Descubren un nuevo sistema estelar con seis planetas

La sonda Kepler, que, desde el 2009, se halla orbitando alrededor del Sol para encontrar planetas extrasolares, ha logrado un extraordinario descubrimiento: el de un sistema similar al nuestro, con una estrella principal -bautizada como Kepler-11- y seis planetas que la orbitan.

La sonda Kepler es un satélite artificial lanzado al espacio por la NASA el día seis de marzo de 2009 con la misión de orbitar alrededor del Sol buscando planetas extrasolares, es decir, ajenos a nuestro sistema.

Su nombre no puede ser más apropiado, ya que pretende ser un homenaje al brillante astrónomo germano Johannes Kepler (1571-1630), quién formuló precisamente las características de las leyes que rigen la órbita de los planetas.

Recreación de la sonda Kepler

Recreación artística de la sonda Kepler

La sonda, que mide unos cinco metros de alto, posee casi dos de diámetro y pesa una tonelada, es realmente un telescopio montado sobre una estructura exagonal de soporte. Se espera que su misión culmine el próximo año. Mientras tanto, veintiocho astrónomos siguen sus observaciones desde las universidades de Colorado y de Santa Cruz, en California, recibiendo los datos que envía previamente depurados, de tal suerte que a la Tierra sólo llegan los verdaderamente relevantes.

Kepler ha sido fabricado como un satélite, pero no para orbitar sobre la Tierra, sino alrededor del Sol y a una distancia de éste similar a la de nuestro planeta. En palabras de los responsables de la misión, ésta «es la primera en el mundo con capacidad de detectar realmente planetas análogos a la Tierra orbitando estrellas similares a nuestro Sol en la llamada zona ‘habitable'».

De este modo, cuando haya concluido su misión, la sonda observará unas ciento cincuenta mil estrellas, analizando su brillo cada treinta minutos, técnica que permite detectar tránsitos de planetas: cuando capta tres pequeñas fluctuaciones en una de ellas y comprueba que siguen intervalos regulares, se deduce que hay un planeta orbitando a esa estrella. Para ello, está dotada de los más importantes adelantos de la Física entre los que destaca su fotómetro.

Para hacernos una idea de la potencia de éste, podemos pensar que si un planeta del tamaño de la Tierra cruzase ante una estrella como el Sol, la variación de la luminosidad de éste sería de tan sólo ochenta y cuatro partes por millón. Pues bien, el fotómetro de la Kepler es capaz de detectar variaciones de incluso veinte partes por millón.

Con todo ello, la probabilidad que sus creadores estiman de acierto para la sonda -es decir, de hallar planetas como el nuestro– es de uno por cada doscientos diecisiete astros que orbiten en torno a esas ciento cincuenta mil estrellas. En otras palabras, si cada una de éstas tuviese un planeta similar a la Tierra, la Kepler detectaría unos cuatrocientos sesenta y cinco.

Y, de hecho, en estos casi dos años que lleva en marcha la misión, sus resultados han sido óptimos. El primer éxito consistió en conocer datos detallados del planeta HAT-P-7b, conocido como ‘Júpiter caliente’ por ser de configuración gaseosa como el de nuestro Sistema Solar, que se halla en la constelación del Cisne a unos mil años luz de distancia. Este planeta ya era conocido pero los datos aportados por Kepler arrojan mucha más luz acerca de sus características.

Foto de la Universidad de Colorado

Instalaciones de la Universidad de Colorado, una de las responsables del seguimiento de la Misión Kepler

Sin embargo, a lo largo del año 2010, los resultados de la misión se dispararon: un total de setecientos planetas fueron localizados de los que unos cuatrocientos eran prometedores candidatos y sesenta tendrían un tamaño similar a la Tierra.

Pero el principal descubrimiento de la sonda se ha producido recientemente –de hecho, la noticia saltó el pasado día tres de febrero, publicada por la revista Nature– y consiste en la detección de un sistema estelar formado por una estrella como el Sol en torno a la que orbitan seis planetas. El astro principal, bautizado como Kepler-11 se halla también en la constelación del Cisne pero más distante que el citado anteriormente, ya que está a unos dos mil años luz de distancia de la Tierra. Como suele hacerse, los planetas que lo orbitan serán denominados igual pero añadiendo una letra minúscula a cada uno de ellos (de este modo, el más cercano sería Kepler-11 a y así sucesivamente).

Este hallazgo ha sido calificado por uno de los investigadores de la NASA, Jack Lissauer como «el más importante en el campo de los planetas extrasolares desde el descubrimiento de 51 Pegasi b, el primer exoplaneta detectado en 1995″.

Entre estos planetas recién detectados, los cinco más cercanos a su estrella –los más pequeños de entre los extrasolares vistos hasta ahora- poseen una masa que oscila entre 2,3 y 13, 5 veces la de la Tierra, mientras que el más lejano es mucho mayor, aproximadamente unas trescientas veces (como Neptuno o Urano). Igualmente, los primeros muestran órbitas que se encuentran entre los diez y los cuarenta y siete días, mientras que la del más grande es de ciento dieciocho.

No obstante, el descubrimiento decepcionará a los aficionados a la vida extraterrestre, puesto que, según los expertos, es imposible que exista en estos planetas debido a lo cercanos que se encuentran a su sol, lo cual los hace excesivamente calurosos para albergarla.

En cuanto a su proceso de formación, otro de los responsables del hallazgo –Fortney– señala: «nuestra teoría es que todos estos planetas comenzaron con atmósferas más masivas de hidrógeno y helio. Los más cercanos a la estrella perdieron la mayor parte pero los más lejanos aún conservan restos de aquellas atmósferas».

Dibujo de 51 Pegasi b

Ilustración de 51 Pegasi b, el primer exoplaneta que fue detectado

Además, el descubrimiento tiene otro valor. Nos lo explica Daniel Fabrycky, de la Universidad de Santa Cruz, en California: «esto no es sólo el hallazgo de un sistema planetario sorprendente sino que también valida un nuevo y poderoso método para medir las masas de los planetas».

Pero, según los astrónomos, lo más esperanzador del hecho es que, por vez primera, se han encontrado en la llamada ‘zona habitable’ del firmamento cinco candidatos a planetas del tamaño de la Tierra y a una distancia de su estrella que permitiría la existencia de agua líquida. Ello les hace pensar que pueden existir en la zona numerosos planetas más orbitando alrededor de estrellas. Y, por qué no, alguno podría albergar vida.

En suma, se trata de un importante descubrimiento que, además, abre las puertas a innumerables hipótesis acerca de esa zona –en la que la Kepler seguirá trabajando- y que nos revela, no obstante, que es aún mucho lo que ignoramos acerca del espacio.

Fuente: Maxisciences.

Fotos: Sonda Kepler: Anónimo en Photojournal | Universidad de Colorado: Ken Lund en Flickr | 51 Pegasi b: Webaware en Wikimedia.

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