Red Adair o como controlar incendios en pozos petrolíferos

El control y sofocación de un incendio petrolífero puede ser una tarea bastante relativa. Dependiendo del tipo de incendio y de las características del pozo, su control y extinción puede llevar de 30 segundos a 6 meses.
A finales de 1961, se declaró un enorme incendio en un pozo del Sahara argelino. Era tan descomunal que el astronauta John Glenn lo diviso en febrero de 1962 desde su capsula espacial. Era visible desde 160 kilómetros a la redonda. Una llama que ondulaba al son del rápido y caprichoso viento del Sahara, elevaba esta hasta los casi 140 metros.

En 1991, con motivo de la retirada de las tropas iraquíes de Kuwait, Saddam Hussein ordenó incendiar los pozos de petróleo kuwaitíes en represalia por una antigua disputa acerca de la perforación que estos últimos realizaban a gran profundidad (lo que se denomina técnicamente como “sifón”).

Lo cierto es que investigaciones posteriores determinaron que esta despreciable táctica no fue exclusiva del dictador sino que la Coalición atacó e incendió deliberadamente instalaciones y pozos iraquíes. Para apagar los pozos kuwaitíes, uno de los hechos de la guerra que mas repercusión tuvo, se contrato a algunos de los mejores bomberos del mundo en éste área. Uno de estos bomberos era una leyenda viviente, Red Adair.

El control y sofocación de un incendio petrolífero puede ser una tarea bastante relativa. Dependiendo del tipo de incendio y de las características del pozo, su control y extinción puede llevar de 30 segundos a 6 meses.

A finales de 1961, se declaró un enorme incendio en un pozo del Sahara argelino. Era tan descomunal que el astronauta John Glenn lo diviso en febrero de 1962 desde su capsula espacial. Era visible desde 160 kilómetros a la redonda. Una llama que ondulaba al son del rápido y caprichoso viento del Sahara, elevaba esta hasta los casi 140 metros.



El se había iniciado con la rotura de una tubería de 33 centímetros por la que escapaba gas a una velocidad superior a la del sonido aunque no se convirtió en el “Encededor del diablo” hasta que en un intento por cerrar la fuga bombeando lodo al interior, se produjo una violenta explosión que lo prendió. La chispa que incendió el escape de gas fue producida probablemente por la electricidad estática generada por la arena en movimiento.

Los franceses, propietarios del pozo por entonces, llamaron al estadounidense Red Adair, el mejor especialista del mundo en control de pozos de petróleo. Adair que había dedicado 24 de sus 47 años a esta tarea advirtió que de no controlarse el incendió, este podría arder durante un siglo.

Para poder “matar” el incendio, según la jerga petrolera, debía privar al incendio oxigeno haciendo explotar una gran carga cerca de la enorme flama. Se tardó cinco meses en reunir todo el equipo necesario y llevarlo al lugar del incendio. Para abril de 1962, todo estaba listo para proceder a sofocar el incendio. La zona había pasado de tener 30 empleados a más de 500, entre los que se incluían ayudantes y observadores llegados de todo el mundo.

La detonación de la carga era un paso peligroso que exigía mucha habilidad. Para trabajar con mayor seguridad el equipo de Adair perforó un pozo para obtener agua y utilizar esta para arrojarla sobre la llama. La carga fue ubicada en un tractor de orugas, concretamente en el extremo del brazo de la grua al que se le había forrado previamente con aluminio y asbesto.

Relleno el tambor que iría situado en él con 250 kilos de dinamita y cuando estuvo preparado el mecanismo de detonación, Adair y un ayudante subieron al tractor y lo dirigieron hacia la llama. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, Adair se encargo de dirigir finalmente el tractor saltando en el último momento mientras su ayudante le hacia indicaciones y cuando el brazo de la grúa se situó sobre la llama, se hizo detonar la carga. La llama y el rugido continuo que esta desprendida fue finalmente acallada. El único ruido que ahora se escuchaba era el gas que aún escapaba y que era necesario cerrar, otra tarea igual de ardua.

Esta última fase del trabajo se realizó utilizando un bloque de acero de 8 toneladas y 3 metros de altura, un artilugio llamado cabezal de control. Un día después de apagar el Encendedor del Diablo, cuando también fueron extinguidos una serie de incendios cercanos a la fuga principal y también después de comprobarse que la tubería estuviera intacta, se procedió a tapar la fuga.

Durante dos días, Adair y sus ayudantes, trabajaron envueltos en una nueva de gas que podía inflamarse de nuevo y quemarlos a todos. Para evitar en la medida de lo posible esto, las mangueras continuaban regando toda la zona alrededor del pozo para evitar las chispas. Finalmente, la fuga quedo controlada, apagándose así el mayor incendio petrolero de la historia.

El Encendedor del Diablo fue el caso mas extremo de incendio de un pozo de petroleo que se haya producido. Los trabajos para sofocar accidentes derivados de la explotación de pozos de petroleo y gas, constituyen uno de los trabajos mas peligrosos en el ámbito del extracción de combustibles fósiles. Cada incendio producido en un pozo, posee unas características muy especificas que lo hace casi único. De esta forma, cada forma de proceder suele ser muy exclusiva aunque se utilicen técnicas para la extinción que son siempre muy similares.

Una de estas, quizás las que mas se ha utilizado, es la que permitió apagar el «Encendedor del Diablo». Una carga explosiva se hace explotar cerca de la llama para privarla de oxigeno con el pueda continuar quemando el combustible.

Sin embargo, para poder llevar adelante esta maniobra, antes es necesario realizar muchos ajustes y comprobaciones previas sobre la forma de contener el escape posterior. Por ejemplo, antes de recurrir a la explosión de cargas, se puede intentar cerrar la salida de combustible utilizando las válvulas de las tuberías, aunque en pocas ocasiones es posible acceder a estas por su ubicación, por el calor o porque han quedado inservibles.

La extracción de los combustibles fósiles se viene efectuando desde hace casi dos siglos y de los innumerables accidentes, producto en muchas ocasiones de la inexperiencia o de la falta de medios técnicos de calidad, se ha aprendido mucho. Sin embargo, con todo lo aprendido, siempre pueden surgir nuevos accidentes ya sea producto de un fallo humano o de un fallo técnico.

En otras circunstancias nos podemos encontrar en el peor de los lugares posibles para contener un incendio de un pozo de petróleo, una plataforma petrolífera en medio del océano. El peor de los lugares posibles para un incendio petrolero, se inicio el 6 de julio de 1988 en la plataforma Piper Alpha del Mar del Norte. En un accidente que acabó con la vida de 167 trabajadores tras producirse dos grandes explosiones, Pipper Alpha se había convertido en un incendio que Red Adair tardaría sólo 36 días en extinguir.

Una vez rescatados el resto de trabajadores, Red Adair utilizó el buque para apagar incendios Tharos. Había sido diseñado por el propio Adair y poseía todas las herramientas y recursos necesarios para tratar de extinguir el incendio. Gracias a los cañones de agua que enviaban millones de litros sobre el incendio, este y los incendios secundarios se apagaron.

Sin embargo faltaba cerrar la salida del petroleo. Para ello y una vez enfriada la cubierta, se bombeo cemento en cada uno de los pozos con el objetivo de sellarlos de forma permanente. Adair y su equipo consiguieron controlar y sellar en pocos días la peor catástrofe petrolera en términos de vidas humanas perdidas.

Pero para catástrofe petrolera, la ocurrida en las arenas del desierto kuwaiti e iraquí. Tras retirada iraquí quedaron incendiados mas de 100 pozos de petroleo. Adair fue de nuevo llamado para hacerse cargo del desastre y contra todo pronóstico (algunos expertos afirmaban que los pozos arderían durante tres o cinco años), termino el trabajo 9 meses después.

Adair continuo hasta los 80 años dedicando a su trabajo, un trabajo que le llevo a sofocar mas de 2000 incendios, desarrollando una nueva técnica para apagarlos consistente en utilizar explosivos, barro y cemento.

Murió en agosto de 2004 a los 89 años de edad y con el buen humor que siempre llevó consigo, confesó que había hecho un pacto con el Diablo por el cual “cuando vaya con él me pondrá una sala con aire acondicionado, con tal de que no le apague todos los fuegos…”.

FUENTE: Maravillas de la ciencia. Selecciones Reader’s Digest

FUENTES GRAFICAS: Flickr, Wikipedia

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