la de «dormir» a Laika unos siete días después para evitarle una cruenta muerte cuando el módulo reingresara en la atmósfera terrestre.

En un primer momento, incluso, la agencia de noticias soviética TASS había informado que Laika regresaría a la Tierra en un paracaídas. Pero nada más lejos.

Si bien el Sputnik 2 no había sido diseñado para regresar a la Tierra, estuvo un año divagando por la órbita terrestre y finalmente se desintegró unos cuantos meses después, según está documentado, el 14 de abril de 1958.

En su momento, se habría disfrazado el final para no dar a conocer un fracaso, y porque la historia de esta perrita había cobrado repercusión internacional. Además, no hay que olvidar que se estaba en plena puja por la conquista del espacio entre soviéticos y estadounidenses. La propaganda para los primeros habría sido muy mala.

Hoy en día, en la ciudad de las estrellas en Rusia, en cercanías de Kaliningrado, existe un lugar donde hay varios monumentos y placas a los héroes espaciales rusos, en una en especial, se ha incluido a Laika como una de las protagonistas. A modo de homenaje también se ha bautizado una región del planeta rojo, Marte, con el nombre de ‘Laika’.

Foto Wikimedia

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