¿Quién fue Enrique San Francisco?

Ha fallecido el actor y humorista Enrique San Francisco, un referente de la comedia y también un veterano actor de gran experiencia.

Se ha ido uno de los cómicos más carismáticos de España. Enrique San Francisco era ese tío carismático que te hacía reír porque decía verdades como puños. A otros monologuistas es difícil creerles o conectar con ellos, porque cuando hablan de las miserias mundanas sabes que, en realidad, sus vidas son más cómodas de lo que están intentando hacernos creer. Pero con San Francisco eso no pasaba. Le veías y sabías que eso era muy real y que ahí había un tipo que las pasaba canutas.

Eso era lo que hacía que sus monólogos te hicieran reír de verdad: le creías. Conectabas, en especial en esos momentos tan terribles por los que pasamos todos en algún momento de la vida y en los que intentamos que el humor nos eche una mano. Esas veces, cuando estabas tan delicado, destrozado y medio-acabado, veías a San Francisco reírse de su miseria y seguir echándole narices a la vida, y te venías un poco arriba.

Sus vídeos que circulan por YouTube, muchos de televisión y algunos también de grabaciones en vivo, demuestran con exactitud qué se vivía al presenciar en vivo uno de sus monólogos. Personalmente tuve la ocasión de hacerlo, hará 20 años, y de ver muy de cerca uno de esos momentos tan típicos de San Francisco en los que no te iba a enseñar nada, sino a relucir las obviedades del día a día que te hacen pensar “hay que fastidiarse”.

Él y su cerveza eran socios sobre el escenario. San Francisco contaba sus chistes y anécdotas y pedía al público un segundito para darle un trago a la cerveza. Si se le acababa, no tardaba en pedir otra. Llegabas a esperar que las cervezas le entraran en la paga y que no tuviera que abonarlas, porque se le quedaría el cheque bastante dañado noche tras noche. Le daba un traguito, miraba al escenario, daba las gracias y, a veces, soltaba ese comentario tan típico de “joe, qué buena está”.

En esos momentos, el cómico era el hombre más feliz del mundo. Tenía al público escuchándole y, además, podía beber cerveza. En algunas ocasiones comentaba que había una serie de cosas que le hacían feliz sin necesidad de nada más. Una de ellas era la cerveza y otra el poder actuar ante el público. Lo bueno es que tuvo muchas ocasiones para disfrutar de ambas, y siempre con un público entregado que le aplaudía y que esperaba cada nueva broma o anécdota con ganas.

Enrique San Francisco tuvo una vida difícil (por decirlo de una forma fina). En el spot de televisión en el que le vemos llegando al cielo, ideal para imaginar qué ha hecho después de fallecer, le pregunta a San Pedro si Dios estaba muy atento a su vida en los años 80. La cara que pone San Francisco es de “madre mía, pues qué mal”, a la vista de lo turbulenta que fue esa época para él.

Las drogas le dejaron con muchos problemas y su salud se vio muy afectada. Debido a la adicción perdió a Rosario Flores, que había sido durante cuatro años su pareja. De esos cuatro años, tal y como el propio cómico relataba, dos habían sido fantásticos, y otros dos terribles. Él mismo fue quien le pidió que le dejara, porque se había convertido en otra persona debido al consumo de las drogas. También, en esos tiempos, perdió a su amigo Antonio Flores víctima de las drogas, con quien posiblemente ya se haya reencontrado.

El cómico, conocido por sus monólogos en los últimos tiempos, fue un actor brillante, un representante del cine quinqui, el cual dominaba y en el que encajaba a la perfección porque ese mundo formaba parte de su naturaleza. Eso le llevó a protagonizar películas como Navajeros, Colegas o El pico, todas en los años 80, esa década que habría preferido ocultar a Dios, porque con el dinero que tenía, la juventud y la turbulencia de la década, era obvio que algo no acabaría bien.

Su amigo Antonio falleció en 1995, poco después de la muerte de su madre, la inolvidable Lola Flores. Eso fue demasiado para él y también afectó de forma notable al propio San Francisco, quien, no obstante, logró salir adelante. San Francisco siempre tuvo el apoyo de su madre, Enriqueta Cobo (Ketty Ariel), actriz que le recomendó que abandonase la legión y que comenzara a estudiar interpretación. Eso le cambió la vida. También fue quien le ayudó a dejar las drogas y quien le guió a lo largo de la vida, sobre todo hasta su adolescencia, ya que no fue hasta entonces cuando conoció a su padre biológico.

Al actor le gustaba la libertad, las cosas terrenales, su perro, disfrutar de la vida y no tener ataduras. Nunca se casó, pero llegó a tener varias relaciones, la última con una madre soltera con la que estuvo los últimos 19 años. A su paso deja amigos, grandes amigos, siendo una de esas pocas personas de la que nadie tiene malas palabras. Solo palabras sinceras. Porque Enrique San Francisco era consciente de sus defectos, de sus errores, de los fracasos y meteduras de pata que llevaba en la maleta, pero aún así, seguía hacia adelante.

Muchas personas también le recordarán por lo cercano que era. Los madrileños, sobre todo en la parte de Chamberí, le veían de manera habitual y era el típico famoso que no tenía problema en invitarse a unas rondas. Quizá por ello nunca llegó a tener ahorros, ni posesiones, ni nada de valor físico y tangible. Pero no parece que nada de eso fuera demasiado importante para él a la vista de cómo vivía.

Siempre mantuvo un perfil bajo en lo personal, no metió a su pareja en ningún tipo de compromiso por ser famoso y lo cierto es que hasta el fallecimiento ni siquiera se había sabido que estaba con una persona desde hace 19 años. Solo sus amigos cercanos lo sabían. Todo ello le hacía un poco más grande.

Para quienes no lo conocierais, lo que os podemos recomendar es que veáis alguno de los monólogos que circulan por la red. En YouTube tenéis disponibles montones de ellos, unos más cortos y otros más largos. En ellos no hay trampa ni cartón: el actor y cómico siempre se mostraba transparente. Después de ser atropellado y ver cómo su salud se veía muy mermada, continuó actuando por mucho que tuviera que hascerlo en silla de ruedas. Eso no le impedía, por supuesto, continuar con su copa de cerveza. ¿Por qué cambiar unos hábitos que le hacían feliz?

Quien se lo ha llevado no ha sido el virus, pero sí es verdad que vivió sus últimos meses en una situación en la que a nadie le hubiera gustado firmar el final de sus vidas. Poco antes de fallecer comentaba desde el hospital lo nervioso y enfadado que estaba por no poder salir, por no poder ver a sus amigos y agradecer a todo el mundo que estuvieran pendientes de él y que se rieran con sus trabajos y monólogos.

Una neumonía bilateral severa se lo ha llevado. Tenía 65 años. Llevaba dos meses en la UCI. Los teatros no le volverán a ver sobre el escenario, al menos no aquí, porque seguro que en otro lugar le espera una copa de cerveza.

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