¿Cómo se entrena a un astronauta?

Todos hemos pensado, al ver a un astronauta en el espacio, cómo sería su entrenamiento. Sin duda, por fuerza tendría que ser durísimo para resistir física e intelectualmente las condiciones del espacio. No obstante, las cosas han cambiado mucho desde los primeros viajes hasta hoy, en que todo se ha tecnificado. Aquí repasamos esta historia.

Todos hemos visto imágenes de astronautas dentro de sus naves o, más recientemente, en la ya famosa Estación Espacial Internacional. Y, a juzgar por las duras condiciones que presenciamos, nos parecen poco menos que superhombres capaces de resistir cualquier tipo de situación extrema.

Sin embargo, son seres humanos como nosotros que han sido preparados para ello. Aunque bien es cierto que han debido soportar meses de intenso adiestramiento físico y, probablemente sobre todo, psicológico para afrontar su misión.

Foto de un transbordador espacial

Un moderno transbordador espacial

Pero a muchos de nosotros se nos habrá ocurrido alguna vez preguntarnos cómo se entrena a un astronauta. Indudablemente, los viajes que llevan a cabo sitúan a cualquier ser humano al límite de su resistencia. Si duro es adaptar el organismo a tales circunstancias, mucho más lo será capacitarlos intelectualmente para resistir en el espacio durante meses sabiendo que cualquier mínimo error puede costarles la vida.

De hecho, los primeros astronautas que viajaron al espacio eran, con toda probabilidad, las personas mejor entrenadas del planeta. Es necesario tener en cuenta que, en aquellos momentos, ni siquiera se sabía si un ser humano sería capaz de resistir con vida en el espacio.

Por ejemplo, Yuri Gagarin, el primer hombre en órbita llevaba memorizado un código secreto que tenía que pulsar en un teclado para hacerse con los mandos de la nave, ya que se desconocía si se volvería loco una vez la nave estuviera fuera de las cercanías de la Tierra.

En buena lógica, los viajes espaciales daban aún sus primeros balbuceos y tanto norteamericanos como soviéticos lo ignoraban casi todo acerca de ellos. Y, aunque ambos coincidieron en reclutar para sus misiones a los mejores pilotos de sus países, plantearon su salida al espacio de forma un tanto diferente: para los primeros se trataba de entrenar a sus hombres para pilotar maquinaria de enorme complejidad, mientras que los segundos optaron por una preparación más centrada en los ambientes extremos.

De hecho, los astronautas soviéticos hubieron de afrontar verdaderas sesiones de tortura que incluían horas introducidos en «brutales centrifugadoras», estancias en ambientes con muy poco oxigeno y ejercicios similares. Y es que sus técnicos habían realizado durante la Segunda Guerra Mundial numerosos experimentos en grandes alturas y pensaban que la permanencia en una nave espacial sería algo insufrible.

Por su parte, el entrenamiento de los estadounidenses era menos duro pero abarcaba mayor cantidad de imprevistos. Como se esperaba que, al regreso, la nave cayese en el mar, buena parte de sus ejercicios consistían en salir rápidamente de la nave y, sobre todo, sobrevivir en el océano hasta ser recogidos.

No obstante, en previsión de que algo pudiera ir mal y la nave se precipitase sobre tierra firme, también recibían entrenamiento para sobrevivir en el desierto y la selva, por lo cual pasaron temporadas en ambos lugares.

Foto de unos antiguos guantes y un casco de astronauta

Casco y guantes que utilizaban los primeros astronautas

Claro que, en aquellos momentos, tanto los pioneros rusos como los norteamericanos eran militares rudos y preparados para sufrir. Sin embargo, a medida que los viajes espaciales fueron haciéndose algo más habitual, aquéllos fueron sustituidos por científicos menos preparados para situaciones extremas.

Nos encontramos a finales de los años sesenta y la media de estancia en la universidad de los astronautas había aumentado desde los cuatro años hasta casi los ocho y medio. No obstante, como la dureza de los vuelos espaciales tampoco había disminuido tanto, quiénes se encargaban de planificarlos optaron por tomar grandes cerebros universitarios y prepararlos física y mentalmente para las expediciones.

Así, por ejemplo, como la experiencia les demostró que los vuelos eran más fiables si los pilotos eran capaces de guiarse por las estrellas, los norteamericanos crearon un simulador de una cápsula espacial en el planetario de Morehead (Carolina del Norte) para adiestrar a sus astronautas en los secretos de la Astronomía.

No obstante, algo que por entonces no se podía simular era la falta de gravedad. Pero, en estos casos, siempre queda la imaginación: Durante el entrenamiento de los tripulantes del Mercury, se ensayó con vuelos parabólicos que permitían casi un minuto de caída libre y, cuando se preparaba a la del Apollo, se instaló un sistema de cables y poleas sobre un plano inclinado que simulaba la gravedad de la Luna.

Sin embargo, el entrenamiento más fiable -y, a la vez, más inhumano- para afrontar la falta de gravedad era, sin duda, el que se les proporcionaba en el Laboratorio de Flotabilidad Neutra del Centro Espacial Johnson de la NASA, en Texas, una gigantesca piscina –en ella cabe una imitación de un transbordador espacial- en la que los futuros astronautas eran sumergidos con el traje y unas pesas añadidas para acostumbrarlos a aquella situación.

Claro que casi todo esto es pasado ya que, con la llegada de la Informática, casi todo el entrenamiento se hace hoy en día mediante realidad virtual, incluso el encaminado a saber realizar las tareas más complicadas, como los paseos espaciales. Aunque la verdad es que éstos, actualmente, casi siempre son hechos por robots.

De hecho, según comenta Piers Sellers, astronauta de la NASA, «el entrenamiento y las tareas han cambiado mucho desde que se hizo el primer vuelo. En lugar de pilotar una cápsula orbitando la Tierra, hoy tenemos un sistema de naves espaciales muy, muy complejo». Y añade: «incluso el rol del piloto cambió radicalmente con el advenimiento de los transbordadores. Estas naves se comportan como un cohete en pleno lanzamiento, como una cápsula espacial en órbita y como un planeador muy sofisticado en el momento del aterrizaje».

Foto de la cápsula del Apollo 11

Cápsula del Apollo 11 expuesta en un museo

Ello significa, según su opinión, que el trabajo del piloto se ha complicado mucho y, por ello, los entrenamientos han de tener, por fuerza, un mayor componente teórico que antes.

Pero no sólo se trata de preparar a los astronautas para el viaje. También debe tenerse en cuenta sus condiciones al regresar. Según Suni Williams, la mujer que más tiempo ha estado en el espacio, «cuando te estás preparando para volar, probablemente estés en la mejor condición física de tu vida pero el regreso es otra historia. Cuando te encuentras en el espacio, la densidad de tus huesos y tu masa muscular se va reduciendo porque no la necesitas».

Ello significa que, tras mucho tiempo en ingravidez, deben entrenarse para retornar a la Tierra y afrontar su gravedad. Por ello, en la Estación Espacial Internacional cuentan con simuladores que someten a sus huéspedes a esta fuerza para que estén en las debidas condiciones a su retorno.

En suma, aunque las cosas han mejorado mucho, el entrenamiento de los astronautas sigue siendo durísimo. Incluso hay cosas que no han cambiado, como la ‘centrifugadora gigante’, que los columpia desde el extremo de un extenso brazo para imitar la fuerza gravitacional durante el despegue.

Fuente: BBC Mundo.

Fotos: Transbordador espacial: YoTuT en Flickr | Casco y guantes antiguos: Cliff 1066 en Fotopedia | Cápsula del Apollo 11: Cliff 1066 en Fotopedia.

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