¿Qué momento del día es mejor para darse una ducha?

¿Qué momento del día es más recomendable para que nos demos una ducha? ¿deberíamos elegir la mañana o la noche?

Todos nos duchamos, pero normalmente las personas se dividen en dos grupos dependiendo de si la ducha la toman por la mañana o por la noche. Es como si te gusta la pizza con piña o sin piña, la Coca-Cola o la Pepsi, el café o el té. Y como en la mayor parte de estos casos de divisiones, no hay realmente una verdad absoluta que nos lleve hacia un lado u otro, al menos aparentemente.

Con la ducha ocurre lo mismo. En realidad no hay un momento del día que sea mejor para darnos una ducha. Cada momento tiene sus aspectos positivos y un enfoque determinado. Al final termina siendo tan válido que nos demos la ducha por la noche que lo hagamos por la mañana. Lo que cambia son los beneficios que vamos a obtener de la ducha y la forma en la que esta nos va a permitir afrontar las siguientes horas.

En cualquier momento es recomendable, aunque siempre teniendo en cuenta la recomendación de ducharnos una vez al día, dado que hacerlo de forma más habitual puede llegar a ser perjudicial para nuestra piel.

Ducharnos por la mañana tiene varias utilidades. La primera de ellas es que nos ayuda a quitarnos la modorra de una manera muy eficaz. Son muchas las personas que se despiertan y minutos después ya están en la ducha, llegando a ella casi de forma automática antes de despejarse del todo. Lo que hace el agua, especialmente si está un poco fresca, es ayudar a despertarnos, a que todos nuestros sentidos se pongan en alerta, a quitarnos las legañas y a activar las células y la circulación.

Si tenemos la costumbre de lavarnos la cara con agua fría cuando nos despertamos es porque se trata de una práctica arraigada en el pasado que nos proporciona beneficios, especialmente a nuestra salud. Elevar esta lavada de cara a la ducha sigue la misma filosofía y también es muy beneficioso. Por otro lado, dicen distintos estudios y expertos, que darnos una ducha por la mañana nos ayuda a despertar nuestra creatividad y también nos proporciona una dosis de relajación interna. Sin olvidar que, cualquier sudor de la noche, desaparecerá.

Por su lado, la ducha nocturna tiene un objetivo bien distinto, que no es otro que ayudarnos a relajarnos y dormir mejor. Al darnos una ducha acompañamos a nuestro cuerpo en el proceso de que reduzca varios grados su temperatura, lo cual relacionamos con el momento en el que nos vamos a dormir. La ducha nos relaja y nos ayuda a estar en ese estado de calma ideal para dormir.

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