El genocidio de Ruanda, 20 años recordando el horror

Con casi un millón de muertos, la Guerra de Ruanda fue uno de los conflictos más atroces derivados de la descolonización en la segunda mitad del siglo XX. Se cumplen 20 años de aquel genocidio.

Cuando se cumplen 20 años del genocidio de Ruanda, autoridades políticas de medio mundo se han reunido en el país africano en recuerdo de las víctimas de la tragedia. El presidente ruandés, Paul Kagame, protagonizó la conmemoración al encender junto a su familia la Llama del Duelo Nacional. Durante los próximos meses este fuego se mantendrá vivo para evitar que el genocidio y la brutalidad humana caigan en el olvido. Hay que recordar que en la Guerra de Ruanda murieron 800.000 personas siendo uno de los conflictos más sanguinarios que ocurrieron a finales del siglo XX. Sin duda, Ruanda fue un claro ejemplo de lo mal que las potencias europeas gestionaron la ocupación de tierras africanas en el siglo XIX y su posterior descolonización, ya en el siglo XX.

La Guerra de Ruanda tuvo lugar en el año 1994, enfrentando a las dos etnias mayoritarias del país hutus y tutsis. Ruanda, que había sido colonia alemana durante el siglo XIX, dejó de formar parte del Imperio tras el fin de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, esto no quiere decir que consiguiera la independencia definitiva. Tras el resultado de la Primera Guerra Mundial, el Imperio Alemán, que se encontraba en el bando perdedor, se vio obligado a desprenderse de sus posesiones coloniales. En este contexto, Ruanda pasó a ser gestionada por Bélgica, y tras la Segunda Guerra Mundial, ayudada por la ONU. Fue durante el control belga cuando se acentuaron las diferencias entre las dos etnias del país. De esta manera, los tutsis, que suponían una minoría de la población, se convirtieron en el grupo dominador; mientras que por su parte, los hutus, que demográficamente constituían una mayoría, se vieron relegados a una posición subordinada.

En este conflicto se entremezclan diversos componentes de índole económica (control de recursos, sobre todo, del café), política (corrupción, golpes de Estado) y social (violencia en forma de venganza por las relaciones pasadas entre hutus y tutsis). Además, a ambas etnias las separaban su concepción de cómo se debía regir el país: si los tutsis apostaban por la monarquía, los hutus eran considerados republicanos. Con la independencia de Bélgica, la ONU exigió un referéndum para determinar quién dominaría el país. Como era evidente, el grupo más numeroso, los hutus, se impuso a los tutsis. De este modo, se daba la vuelta al tradicional domino que se había establecido en la zona. Con la subida al poder de los hutus se cometieron muchísimas atrocidades, de las cuales me voy a abstener de describir, conocidas como el genocidio de Ruanda.

Foto: Hjalmar Gislason

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