¿Qué es la EPO?

La EPO es una hormona que produce glóbulos rojos, lo que mantiene nuestra capacidad de transportar oxígeno. El incremento del transporte de oxígeno hace que sea uno de los productos dopantes más utilizados en los últimos 25 años.

Lance Armsrong ha sido el último deportista en admitir haber utilizado EPO.

Cada cierto tiempo nos encontramos con que algún deportista ha dado positivo por EPO. Lance Armstrong y su confesión de dopaje han sido el último caso que ha aparecido en los medios de comunicación, aunque seguro que no será el último. Desde mediados de la década de 1980 esta hormona se ha utilizado como producto dopante, gracias a la imposibilidad de detectarla durante muchos años pese a que se prohibió a partir de 1990. Vamos a intentar conocer un poco mejor de que hablamos cuando lo hacemos de EPO.

Antes que nada, hay que explicar que “EPO” es la abreviatura de Eritropoyetina, una hormona glucoproteica que tiene como función principal producir glóbulos rojos en la sangre, por lo que es la responsable de mantener nuestra capacidad de transporte de oxígeno. Es una sustancia natural, y en el campo de la medicina se utiliza para tratar casos extremos de anemia, grandes pérdidas de sangre o la disminución de la concentración de oxígeno en sangre.

Precisamente el aumento del oxígeno en sangre es lo que llevó a la EPO en convertirse en uno de los productos dopantes más utilizados -sino el que más- en sus tiempos de esplendor. Cuando nuestros músculos, en pleno esfuerzo, dejan de recibir el oxígeno necesario para producir energía, la producen sintetizando ácido láctico, lo que nos produce una sensación de fatiga y dolor. Al aumentar el número de glóbulos rojos, y por tanto la cantidad de oxígeno que se transporta, lo que hace la EPO es retrasar o incluso evitar estas sensaciones de fatiga y dolor.

Una de las principales consecuencias del aumento de glóbulos rojos es que la sangre se vuelve más espesa, y el corazón tiene que hacer un esfuerzo mayor para bombearla, ya que fluye de forma más lenta. A ello hay que sumarle el ritmo cardiaco más lento y la baja presión sanguínea de los deportistas de resistencia y la posibilidad de que la sangre se espese todavía más al hacer ejercicio a altas temperaturas cuando el cuerpo se ha deshidratado.

Todo esto ayuda a la formación de trombos, que en última instancia pueden derivar en muerte súbita, infartos, derrames cerebrales o paros cardiacos. De hecho, la prohibición del uso de EPO entre deportistas en 1990 surgió tras el fallecimiento de 16 ciclistas holandeses por paros cardiacos entre 1987 y 1990, unas muertes que se relacionaron directamente con el consumo de esta sustancia. Existen otras formas de incrementar el nivel de glóbulos rojos como el entrenamiento en altura o el uso de cámaras hipebáricas, que simulan las condiciones de la altitud, pero seguro que tarde o temprano vuelven a surgir nuevos casos de deportistas que intentan hacer trampa utilizando EPO.

Foto: PoweriPics

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