¿Qué es Hysterical literature?

De la mano del fotógrafo Clayton Cubiit ha llegado a la red el vídeo Hysterical literature que explora la forma en la que el placer femenino puede no ser pornográfico.

En la red se ha convertido en un vídeo absolutamente viral un documento titulado Hysterical literature, que recoge la grabación de cómo un total de nueve mujeres se sientan en una mesa mientras leen un libro delante de la cámara. La particularidad se encuentra en que mientras están leyendo hay algo más que está ocurriendo y que el espectador no puede visualizar: se las está estimulando con un vibrador.

Este experimento cultural, totalmente diferente a lo que podríamos imaginar, ha dado la vuelta al mundo y ha protagonizado titulares en periódicos de todos los países. Es obra de Clayton Cubiit, un conocido fotógrafo que dice estar interesado en conseguir llevar a cabo una reivindicación con el objetivo de que el placer sexual pueda estar considerado algo cultural sin necesidad de tener connotaciones pornográficas explícitas.

El resultado habla por sí solo a lo largo de los más de 6 minutos de duración del vídeo en el cual se van combinando distintas escenas de las protagonistas.

Lo que comienza ser una lectura calmada y tranquila empieza a ser una sesión de lectura más complicada, con suspiros y caras de circunstancias de por medio. Vemos cómo las mujeres del vídeo pierden la compostura sin salirse de su papel serio y cultural y en general del tono del vídeo. Alguna suelta el libro y se agarra a la mesa, son distintas manifestaciones de cómo el placer sexual está haciendo acto de presencia en ellas debido a la acción del vibrador.

El vídeo ya es viral y ha sido reproducido en una cantidad superior a 30 millones de ocasiones. Tiene todo lo que hace falta para convertirse en un gran éxito en la red y en una buena manifestación de acercamiento a la sexualidad femenina desde un punto de vista cultural. La intención del fotógrafo es recaudar y hacer caja, para lo cual se redirige a la web del vídeo, donde es posible hacer distintas cosas. Por ejemplo, ver los vídeos de cada una de las mujeres de manera independiente, habiendo dado para ello todas su permiso de antemano. Y también se pueden comprar materiales visuales de la grabación, como apoyo a la campaña iniciada por el fotógrafo responsable.

El experimento todavía no ha despertado la polémica y parece que la idea ha sentado bien, en general, incluso los amantes de la cultura vista desde un punto más conservador. En definitiva, en la parte superior de la noticia podéis ver el vídeo.

Vía: YouTube

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