Formación universitaria: ¿inversión o derroche?

Años atrás, sin una buena formación académica en el área o ciencia de la preferencia era difícil conseguir un buen empleo y cuanto más prestigiosa era la Institución en la que se hubieran pasado los años, mejores posibilidades de inserción laboral y de alcanzar altos mandos en el corto plazo. Mejor aún si a los títulos de grados se le agregaban complementos como Masters o perfeccionamientos técnicos. Pero quizás hablamos de otros tiempos.

La pregunta que muchos jóvenes se realizan hoy, antes de encomiarse a una larga carrera universitaria llena de desafíos y con un futuro incierto debido a la impactante tasa de desempleo juvenil que no distingue a los profesionales de los que no lo son, es ¿vale la pena invertir tiempo y dinero en una educación universitaria?

Son cuatro o más años de esfuerzo y dinero con retornos inciertos, período dentro del cual tampoco se puede generar ingresos pues la educación universitaria tiene alta carga horaria si se quiere culminar rápidamente y será necesario contar con el respaldo económico de la familia. Algo que no todos los jóvenes pueden tener en los tiempos que corren.


Muchos jóvenes que se encontraban cursando estudios superiores en las universidades han optado por abandonar sus carreras quizás por la imposibilidad de afrontar los costos pero, más aún, por la desesperanza de que la culminación de dichos estudios les permita acceder con suficiente ventaja o privilegios a un puesto de trabajo.

Con una realidad laboral que indica que los empleadores valoran más la experiencia laboral que la formación profesional, los jóvenes se sienten inquietos por perder tiempo dentro de las aulas ya que, al salir de las mismas con un diploma en la mano, el mercado laboral no les dará mejor acogida, sino todo lo contrario.

En toda Europa, los jóvenes están realizando los mismos cálculos: pagar su camino a través de tres o cuatro años de educación superior de retornos inciertos, o arriesgarse a conseguir un empleo y hacer una carrera dentro de una empresa, pero sin un título.

Sin embargo de lo antedicho, contar con un título universitario todavía representa una ventaja contra el desempleo: mejores salarios y una tasa de desempleo más baja que la de los jóvenes sin titulación: Entre los 25 y 29 años de edad, los graduados en la Unión Europea, vieron crecer el desempleo del 7% al 9,2% entre 2008 y 2011, mientras que entre las personas con sólo educación básica la cifra pasó de 16,1% a 24,3%.

Fotografía:  ralph and jenny en Flickr

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