¿Qué candidatos se presentan a la Presidencia de Filipinas 2022?

Ya se han presentado todos los candidatos que intentarán hacerse con el puesto de nuevo presidente de Filipinas.

A menudo se olvida que Filipinas fue una colonia española. Aunque el cine se ha ocupado de recordarlo a través de películas como Los últimos de Filipinas, lo cierto es que es parte de la historia del Imperio español en tiempos de expansión y conquista. Cada vez hay más ciudadanos filipinos viviendo en España, por lo que seguro que más de uno nos está leyendo en busca de información sobre la situación en la que se encuentra su país de cara a las elecciones del próximo año 2022.

Para resumir, Filipinas tiene un toque de sabor español. Su idioma está plagado de palabras españolas y, afinando mucho el oído, es posible meterse en sus conversaciones (os sorprenderíais todas las palabras españolas que usan). Muchas de las tradiciones del país se conservan del tiempo en el cual los españoles conquistaron su tierra, la cual bautizaron como Filipinas en honor al rey Felipe II. Sus propios ciudadanos, como ocurre en países de América Latina, usan apellidos españoles.

Ellos, en gran medida, no saben el motivo. El imperio británico acabó conquistando la región e incorporando el inglés como idioma obligatorio. Pero sus gentes, mantuvieron su sangre española. ¿El motivo? En aquellos tiempos, el imperio británico impedía a sus soldados que tuvieran relaciones y formaran familias con los nativos, algo totalmente opuesto a España, que prefería asentarse y vivir en esos nuevos territorios que conquistaba.

De ahí que Filipinas sea un lugar tan español y que haya tantos puntos en común entre nuestras sociedades o comparaciones entre lugares como México y Filipinas. Dicho esto, como curiosidad y admiración por el pueblo filipino, lo que queremos hacer es hablar sobre la polémica carrera presidencial que se ha iniciado hacia el cambio presencial que se producirá en el próximo año 2022.

Filipinas es, en la actualidad, un absoluto descontrol. Rodrigo Duterte ha llevado al país a la extrema pobreza, tarea complicada teniendo en cuenta que Filipinas siempre ha sufrido de ello. Sus decisiones, su forma de manipular presupuestos y contratos, su particular lucha contra las drogas y la batalla que ha vivido contra el pueblo, han dejado el país sufriendo.

La ley de la nación impide que un presidente sea reelegido y que esté más de un periodo en el cargo. Eso significa que, antes o después, llegará el cambio. Entre los ciudadanos, en las redes sociales, se habla acerca de cómo el pueblo filipino podría haberse levantado en armas contra Duterte tal y como hicieron, en el pasado, contra la ley marcial impuesta por Ferdinand Marcos, antiguo presidente y dictador del país. Pero, la pandemia no ayudó.

A Duterte le salió redondo el plan y tuvo tiempo de hacer todo lo que se le pasó por la cabeza. El coronavirus mantuvo a los ciudadanos encerrados, intentando sobrevivir, sin trabajo, sin comida, sin ayudas del gobierno, con las fronteras de las ciudades cerradas. Bajo ese tipo de circunstancia, era imposible organizar ningún tipo de manifestación, sobre todo sabiendo que Duterte ya había dicho que había libertad para disparar a matar (en el contexto de la lucha contra las drogas, en teoría).

Uno de los candidatos, anunciado en los últimos días, es Marcos Jr., el hijo del mismísimo dictador que hemos mencionado en este mismo artículo. Los filipinos se sorprendieron, hace unos días, justo en el 49 aniversario del momento en el que su padre impuso la ley marcial, al recibir una notificación en sus teléfonos. En ella anunciaba su candidatura a la presidencia. Los ciudadanos, por supuesto, se sorprendieron al ver cómo, ya de buenas a primeras, se aprovechó e invadió la privacidad de los ciudadanos, quienes no habían pedido recibir ningún tipo de información relacionada.

La reacción del pueblo fue contundente, al menos en las redes sociales. Si Duterte es malo, solo con imaginar a otro Marcos en la presidencia, hay quienes tiemblan de miedo. La candidatura de Marcos al puesto, desató un efecto mariposo del que se venía hablando desde poco antes: la entrada en el circo de la presidencia de un político bien conocido, el alcalde de Manila, la capital.

Francisco Domagoso, el alcalde de Manila, estaba esperando a ver qué hacía Marcos. Si se presentaba, él entraría en la refriega con la intención de evitar, por todos los medios posibles, que otro Marcos ocupara el puesto de líder de Filipinas. Su perfil es, indudablemente, mejor que las alternativas mencionadas. Domagoso, aunque fue actor antes de político, en películas que serían el equivalente a las de Pajares y Esteso de España, lo cierto es que tiene una imagen más limpia y conveniente para un puesto como este.

Los valores que transmite están más dentro de la norma de lo correcto y, al menos, en su cargo como alcalde está realizando un buen trabajo. Se trata de una apuesta muy sólida. Se trata, además, de un populismo distinto al de Duterte, lo que implicaría que el país podría continuar con una línea continuista, pero quitándose de encima todo lo que ha estropeado Filipinas en los últimos años. En contra de Domagoso juega su poca experiencia, ya que se convirtió en alcalde de Manila en 2019, por lo que no se puede decir que haya tenido precisamente tiempo para ganar experiencia.

Otro de los candidatos es el antiguo boxeador Manny Pacquiao, muy conocido por el pueblo, porque viene de orígenes humildes y eso le ha ayudado a conectar con los votantes. No obstante, el ciudadano de Filipinas no le toma en serio. No tiene experiencia política ni se cree que el país pueda mantenerse a flote en sus manos, en especial con todos los problemas abiertos que va a dejar el actual presidente. A su favor tiene que se ha manifestado contra algunos factores que el pueblo filipino detesta, como la manera en la que Duterte está introduciendo a China en su nación, dándole cada vez más control sobre la misma.

Además, el boxeador es católico hasta la médula, algo que rivaliza radicalmente con Duterte, que en algunas ocasiones ha atacado verbalmente a los curas y sacerdotes del país. Sabiendo que Filipinas es un país católico hasta los cimientos (sello del paso de los españoles por allí), no hay ninguna duda de que eso seguro que le da algunos votos. Pero posiblemente los que ganará por eso, los perderá por la oposición del boxeador a la cultura LGBTQ y a temas polémicos como el aborto.

La vicepresidenta actual del gobierno, Leni Robredo, también tiene muchas oportunidades. Se presenta después de haber hecho un buen papel en su actual puesto y de haber demostrado que se podía oponer a Duterte, aunque por lo general su oposición resultaba anecdótica. En su trayectoria, la política ha hecho grandes cosas, como trabajar a favor de la igualdad de género o de los derechos de las mujeres. También dio muestras de estar muy preparada para la lucha contra las drogas, aunque Duterte la bloqueó de este trabajo cuando vio que Robredo estaba contactando con agencias internacionales de apoyo.

No hay que olvidar que a Duterte le obsesiona tener el control de todo lo que ocurre en la nación y que siempre intenta que Filipinas permanezca lo más hermética posible. Por ello, cuando Robredo empezó a colaborar con esas agencias, el presidente la destituyó del cargo que le había dado para luchar contra las drogas.

Por último, también hay quienes opinan que Duterte moverá hilos y hará algo inesperado para poder continuar con el control del país antes de que acabe su presidencia en mayo de 2022. Todo podría ocurrir.

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