Prevenir la obesidad a través de alimentos transgénicos

Según algunos científicos americanos de reconocido prestigio, la modificación genética de alimentos puede ser la respuesta para evitar ciertos problemas de salud como la obesidad.

Según algunos científicos americanos de reconocido prestigio, la modificación genética de alimentos puede ser la respuesta para evitar ciertos problemas de salud como la obesidad.

Existen alimentos, como la naranja “de sangre”, mucho menos popular que la naranja común, que contienen elementos que reducen la grasa. Tomar un vaso de zumo de este tipo de naranja junto a un suculento desayuno podría reducir la ingesta de grasa y disminuir el riesgo de obesidad.

Las naranjas transgénicas podrían ser muy buenas para la salud

El principal problema es que estas naranjas son menos demandadas por los consumidores que las naranjas comunes, por ello algunos científicos están intentando modificarlas genéticamente para incorporar estos elementos tan beneficiosos.

Esto no es el único proyecto, existen diversas investigaciones en la actualidad dirigidas a mejorar nuestra salud mediante la modificación genética de cultivos agrícolas, como incorporar genes de algas para obtener grasas de pescado vitales en nuestra dieta, o variar semillas genéticamente para obtener más zinc en nuestro entorno y erradicar esta posible deficiencia del cuerpo humano.

Parece ser que estos posibles avances tendrán buena aceptación entre el nuevo público y lograrán con ello mejorar la alimentación mediante la utilización de cultivos transgénicos. Las investigaciones continúan, sin embargo, implantar estos cultivos en Europa supone miles de dificultades, la más destacada, su financiación.

Hace relativamente poco, se realizó un estudio inédito con personas de todas las edades en la que tomaban un copioso desayuno y el zumo de tres naranjas de sangre. Así se demostró una menor acumulación de grasas debido a ciertas sustancias que se encuentran abundantemente en esta fruta. Estos resultados fueron tratados con precaución y no han sido totalmente contrastados en el ser humano. Los experimentos, en cambio, efectuados con ratones sí parecen obtener conclusiones positivas.

Uno de los problemas mundiales, sin duda es el exceso en la pesca. La ingesta de aceites Omega derivados del pescado es fundamental para prevenir enfermedades cardiovasculares y cerebrales. Durante una década se ha trabajado para introducir genes de algas en cultivos terrestres y obtener aceite que contendría los mismos ácidos de fácil absorción para nuestro organismo. El cultivo de algas para consumo humano no prosperará debido a la gran cantidad de agua y espacio que se necesitaría pero si estos genes pudieran ser reproducidos en algunos cultivos, se podría imitar este proceso y conseguir que el ácido Omega3 fuera comestible a gran escala.

Otra carencia absoluta es la deficiencia del zinc en nuestro organismo. Esta puede causar retraso mental y a menor escala perjudica el sistema inmunológico, reduciendo la resistencia a enfermedades corrientes como la neumonía o la diarrea. La Organización Mundial de la Salud estima que un tercio de la población mundial sufre alguna carencia de zinc, lo que provoca 800.000 muertes al año. Si mutamos los genes a ciertas semillas podrían absorber más zinc de la tierra y ser más asimilables por el organismo humano.

En definitiva, estos estudios abren nuevas vías para mejorar nuestra dieta y evitar carencias nutricionales en áreas claves de grandes beneficios para la salud.

Imagen: Public Domain

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