¿Cómo mejorar nuestra velocidad de reacción física?

La velocidad de reacción física puede ser el factor que diferencia de poder superar una situación de vida o muerte.

reacción física

La velocidad de reacción es algo en lo que quizá no pensamos de una manera habitual, pero que puede ser determinante en muchos momentos de la vida. En ocasiones se puede tratar del factor condicionante que diferencie la posibilidad de superar una situación de vida o muerte, dado que nuestra velocidad de reacción nos podría impedir vernos en momentos críticos o superar momentos adversos. Además, con esta velocidad de reacción podríamos llegar a salvar no solo nuestra vida, sino también la de otras personas que se encontraran en una situación de riesgo. Por ello es importante que en la medida de lo posible siempre apliquemos técnicas que nos permitan, poco a poco, mejorar nuestra velocidad de reacción física. A continuación hablaremos de algunas de estas ideas que nos pueden ayudar a obtener unos mejores resultados en nuestras reacciones.

1. Preparados… listos… ¡ya!

Una de las formas en las que podemos mejorar nuestra velocidad de reacción física es por medio de pruebas de velocidad y carrera. Lo que nos interesa no es que vayamos rápido, sino que nuestro cuerpo reaccione rápidamente cuando nos llega la señal de que tenemos que salir a correr. Por eso un buen ejercicio es ponernos en la línea de salida y esperar a que otra persona nos vaya dando la señal de salir disparados, pero no siempre dentro de los mismos límites de tiempo ni con las mismas normas. Todo tiene que ser imprevisto para que no podamos hacer trampas, porque de esa manera estaríamos engañándonos a nosotros mismos. Con un buen reloj podemos contabilizar los segundos que tardamos en reaccionar a la señal y ver si cada vez lo hacemos con mejor resultado. Es importante que siempre intentemos mejorar, dado que por lo general siempre suele haber margen de mejora hasta que alcanzamos un límite.

2. ¡Agárralo rápido!

Otro buen ejercicio consiste en que otra persona deje caer un objeto en caída vertical y que nosotros intentemos recogerlo en el aire antes de que caiga al suelo lo antes posible. Es recomendable que sea algo fácil de agarrar y que no suponga un esfuerzo en cuanto a fuerza. Tiene que limitarse a ser un esfuerzo de velocidad de reacción, por lo que es más importante que sea ligero y que lo podamos sujetar con rapidez. Por ejemplo, no es una mala idea que se trate de un papel, una tarjeta o una revista de pequeñas dimensiones. En cada ocasión en que hagamos la recogida la caída debería comenzar en una posición y una altura, para que así el ejercicio no solo se trate de una práctica para hacer mejor algo que estamos repitiendo.

3. Los malabares de toda la vida

No nos vamos a convertir en expertos en malabares que puedan trabajar en el circo, pero entrenar con pelotas nos ayudará a que podamos tener mayor facilidad con nuestros reflejos. Podemos comenzar con una pelota y gradualmente ir aumentando el flujo de ellas para que cada vez sea un poco más complicado. En el momento en el cual ya podamos hacer malabares con dos pelotas, algo que no es complicado, tenemos que pasar al siguiente nivel, en el cual ya sí que se comienza a marcar la diferencia. Hacer malabares con tres pelotas es más difícil y en ocasiones podemos ver que para muchas personas resulta casi imposible. La cosa se complica todavía más en el momento en el cual aumentamos el flujo con cuatro pelotas. Y si aún así creemos que podemos ponernos más a prueba, lo que podemos hacer es decirle a alguien que sea quien nos lance las pelotas para que entren en el flujo de nuestro juego de una manera inesperada. Eso hará que los reflejos tengan que estar más alerta a la vista de que no sabremos por dónde vienen las pelotas o cómo introducirlas en el flujo en el que están moviéndose las demás.

hacer malabares

4. Elecciones rápidas

De la misma manera que lo anterior nos puede influir muy positivamente a la hora de superar situaciones adversas, lo que también debemos practicar es la toma de decisiones rápidas. Elegir rápidamente teniendo en cuenta el contexto y lo que está ocurriendo alrededor es parte de la velocidad de reacción. Todo lleva a lo mismo: a que seamos más capaces de reaccionar y no quedarnos bloqueados. Porque bloqueados, sin reacción, como simples cuerpos inertes, nuestras posibilidades de salir de un apuro se reducen mucho. Para trabajar en las elecciones rápidas podemos pedir a un amigo que coloque dos objetos uno al lado del otro mientras estamos de espaldas y que al darnos la vuelta tengamos que agarrar rápidamente el que encaje con la petición que nos haya hecho. Por ejemplo, antes de darnos la vuelta nuestro amigo nos dice “tienes sed”, y cuando nos giramos vemos un botellín de agua y una botella de aceite. No hay que pensar, la decisión es obvia, pero sí hay que reaccionar con velocidad.

Foto: anncamoise_theodor

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