El Universo es mucho más extraño de lo que imaginamos

Cuando los profanos miramos al cielo, imaginamos una inmensidad inexplorada. Sin embargo, el Universo es mucho más extraño de lo que imaginamos, ya que, además de estrellas, planetas y galaxias, también es tiempo, debido a lo que la luz tarda en llegar hasta nosotros. Así, cuando vemos el Sol, lo estamos presenciando como era hace unos ocho minutos.

Cuando los profanos en Astronomía miramos al cielo, vemos, sencillamente, estrellas. Así ha sucedido durante miles de años y seguirá ocurriendo por otros miles más. Acostumbramos a quedarnos con la impresionante belleza que nos ofrece y solemos pensar en que todo el Cosmos está ahí arriba.

Sin embargo, como decía el genial Isaac Asimov, «el Universo no es lo extraño que nos podemos llegar a imaginar, sino que es tan extraño que no podemos ni siquiera imaginárnoslo», un original juego de palabras con el que trataba de expresar lo complejo de él.

Foto de nuestro Sistema Solar

Recreación de nuestro Sistema Solar

Y es que, aún siendo mucho lo que la Física y la Astronomía han averiguado acerca del Universo, es mucho más lo que todavía ignoramos. Han encontrado planetas, estrellas, polvo interestelar y algunos fenómenos extraños pero tendrá que pasar mucho tiempo hasta que realmente podamos decir que conocemos bien el Cosmos, si es que alguna vez podemos hacerlo.

Por ejemplo, sabemos que, cuando miramos al cielo, estamos viendo un espacio profundo pero –desde Albert Einstein– también conocemos que estamos viendo tiempo y, más concretamente, pasado. Este aserto, que parece pura ciencia-ficción, es, sin embargo, verdad y la explicación es sencilla: tiene que ver con la luz y lo que tarda en llegar a nosotros.

Las imágenes que percibimos nos llegan a través de la luz. Ésta viaja a gran velocidad, concretamente a unos trescientos mil kilómetros por segundo. Por ello, en nuestra vida cotidiana, no existe prácticamente desfase. Si estamos en casa y miramos por la ventana a la calle, la luz tarda una fracción mínima de tiempo en llegar hasta nosotros, es un proceso casi inmediato, hasta el punto de que podemos decir que vemos la calle tal como es ahora.

Sin embargo, las distancias en el Cosmos son tan enormes que la luz tarda su tiempo en llegar a nosotros. Por ejemplo, vemos la Luna como era hace 1,3 segundos, el Sol como era 8,3 minutos atrás y cualquier estrella cercana como era hace 4,2 años. Pero es que, si miramos el objeto celeste más lejano visible sin instrumentos astronómicos, que es la galaxia de Andrómeda, la vemos como era hace 2,3 millones de años (o, lo que es lo mismo, se encuentra a 2,3 años luz).

Por decirlo de otra forma, todos estos objetos celestes que emiten luz representan distintos puntos en el tiempo y ello permite a los astrónomos estudiar la evolución del Universo desde hace millones de años. Es por eso también que, cuanto mejores sean los telescopios, más lejos alcanzarán y mejor podremos conocer la historia del Cosmos.

Foto de Próxima Centauri

La estrella Próxima Centauri

Si cualquier persona pudiera realizar un viaje a través del espacio, lo primero que encontraría después de nuestro satélite, la Luna, sería dos pequeños planetas rocosos, Venus y Mercurio. Aunque éste último es el más cercano al Sol, no es el más caliente. La temperatura más alta se da en Venus –alcanza los quinientos grados Celsius-, a causa de que su atmósfera es más densa y el calor que llega de aquél no puede evaporarse al espacio.

A continuación, se halla nuestra estrella local, el Sol, que se encuentra a unos ciento cincuenta millones de kilómetros y en cuyo núcleo se genera la energía que hace posible que exista la vida en la Tierra. Pese a ser una estrella mediana, constituye algo más del noventa y ocho por ciento de la masa del Sistema Solar y posee más brillo que la gran mayoría de las que pueblan nuestra galaxia.

En dirección opuesta, es decir, más alejado que la Tierra respecto al Sol, se encuentra otro pequeño planeta rocoso, Marte y, a continuación, atravesando el cinturón de asteroides, se hallan los grandes gigantes gaseosos: Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, cualquiera de los cuales, en comparación, deja a nuestro planeta como diminuto. El más grande de ellos es Júpiter, que posee una masa de unas mil trescientas veces la de la Tierra. Se trata de un cuerpo masivo gaseoso compuesto, principalmente, de hidrógeno y helio y que carece de una superficie interior definida. Junto a estos grandes colosos, se encuentran los planetas menores, como Plutón, y cometas.

Por su parte, el astro más próximo a nuestro Sistema Solar es Próxima Centauri, una estrella enana roja, es decir, pequeña y relativamente fría, por lo que su luz no puede observarse sin instrumentos apropiados. Se halla a más de cuatro años luz de distancia, lo que significa que, si tuviésemos que llegar hasta ella con los adelantos actuales, tardaríamos unos diecinueve mil años.

Continuando nuestro viaje, nos encontraríamos con cúmulos de estrellas, brillantes nubes de gas y polvo interestelar. Y, si desde mucho más lejos pudiéramos volver la vista atrás, contemplaríamos nuestra galaxia, la Vía Láctea, constituida por una enorme espiral de estrellas que brillan. En su centro, veríamos una gran protuberancia de la que surgen esos grandes brazos espirales.

Pero, por supuesto, no todo termina ahí. Si vamos aún más lejos, veríamos miles de cúmulos de estrellas globulares esféricas entre las que se cuentan algunas de las más veteranas del Universo y también presenciaríamos que nuestra galaxia cuenta con otras dos que ejercen como satélites de ella: son las llamadas Nubes de Magallanes.

Foto de la galaxia de Andrómeda

Una vista de la galaxia de Andrómeda

Pero, más lejos aún, se encuentran millones de otras galaxias de diversas formas. Algunas son espirales como la nuestra, otras elípticas y unas terceras en forma de racimos de estrellas.

Y, entre todas ellas –según se cree- principalmente espacio vacío y gas intergaláctico. No obstante, los astrónomos han creído adivinar en sus investigaciones muchos otros elementos a los que aún no han encontrado explicación definitiva. Como los llamados agujeros negros, regiones con una enorme densidad que generan tal campo de atracción gravitatoria que ni siquiera la luz puede escapar a ellos. Se cree que en el centro de la mayoría de las galaxias, incluida la Vía Láctea, existen estas regiones.

En suma, como podemos apreciar, la simple vista del cielo sobre nuestras cabezas nos permite adivinar –pues sólo podemos verla con avanzados instrumentos astronómicos– una inmensidad de espacio y de tiempo cuyos confines aún no hemos sido capaces de encontrar. Y quién sabe qué más puede haber por ahí que todavía no hayamos descubierto.

Fuente: Discovery News.

Fotos: Sistema Solar: Anónimo en Photojournal | Próxima Centauri: Spyder Monkey en Wikimedia | Galaxia de Andrómeda: Ethan Hein en Flickr.

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