La Luna tuvo agua

Las viejas rocas de la Luna, traídas a la Tierra hace más de 30 años por la docena de astronautas del programa Apolo que pisaron el suelo lunar, se conservan, como tesoros que son, para la ciencia. Muchos análisis se hicieron cuando llegaron, y otros se han hecho desde entonces, pero afortunadamente aquellas muestras se conservan perfectamente protegidas porque, gracias al avance de las técnicas de análisis, ahora se saca de ella información inaccesible hace tres décadas. Es lo que ha sucedido con unos pequeños cristales de roca basáltica lunar: al analizarlos con un nuevo equipo de espectrometría, unos científicos han descubierto en ellos una pequeñísima cantidad de agua, tan mínima, que era indetectable con los espectrómetros antiguos.

¿De dónde viene ese rastro de agua en un cuerpo seco como la Luna? Los geólogos, que presentan hoy el hallazgo en la revista Nature, afirman que procede del interior de la Luna y que emergió en erupciones volcánicas hace más de 3.000 millones de años. Esto pone en entredicho una de las hipótesis con más partidarios acerca del origen de la Luna: la de su formación a partir de los fragmentos generados en un colosal choque de un cuerpo del tamaño de Marte contra la Tierra, hace 4.500 millones de años. Pero en un acontecimiento tan violento se habrían volatizado los elementos ligeros, como el hidrógeno.

Las esférulas cristalinas, analizadas por Alberto E. Saal (Universidad Brown, EE UU) y sus colegas, fueron recogidas por los astronautas de las misiones Apolo 11, 15 y 17, y miden entre 0,1 y 0,4 milímetros de diámetro. Unas son verdes -ricas en magnesio- y otras naranja -ricas en titanio-. Los análisis realizados con un espectrómetro desarrollado por Cameca Instruments, en Francia, han mostrado que contienen agua (46 partes por millón, ppm).

Las rocas y muestras lunares -un total de 382 kilos trajeron los astronautas de seis misiones Apolo entre 1969 y 1972- están en su inmensa mayoría guardadas en unas cajas de seguridad especiales en el Centro Espacial Houston de la NASA. Están protegidas frente a huracanes y tornados, y selladas para evitar cualquier contaminación. Sólo bajo condiciones especiales y muy justificadas se presta una cantidad minúscula de roca lunar a algún equipo científico para hacer nuevos estudios.

Una pequeña parte de la colección de la NASA está depositada en una base aérea de Tejas por motivos de seguridad, y algunas piedrecitas de menos de un gramo fueron regaladas a museos o como obsequios de Estado. Una mínima muestra fue robada en 2002.

También los soviéticos trajeron un poco de Luna con sus naves automáticas. En total, tres robots de la serie Luna trajeron 326 gramos de muestras en 1970.

Fuente: El País

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