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¿Qué son las pesadillas y los terrores nocturnos?

A lo largo de nuestra vida, en más de una ocasión nos podemos levantar sobresaltados o recordar un sueño que para nada ha sido agradable. Experimentar este tipo de situaciones es común entre las personas, pero en muchas ocasiones estas pesadillas pueden volverse aún más acusadas y el miedo se puede apoderar de nosotros. En este caso estaríamos ante una experiencia de terror nocturno que, aunque pueda tener similitudes con las pesadillas, presentan algunas diferencias en cuanto a la situación que podemos vivir durante el sueño, el tiempo que dura o nuestras reacciones. Por tanto, podemos decir a ciencia cierta que pesadilla y terror nocturno no es lo mismo, así que si estás interesado en el tema te invitamos a que conozcas en profundidad en qué consiste cada uno de estos estados.

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¿Qué sabemos de las pesadillas?

En algunos momentos en los que estamos dormidos podemos soñar una situación realmente desagradable en la que podemos pasar bastante miedo. Por ejemplo, ver un asesinato en primer plano, tener un accidente o incluso caerse por un barranco. Quizás no lo hayas experimentado, pero te aseguramos que hay muchas personas que tienen este tipo de sueños. En este caso sería un mal sueño, ya que nos provoca miedo, ansiedad y nos suele despertar de nuestro descanso.

En el caso de que te encontrarás en una situación como esta estarías sufriendo una pesadilla. Las pesadillas suelen ser sueños aterradores, pero ese miedo se infunde de manera progresiva. Es decir, cuando tenemos una pesadilla lo habitual es que comience siendo un sueño normal y, poco a poco, entren en acción otros agentes que conviertan ese sueño en una situación de la que queremos despertar rápidamente.

Las pesadillas, por norma general, ocurren en la etapa del sueño conocida como fase REM. Según la Asociación Estadounidense del Sueño (ASA), las pesadillas son comunes en esta etapa, donde aunque estamos dormidos, nuestro cerebro sigue estando bastante activo. Lo habitual es que esta fase REM se presente en la segunda mitad del sueño, es decir en la segunda mitad de la noche. Hay muchos factores que pueden provocar una pesadilla durante nuestras horas de descanso. Sin ir más lejos, uno de los principales es comer grandes cantidades justo antes de la hora de dormirse. Al hacer esto, nuestro metabolismo tendrá que seguir funcionando aunque estemos en un estado de sueño, lo que puede provocar pesadillas muy desagradables. También es frecuente que ocurran pesadillas en personas que toman medicamentos antidepresivos, aquellas que suelen estar muy estresadas o las que tienen falta o trastornos del sueño.

Las pesadillas son comunes, de hecho entre el 35 y el 45% de la población las sufren al menos una vez al mes, incluso hasta un 6% puede llegar a tener pesadillas de forma semanal. Son más frecuentes en personas adultas, principalmente mujeres, sobre todo si están embarazadas.

Terror nocturno… ¿qué es?

A diferencia de las pesadillas, sufrir episodios de terror nocturno puede ser mucho más grave, entre otras cosas porque estos momentos ocurren en la primera mitad de la noche, es decir en las etapas 3 y 4 del sueño que se conocen como de sueño profundo. Es la fase no REM donde nuestro cerebro no está activo, por lo que entramos en una etapa donde el sueño se apodera de nosotros totalmente.

El terror nocturno no se da de forma progresiva como las pesadillas. En este caso podemos encontrarnos profundamente dormidos sin que nada nos perturbe y de repente vivir un episodio terrorífico que nos hará gritar de miedo, hay veces que incluso podemos levantarnos de la cama sin darnos cuenta y volvernos hasta violentos. El terror nocturno no se recuerda tras despertarse, de hecho la mayoría de personas que experimentan un episodio de este tipo ni siquiera sabe que lo ha tenido. Sin embargo, las pesadillas sí suelen recordarse o al menos algunos detalles. La Asociación Estadounidense del Sueño asegura que este terror nocturno se produce porque en esta etapa del sueño se combinan ondas cerebrales muy lentas con otras mucho más rápidas, lo que provoca una situación de estas características.

El terror nocturno no es tan habitual como las pesadillas, aunque hay que decir que alrededor del 10% de la población puede sufrirlo a lo largo de su vida. Es mucho más frecuente en niños (40% aproximadamente), que suelen superar estos episodios una vez llegados a la adolescencia. Hay muchos factores que pueden provocar terror nocturno, como la fiebre, el estrés, la apnea del sueño o el consumo de alcohol entre otros, aunque es cierto que la mayoría de personas que sufren de terror nocturno son propensas a tener cuadros de ansiedad de forma diaria.

¿Cómo combatimos estas situaciones?

Las pesadillas son mucho más fáciles de combatir que los episodios de terror nocturno. Un buen método para evitar tener pesadillas es hacer uso del ensayo por imágenes. Este consiste en escribir durante el día la pesadilla que hemos tenido en la noche, añadiendo los detalles que nos acordemos y, en el momento que lleguemos al final, cambiarlo por uno que sea feliz y que no nos dé miedo. El truco está en leer esta historia varias veces al día y, cuando llegue la hora de acostarse, es probable que nuestra pesadilla haya cambiado.

Respecto al terror nocturno, hay que decir que es más complicado de tratar. Lo ideal es que hagamos un seguimiento de los momentos de la noche en que sufrimos este episodio, para lo cual tendremos que pedir ayuda a un acompañante. Tras varios días haciéndolo nos pondremos una alarma en el momento preciso en el cual solemos sufrir estos episodios. Así nos despertaremos y será mucho más fácil que ese episodio desaparezca.

Diferencias importantes

Teniendo en cuenta todo lo que hemos comentado es fácil apreciar las diferencias que existen entre cada uno de estos problemas que nos llevan a no dormir de la manera más conveniente. Si creemos que alguno de estos factores se dan de forma demasiado habitual en nuestras noches, será recomendable que consultemos con un especialista para poder ponerle solución y que con un poco de control podamos encontrarnos en un estado de salud más conveniente.

Nunca hay que olvidar que dormir bien es una de las cosas que todo el mundo debería intentar hacer. En realidad no es tan importante dormir más o menos horas, sino asegurarnos de que las que dormimos las dormimos en condiciones y sin sobresaltos. Hay personas que a lo largo de su vida pueden dormir seis horas al día y no sufrir ningún tipo de problema, pero asegurándose siempre de que estas horas se descansan con solidez y que no nos despertamos de forma sobresaltada debido a una pesadilla o a un terror nocturno.

También recomendamos que nos fijemos bien en el comportamiento nocturno de nuestros familiares si creemos que están sufriendo alguno de estos problemas. En especial hay que tener cuidado con los niños para descubrir si tienen algún problema en sus procesos de descanso con la intención de solucionarlos lo antes posible para que no terminen pasándoles factura. Es conveniente que entre todos nos esforcemos para acabar con los terrores nocturnos y las pesadillas que pueden llegar a reducir de forma considerable el estado de salud en el que nos encontremos a lo largo del día.

Foto: jplenioFree-Photoscocoparisienne

Categorías: Salud y Medicina
Etiquetas: salud