Aniversario de la matanza de Guatemala

El 31 de enero de 1980, varios campesinos indígenas ocuparon la Embajada de España de Guatemala con el fin de solicitar ayuda pues sufrían duras represiones en sus comunidades, a manos del ejército local. El resultado, una verdadera masacre y la quema de la embajada.

En la mañana del 31 de enero de 1980, un grupo de campesinos indígenas provenientes de varias aldeas de El quiché, junto a algunos estudiantes universitarios, ocuparon pacíficamente las instalaciones de la Embajada de España en la Ciudad de Guatemala. Querían que la embajada española tomara cartas en el asunto para ayudarles ante las duras represiones que sufrían en sus comunidades.

30 años de la matanza de Guatemala

El embajador español Máximo Cajal y López, tras negociar con los ocupantes y llegar a varios acuerdos, intentó en varias ocasiones comunicarse por teléfono con distintos funcionarios guatemaltecos, principalmente con el ministro de Gobernación, Donaldo Álvarez Ruiz, para solicitar el repliegue de las fuerzas policíacas que asediaban la sede diplomática.

Cuando estaba negociando todavía una salida para los ocupantes, el presidente de Guatemala, el general Romeo Lucas García, dio órdenes de desalojar la embajada no importando los medios para conseguirlo. Las autoridades de Guatemala perseguían o bien que los campesinos se entregaran sin condiciones y, negándoles las mínimas garantías para su integridad, o bien que nadie, sin excepción, saliera de la embajada con vida.

Así pues, asaltaron el edificio provocando un incendio. Murieron 37 personas salvo el embajador español y el campesino Gregorio Xujá. Sin embargo, éste último fue secuestrado y asesinado horas después de salir airoso del edificio. Máximo Cajal, un año después de la tragedia calificó el hecho de «sin precedentes« así como afirmando que

«Cuando la violencia deja de ser un tema académico; cuando sus víctimas no son seres anónimos o configuran abstractos datos estadísticos; cuando se sufre la represión en la propia carne, la serenidad se quiebra. No puedo recordar el 31 de enero de 1980 sin los mismos sentimientos de rabia y de impotencia que me dominaron a lo largo de aquellas horas. Treinta y nueve mujeres y hombres murieron porque así lo quiso el Gobierno de Guatemala. Reitero ahora cuanto entonces dije. Todos pudieron haber salido con vida si se me hubiera permitido negociar con los ocupantes».

Las consecuencias de este hecho histórico fue, además de las pérdidas humanas, la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Guatemala y España, hasta el año 1984 donde ambas naciones se comprometieron a investigar los hechos. Tras dos décadas de impunidad, en 1999, la Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, cuyo padre fue una de las víctimas del asalto, denunció a los responsables del ataque ante la Audiencia Nacional española que actualmente investiga los hechos.

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