La parroquia de San Ciriaco finalmente vende su Cáliz al Museo Británico

Un tribunal eclesiástico ha dictaminado que la Iglesia de San Ciriaco puede vender un preciado Cáliz Medieval al Museo Británico.

La Iglesia de Ciriaco venderá su Cáliz

Tras tres largos años de debates, peticiones y declaraciones oficiales, un tribunal eclesiástico ha dictaminado que la Iglesia de San Ciriaco, situada en el pintoresco y hermoso pueblo de Lacock (en el condado de Wiltshire), puede vender un preciado Cáliz Medieval al Museo Británico.

Este cáliz data de principios de 1400, aunque no hay ninguna marca que identifique la fecha exacta ni al fabricante. La carencia de ornamentación religiosa indica que originalmente fue utilizado para usos profanos. La Iglesia se hizo con su poder a través de una donación (se cree de que del Sir Robert Baynard de Lackham Manor) hace cuatrocientos años, justo después de la Reforma Inglesa llevada a cabo por Enrique VIII, por lo que el cáliz nunca estuvo en peligro ante la disolución de monasterios ordenada por el rey.

La valiosa pieza fue utilizada durante siglos como un cáliz de comunión, hasta que en enero de 1963, fue cedido al Museo Británico. Desde entonces, se exhibe en la galería de Enrique VII.

Pero en 2009 llegó la noticia. La parroquia poseía un tesoro histórico valorado en dos millones de libras (unos 2,5 millones de euros), un auténtico golpe de suerte para una iglesia tan antigua. San Ciriaco necesitaba urgentemente hacer reformas, algunas de sus partes datan del siglo XI, aunque fue reconstruida casi en su totalidad en el siglo XV cuando el pueblo se convirtió en zona de mercado emergente (sobre todo en el comercio de la lana), gracias a su localización cercana al río Avon.

Las adiciones y restauraciones continuaron hasta finales del siglo XIX, pero después de la Segunda Guerra Mundial fue agregado a la lista legal de los Edificios de interés arquitectónico o histórico especial de grado I, que lo certifica como una construcción de excepcional interés nacional e histórico.

Debido a su antigüedad, la parroquia está constantemente pendiente de reparaciones, pero incluso los problemas estructurales más urgentes son nimiedades comparado con los cientos de libras necesarias para retener el agua fuera del edificio y arreglar las enormes grietas de las paredes. Cedieron el cáliz al Museo Británico porque no podrían hacerle frente a los gastos que suponen las primas del seguro por conservar la pieza en su Iglesia.

La venta del Cáliz no sólo supondría financiar las reparaciones importantes, como un techo que no goteé, sino que proporcionaría una dotación que podría generar hasta 50.000 libras al año para gastar en el mantenimiento regular y proyectos especiales de restauración.

El Consejo de la Iglesia y el consejo de parroquianos de la Iglesia de Lacock, organizaron una reunión en el pueblo para discutir los pros y los contras de la posible venta. Algunos de los habitantes se opusieron a ésta aludiendo a que la pérdida del Cáliz sería como perder un pedazo de la historia del pueblo. Otros, como el ex tesorero de la parroquia Geoffrey Fox, pensaron que una recesión es el momento preciso en el que uno quiere quedarse con su plata y con su oro en lugar de venderlo.

El debate se prolongó otros dos años, hasta que el 4 de diciembre de 2011 el Consejo Parroquial de Lacock notificó a los lugareños, que habían presentado una petición formal para vender el cáliz al Museo Británico por £ 1,3 millones (1,54 millones de euros). Los habitantes de Lacock tenían únicamente 28 días para objetar contra dicha decisión, y Fox así lo hizo. Presentó una queja formal que sólo puede ser valorada por la audiencia oficial de la diócesis de la Consistory Court.

Esta audiencia se llevó a principios de diciembre en San Ciriaco, y la presidió Canciller de la Diócesis de Bristol, el reverendo Justin Gau. Las peticiones y argumentaciones del ex tesorero fueron escuchadas durante dos días (Lunes, 03 de diciembre y el martes, 4 de diciembre) al final de los cuáles, el reverendo acabó fallando por la venta del cáliz. Declaró que los beneficios que se saquen de la venta, irían a parar a una fundación benéfica dedicada a la reparación de la iglesia.

Así lo dictaminó el reverendo Gau: «Estoy convencido de que las circunstancias únicas y excepcionales de este caso son razones suficientes para justificar la venta de la pieza”.

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