¿Qué teorías conspiratorias existen sobre la vacuna del coronavirus?

Hay muchos rumores y mitos que llevan a pensar que la vacuna de la COVID-19 podría no ser buena idea, pero no dejan de ser nada más allá de mitos.

Estamos a las puertas de que comience el periodo de vacunación y vemos con claridad que es cuestión de tiempo que la sociedad se haya blindado ante la pandemia. Esto es algo digno de celebración y que debería llenarnos de energía para saber que, finalmente, podremos salir adelante sin tener que perder más vidas. Pero, aún así, hay muchas personas que se agarran a teorías conspiratorias relacionadas con la vacuna que han venido a ocupar el lugar de las teorías conspiratorias que con anterioridad se mencionaban sobre el origen del virus. ¿Hacemos un repaso por algunas de estas teorías para ver de qué se habla y qué es lo que preocupa a los ciudadanos?

1. Las vacunas han llegado demasiado pronto

Esto es lo primero que se comenta acerca de las vacunas. ¿Cómo puede ser que un proceso tan laborioso como el de desarrollar una vacuna se haya resuelto en tan poco tiempo? Porque estamos aburridos de leer comentarios de expertos en la materia que argumentan que es imposible que esto ocurra tan rápidamente. Pero a la hora de la verdad, y hablando desde la ignorancia médica, nos planteamos, ¿Cuánto de verdad hay en estos argumentos? Porque está claro que no nos encontramos en una situación normal.

El coronavirus no es como otras enfermedades que han necesitado vacuna. Esto no deja de extenderse y de llegar a cada vez más personas. La pandemia es terrible y aterradora. Cada día hay más infectados y, lo peor, más muertes. Por ello es posible que las empresas farmacéuticas se hayan puesto a trabajar a fondo para conseguir que la vacuna estuviera mucho antes de lo normal. Se cree, por otro lado, que en otras ocasiones las empresas no aceleran tanto con la vacuna porque, en realidad, las vacunas no les proporcionan tantos beneficios como se podría imaginar. Sin mencionar que los países han metido prisa a las empresas farmacéuticas y, al mismo tiempo, les han proporcionado un amplio volumen de apoyo.

La cuestión es que algunas de estas vacunas han conseguido terminarse en un plazo menor y, en vez de alegrarse, hay personas que utilizan esa velocidad de trabajo como argumento para cargar contra ellas. Y el problema es que, como dicen los expertos, hasta que un gran porcentaje de los habitantes se haya puesto la vacuna no comenzarán a reducirse las cifras de una forma significativa. Todas esas personas que creen que hay algo más detrás de la vacuna podrían impedir que el proceso de lucha contra el virus alcance un buen nivel con rapidez.

2. Las vacunas cambian tu ADN

De ninguna de las maneras. Este es uno de esos pensamientos locos que se han extendido y que no tienen ni pies ni cabeza. ¿Cómo van a cambiar nuestro ADN? ¿en qué pensamos que nos quieren transformar? Lo cierto es que las vacunas no tienen ningún tipo de ADN, sino que incluyen un ARN que se ocupa de proporcionar a nuestro cuerpo la información necesaria para poder enfrentarse al coronavirus. Es decir, lo que estamos inyectando son unas instrucciones que el organismo leerá y que luego desechará sin que dentro de nuestro cuerpo haya quedado nada de nada. Eso es lo curioso e interesante de esta vacuna, más exactamente las que han desarrollado Moderna y Pfizer.

A diferencia de otras vacunas, en las que el objetivo es inyectar una versión ligera del virus para que el organismo luche contra ella, lo que hacen estas vacunas es preparar a nuestro cuerpo para que, cuando se infecte, pueda enfrentarse a la infección sin ningún obstáculo.

3. Las vacunas incluyen un chip de seguimiento

La mayor parte de amantes de las conspiraciones ponen el punto de mira sobre Bill Gates, el famoso emprender y experto en tecnología de Microsoft. Se dice que su plan malvado para controlar al mundo consiste en introducir chips microscópicos dentro de las vacunas que se ocupen de hacer un seguimiento a las personas y de averiguar todo tipo de información sobre ellas. Pero posiblemente haya mejores formas de llegar a saber más sobre el consumidor que ponerle unas cookies dentro de su organismo. Por supuesto, no creemos que sea posible este tipo de maniobra a la vista de cómo estas vacunas se van a usar en el mundo entero.

4. La vacuna es peligrosa

No lo es. Los efectos secundarios que se han detectado en los periodos de prueba son realmente limitados y están muy aislados, de manera que no habría que preocuparse de absolutamente nada. Las estadísticas sobre el coronavirus son claras. Un 1% de quienes se infectan mueren. Entre un 20 y un 30% se hospitalizan. Y un 30% tiene síntomas a largo plazo, algunos de ellos absolutamente terribles tal y como se puede leer en comentarios de usuarios en redes sociales donde cuentan lo que les está pasando a sus cuerpos. Ante esos riesgos, ¿cómo podemos pensar que la vacuna es peligrosa o incluso más peligrosa que el propio virus?

5. Los alérgicos no pueden vacunarse

Para las personas alérgicas las vacunas suelen ser un dolor de cabeza. El motivo de ello es que en sus preparaciones se tienden a utilizar ingredientes como huevo, que es frecuente que interactúe de una manera negativa con el organismo. Pero la vacuna de la COVID-19 no utiliza huevo ni otros componentes habituales que activan reacciones alérgicas. Sí que es verdad que puede ocurrir que se produzca una reacción, algo que recientemente ha ocurrido y ha dado la vuelta al mundo por un incidente en Reino Unido.

Pero los especialistas indican que las únicas personas alérgicas que no deberían ponerse la vacuna son aquellas que tienen reacción alérgica a alguno de los ingredientes de la inyección. Para los demás alérgicos no hay ningún tipo de peligro, sobre todo porque esta vacuna tampoco tiene ningún tipo de conservantes, ingredientes que también pueden producir reacciones alérgicas.

6. El coronavirus es menos importante que la gripe

Este es, sin duda, el argumento estrella de quienes van en contra de la disponibilidad de la vacuna. Se argumenta que cada año fallecen más personas debido a la gripe común, pero lo que están haciendo con esta comparación es, sin duda, sacar de contexto el problema que supone el coronavirus. La principal diferencia entre la gripe y el coronavirus es la forma en la que se extienden los contagios, saltando entre personas de forma exagerada y sin ningún tipo de control.

Por otro lado, también hay que tener en cuenta la gravedad de los efectos secundarios que podemos llegar a sufrir debido a la infección del coronavirus. Si bien la gripe, en cuanto la pasamos, termina sin dejar rastro, con la COVID-19 podemos llegar a sufrir secuelas que nos persigan durante meses. No es algo que ocurra en todos los casos, no existiendo una regla que indique cuáles van a ser los efectos que podríamos sufrir después de infectarnos. En algunos de los testimonios que hemos leído hay muchas personas jóvenes que hablan de secuelas semanas o incluso meses después de haber sufrido el virus, al nivel de tener problemas para respirar o caminar de nuevo.

Por todo ello deberíamos tener en cuenta que la llegada de las vacunas va a ser algo que ayude a que la sociedad pueda dejar atrás el gran problema que está resultando el coronavirus. El actor Ian McKellen, que interpretó a Gandalf en el cine, ha sido uno de los primeros en ponerse la vacuna, ya que sabe que a sus 81 años es una de las personas de riesgo.

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