El origen del universo

Decubre con nosotros, en Aprendergratis, algunos datos sobre el origen del universo. ¿Sabes qué es el efecto Dopple? En Aprender gratis te lo explicamos lo mejor que sabemos.

No se ha dilucidado aún el motivo ni la causa merced a los cuales tuvo lugar aquella enorme explosión conocida como «big bang«, y que dio lugar al nacimiento del universo. Un cúmulo de materia y energía que hace más de diez mil millones de años comenzó a expandirse para, así, formar las diversas galaxias y su estructura, una de las cuales, la «Vía Láctea» (formada hace aproximadamente 4.600 millones de años), constituye nuestro hogar en el cosmos inmenso.

Imagen de la Vía Lactea

Imagen de la Vía Lactea

La gravedad y la rotación hicieron posible la diversidad de estructuras, hasta el punto de que nuestro actual macrocosmos se encuentra pleno de cúmulos de galaxias, saturado por miles de millones de ellas. La vastedad del universo, por tanto, sólo se puede intuir o imaginar, pero nunca abarcar; incluso cada vez se produce un incremento -por así decirlo- del espacio, pues, y esto tanto desde el punto de vista intensivo -microcosmos- como desde una óptica extensiva -macrocosmos-, las teorías actuales acerca del universo y su expansión así lo corroboran.

La transformación y dinamicidad, desplegadas por las galaxias conllevan en sí mismas una expansión y un cambio; por las leyes físicas de la termodinámica -parte de la Física que se ocupa de todo lo relacionado con el calor («termos», en griego, igual a «calor»)- y, en especial, por la conocida ley de entropía (para simplificar se puede decir que afirma cómo las cosas tienden al desorden y al frío), sabemos del continuo ensanchamiento del universo, de su proceso, acaso irrefragable, hacia el desorden y el frío; precisamente la estrella que proporciona luz a nuestra galaxia, es decir, el Sol, disminuirá con el correr del tiempo, tal vez dentro de cinco mil millones de años, su volumen, su temperatura descenderá sensiblemente, al tiempo que perderá luminosidad e incrementará su densidad; el Sol se derrumbará sobre sí mismo, trastocándose en una estrella de neutrones con una gran masa o en una estrella de insignificante volumen, en una «enana blanca».



Por otro lado, merced a la ebullición constante que en el cosmos realizan los «quasars» parece quedar neutralizado el deterioro y la finitud del universo ya que aquéllos despliegan cantidades ingentes de energía por medio de explosiones de nuevas galaxias. Estos «quasars» representarían el lado expansivo, ancho y ajeno, por así decirlo, del universo; mientras que en el extremo opuesto se hallarían las componentes más simples, hasta el momento, del mundo material y físico, a saber, los «leptones» y los «quuarks»; aquéllos informan el macrocosmos, éstos conforman el microcosmos, pero ambos configuran el universo-mundo y, tal vez, sus latidos, pues, y en esto coinciden los astrónomos de las distintas escuelas (tanto de la «instrumentalista», basada en las teorías platónicas acerca de la prioridad de la matemática en astronomía, como de la «realista» que prefiere los argumentos aristotélicos a la hora de acuñar una descripción no formalista del cosmos), las galaxias se mueven y se separan cada vez más, en una sucesión vertiginosa, casi semejante a la velocidad de la luz, de tal modo que se establece una proporcionalidad entre sus distancias y sus velocidades. Los «quasars», por ejemplo, se hallan tan distanciados de nuestra Vía Láctea que se aparecen con el aspecto que correspondería a una galaxia joven formada hace muchos millones de años.

Si a todo lo anterior le añadimos la aparición y el hallazgo de los llamados «agujeros negros«, acaso debidos a tumultuosos choques y colisiones sin número, parece posible aventurar que tanto en el macrocosmos como en el microcosmos se produce el conocido efecto «spin» que capacita a los componentes últimos (tomando indistintamente este aserto desde la perspectiva que venimos manejando, es decir, desde el punto de vista de la comprensión y de la extensión al mismo tiempo) de la materia física a ejercitar, sobre un imaginario axil, cierto movimiento rotatorio cuyo significado final aún no ha podido desvelarse. Materia (?) que nace, por lo demás, a partir de una aglomeración de gas y polvo, de helio e hidrógeno.

Varios observatorios astronómicos han fotografiado choques de galaxias y saben de su duración en el tiempo, millones de años pueden transcurrir desde su inicio hasta su acabamiento. Prestigiosos estudios astronómicos muestran argumentos suficientes acerca de lo incompleto de nuestro saber sobre la propia galaxia en la que nos asentamos, es decir, sobre la Vía Láctea, la cual se encuentra dentro del «cúmulo local» de la constelación de Virgo; una fuerza gravitatoria desplegada por ésta atrae hacia su centro a la Vía Láctea. Las preguntas sin respuesta y los misterios sin desvelar persisten aún, la tesis del «big bang» se halla, no obstante, avalada por experimentos científicos verdaderamente consistentes, entre otros por el llamado efecto Doppler, suficientemente comprobado también con ocasión del eclipse de la estrella Epsilón del Auriga. No obstante, la disimilitud de los resultados producidos por la explosión aludida plantean todavía cuestiones hasta ahora irresolubles. De aquí que cobren cuerpo las ancestrales profecías, la anticipación utópica, el mito y todo tipo de fenómenos externos al innatismo de los seres humanos y su mundo.

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