¿Cómo aprender a nadar siendo adultos?

Si somos adultos y aún no sabemos nadar podemos aplicar estas recomendaciones que nos ayudarán en el proceso.

nadar

Aprender a nadar es algo que podemos hacer a cualquier edad, incluso cuando ya somos adultos. Es frecuente que aprendamos mientras todavía somos jóvenes, como ocurre con otras actividades como ir en bicicleta, pero no pasa nada si empezamos a aprender siendo adultos. Ya se sabe que nunca es tarde si la dicha es buena, por lo que hoy os vamos a dar algunos consejos para que podáis aprender a nadar si estáis en esa situación en la que pensáis que puede ser un poco difícil debido a vuestra edad.

1. Hay que perderle el miedo al agua

El primer muro que tenemos que derribar es el del miedo al agua, algo que muchos de nosotros tenemos bien insertado en nuestra cabeza aunque pensemos que no es así. El motivo de ello se encuentra en que hasta que no nos sintamos relajados en el agua no vamos a poder entablar una buena relación con este medio para que seamos capaces de nadar por él. Para muchas personas nadar es tan difícil como si intentaran volar: no hay manera de conseguirlo. Si intentamos volar lo que ocurrirá es que nos caeremos al suelo y lo que piensan ellos que ocurre si intentan nadar es que se hunden. Pero en realidad no se trata de algo comparable. Todos estamos capacitados para nadar de manera natural y para que nuestro cuerpo pueda flotar. Pero hay que quitarse el miedo al agua.

¿Cómo hacerlo? El secreto es pasar tiempo en el agua y no ser impacientes. Tenemos que intentar acostumbrarnos a que el agua nos envuelva y a estar dentro de ella. Al principio simplemente en la piscina en una zona donde podamos tocar el suelo con los pies. Poco a poco tendremos que ir sintiéndonos más relajados como para tener capacidad de levantar los pies y no llegar a tocar el fondo. La piscina es el mejor lugar para esto, porque por mucho que no toquemos el fondo sabemos que está ahí y nos encontramos seguros con ello. A medida que ganemos confianza con el agua estaremos más cerca de comenzar con el aprendizaje de cómo nadar. Pero no hay que correr.

2. Acostumbrarnos a aguantar la respiración

¿Habéis jugado alguna vez al típico juego de competir con los amigos para ver quién puede aguantar más la respiración? Eso es más o menos lo que tenemos que hacer en este caso. Nos tenemos que acostumbrar a estar bajo el agua y a mantener la respiración bien fuerte mientras estamos sumergidos. La mejor forma de comenzar es sumergiendo únicamente la cara para que la nariz esté tapada por el agua y nos veamos obligados a aguantar la respiración. Si hemos ganado algo de confianza podemos sumergir todo el cuerpo, pero como decíamos antes, no tenemos ninguna prisa y podemos tomarnos el tiempo o los días que necesitemos para hacerlo. La intención es que para nosotros aguantar la respiración bajo el agua sea lo mismo que hacerlo cuando estamos fuera del agua. Es bueno que conozcamos nuestros límites y que poco a poco ganemos un poco más de capacidad pulmonar para soportar más tiempo debajo del agua.

niño nadando

3. Aprender a flotar

Aún no vamos a empezar a nadar porque lo primero que tenéis que hacer es aprender a flotar. El problema de comenzar de adultos es que nos limitamos a nosotros mismos y no “aprendemos jugando” como lo hacemos cuando somos niños. Porque de niños es frecuente que juguemos en el agua a “hacernos el muerto”, que consiste en dejar el cuerpo en reposo sobre el agua y tratar de mantenernos a flote todo el tiempo que podamos sin movernos. Es un ejercicio de equilibrio y balance muy beneficioso cuando intentamos aprender a nadar y eso es justo lo que vamos a hacer ahora. Tenemos que estirar las piernas y los brazos y tratar de mantenernos a flote sin movernos. Lo más posible es que al principio nos hundamos y que poco a poco veamos que podemos mantenernos más a flote sin ayuda o sin terminar moviendo las piernas y los brazos. También es recomendamos que la cabeza la podamos levantar para respirar y que no tengamos que hacer dos cosas a la vez respirando también bajo el agua. Si queremos podemos empezar a tratar de flotar boca arriba en vez de bocabajo para que así el proceso sea un poco más sencillo. O le podemos pedir ayuda a un amigo para que nos dé soporte en todo lo que pueda.

4. Movimientos básicos

Lo siguiente es comenzar a practicar cómo movernos en el agua. Tenemos que ser conscientes de cómo reacciona nuestro propio cuerpo en este entorno y de que por extraño que nos parezca responde a nuestras necesidades y a los movimientos que realizamos desde nuestro cerebro. Para ello, con las piernas hagamos un movimiento de tijera y sintamos la resistencia del agua a medida que las movamos. Y los brazos movámoslos hacia adelante y hacia atrás con un movimiento horizontal. No importa si movemos mucho el agua si estamos en una zona de la piscina donde no haya mucha gente, además será evidente que estaremos practicando y a nadie le importará.

5. Primero movamos las piernas

Las tablillas que se usan en natación tienen una importancia enorme: nos permiten olvidarnos de los brazos hasta que hayamos dominado las piernas. El movimiento que vais a practicar con las piernas es similar al que hacemos para caminar, pero en el agua, algo parecido a un pataleo, pero de una manera suave que nos permita desplazarnos. No hay que dar golpes rígidos contra el agua ni tampoco mantener nuestras piernas en una posición en la que no se muevan ni un centímetro de la rectitud. En realidad podemos doblar un poco las rodillas y veremos que el movimiento elegante y suave de todo ello hará que nos movamos y desplacemos mejor. También podemos practicar el movimiento de piernas más abiertas a modo de rana que os permitirá un desplazamiento muy eficiente en algunos momentos cuando estéis nadando, sobre todo con la intención de impulsaros.

nadar

6. Y es el turno de los brazos

No necesitáis comenzar a nadar para practicar el movimiento de brazos más clásico de cómo nadar, que es el que nos lleva a estirar los brazos en ángulo hacia adelante de una manera simultánea. Cuando realicemos el primer movimiento hacia adelante deberemos llevar los brazos hacia atrás en retirada, realizar un movimiento de círculo y volver a dar otro impulso hacia adelante que nos permita continuar con el ejercicio. Pero no tenéis que nadar inicialmente para practicarlo, podéis quedaros quietos en el agua y practicar el movimiento en distintas series hasta que lo hayáis dominado o estéis más familiarizados con él. Lo que ocurre con la natación es que es una actividad que requiere esfuerzo físico, por lo que quizá al principio este movimiento de brazos os parezca demasiado agotador. Por este motivo hay que probar y practicar con calma.

7. Probar otros estilos

¿Ya le habéis cogido el gusto a la forma de nadar más clásica? En ese caso podéis probar otros estilos de natación que os permitan seguir explorando posibilidades. Sabemos que la técnica sencilla suele ser la que nos aporta un mayor equilibrio, pero vuestra propia experiencia os llevará a saber si otro método os resulta más cómodo o eficiente.

Foto: SurvivorDanaTentisFree-Photos

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