Descubierto el fósil de un mamífero reptiloide en Baleares

Dos científicos del Instituto Catalán de Paleontología han hallado, en Baleares, el fósil de un primitivo bóvido de unos seis mil años de antigüedad, que había adaptado muchas de sus características biológicas a las de los reptiles con objeto de sobrevivir.

 

La Paleontología parece no tener límites. Cuanto más sabemos sobre el pasado, mayores sorpresas nos depara en forma de nuevas especies o, lo que es más difícil, de nuevos mecanismo de adaptación al medio.

La última noticia que ha saltado a la palestra es el hallazgo en las islas Baleares de los restos fósiles de un mamífero que había adaptado muchas de sus características biológicas a las de los reptiles para sobrevivir, lo cual lo hace único en el mundo. En palabras de uno de sus descubridores, Salvador Moyá-Solá, «era un mamífero de sangre fría, un mamífero reptiloide, y es un caso único. No se conoce otro igual, ni ahora ni en el pasado».

Foto de las Baleares, donde vivió el animal

Paisaje balear, ecosistema del primitivo bóvido reptiloide

El descubrimiento fue realizado por el citado Moyá-Solá y y Meile Kölher, del Instituto Catalán de Paleontología y su trabajo, publicado en la revista Proceedings of Nacional Academy of Science, ha obtenido el Premio Internacional de Paleonturología que concede la Fundación Dinópolis entre diecisiete estudios presentados.

Se trata de un bóvido del plio-Pleistoceno, una primitiva cabra que vivía en Baleares hace unos seis mil años. Había llegado hasta allí cuando el nivel del mar Mediterráneo descendió y, al vivir en un entorno donde la comida era escasa, adaptó sus condiciones biológicas para ahorrar fuerzas.

Según Kölher, «la evolución diseñó un mamífero adaptado al ahorro energético para que pudiera sobrevivir, y lo consiguió hasta que llegaron los humanos y acabaron con ellos, hace unos tres mil años».

Así, el ‘Myotragus’ –como ha sido bautizado-, además de tener la sangre fría, fue paulatinamente reduciendo su cerebro hasta aproximadamente la mitad. De este modo, disminuyó su capacidad de visión y oído, sentidos que, al no existir depredadores, no precisaba en exceso. También sus patas se hicieron más cortas y con las articulaciones fusionadas. Por ello no podía galopar, sólo caminar –otra manera de ahorrar energía-.

Igualmente, su metabolismo fue adaptándose a un ritmo más lento, de manera que crecía más despacio que otros mamíferos. De hecho, tardaba unos doce años en llegar a la madurez.

Todas estas adaptaciones le permitieron sobrevivir en un medio hostil con escasez de vegetación para alimentarse. Pero también supusieron su aniquilación, ya que, al arribar los seres humanos a las islas, carentes como estaban de mecanismos de defensa, constituyeron una sencilla presa  para aquellos cazadores, que, como decíamos, terminaron por hacerlos desaparecer hace unos tres mil años.

Fuente: El Mundo.

Foto: Paisaje balear: Sefa en Arte y Fotografía.

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