¿Qué son las técnicas retóricas del discurso?

Para realizar un buen discurso nada mejor que utilizar las herramientas que Aristóteles describió y hasta el día de hoy se siguen utilizando.

Aristóteles sentó las bases de la retórica.

El filósofo griego Aristóteles discrimina distintas etapas que intervienen en el proceso de enunciación de un discurso. Afirma que la retórica, entendida como el arte de crear textos que nos acerquen a una verdad, produce textos que ponen en funcionamiento algunas operaciones técnicas que resultan identificables. Estas operaciones actúan como “receta” para la elaboración de un discurso efectivo, y son cinco:

  • Inventio: establecimiento de las pruebas, razones o argumentos. Se busca qué es lo que se quiere o puede decir para intentar convencer al otro o a los otros.
  • Dispositio: la ubicación de los elementos identificados en la inventio en función de un orden que, se supone, va a conducir a la convicción de los receptores del discurso. Es aquí donde Aristóteles centra su atención, distinguiendo que todo discurso posee tres estructuras básicas:
    • Narratio, cuya función es preparar el campo para las argumentaciones. Se utiliza la descripción y el relato de lugares que resulten simples de aceptar, así como las premisas básicas sobre las que se apoyará la confirmatio.
    • Confirmatio, son las demostraciones, las pruebas que se presentan como argumentos para persuadir/convencer al auditorio.
    • Perorata, o epílogo, es el final del discurso, sirve para generar el impulso final para que el auditorio apoye la postura sostenida, busca emocionar y sensibilizar en función a lo que se ha sostenido; según Aristóteles debería lograr disponer al oyente a aceptar lo que se ha argumentado, amplificar o atenuar su comprensión de los argumentos, exaltar las pasiones del oyente y traer nuevamente a la memoria algunos elementos que, a causa del tiempo transcurrido, pueden haberse olvidado.

  • Elocutio: aquello que se escribió y/o pensó se convierte en un texto oral, se verbaliza para ver su sonido y armonía lingüística. Es aquí donde se introducen los tropos (adornos) y las figuras retóricas que se utilizarán a fin de conseguir el efecto deseado.
  • Actio: así como en la elocutio se convierte lo escrito en un acto lingüístico, en la actio se incorporan aquellos elementos que no provienen del campo de las palabras, pero que no por ello dejan de tener potencia significativa. Se trabaja aquí con la “puesta en escena” del discurso, si se dará de pie o sentado, a quien se dirigirán las miradas, el tono de voz, en qué momento emocionarse o enojarse o reírse, cuando gritar, cuando susurrar, cuando acelerar el ritmo y cuando introducir pausas. Como su nombre lo sugiere, se “actúa” el discurso.
  • Memoria: en realidad se trata de un paso que en la actualidad se ha dejado de lado, pero es importante tener en cuenta que en los tiempos de Aristóteles no estaban disponibles tecnologías tan básicas como los modernos teleprompters o pantallas que acompañen al orador en su presentación. Algunos oradores dan la apariencia de estar improvisando sus discursos, en realidad lo que hacen es memorizar algunas estructuras básicas y mantener en la memoria los “rellenos” de dichas estructuras, a fin de que no se genere la situación de leer o de que se note que están hablando sobre un texto memorizado.

Fotografía: marfis75

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