Menisco: una dolencia muy frecuente

Entre las lesiones más habituales entre quiénes practican deporte, ya sean profesionales o simples aficionados, se encuentra la rotura de menisco. Se denominan meniscos a los cartílagos que amortiguan el trabajo de la rodilla y que, al ejecutar un movimiento brusco de ésta, pueden quebrarse. Aquí explicamos sus síntomas y tratamiento.

Entre los problemas que padecen los deportistas, tanto profesionales como aficionados, uno de los más habituales es la lesión de menisco, que en los casos más graves, puede requerir cirugía, concretamente la denominada artroscopia de rodilla, operación que consiste en realizar pequeños cortes en la misma para, a través de ellos, reparar o extirpar la parte dañada. Tras ella, se deberá seguir un periodo de recuperación que puede durar bastante tiempo si se trata de una lesión compleja.

Los meniscos son cartílagos de fibra en forma de media luna que se hallan entre el final del fémur (hueso del muslo) y el principio de la tibia (hueso de la pantorrilla). Se encuentran, por tanto, en la rodilla y, coloquialmente, podría decirse que son sus amortiguadores. Su función es, por tanto, facilitar y hacer más suaves los movimientos de esta articulación. Y hablamos en plural porque cada rodilla posee dos meniscos: uno en su parte interna o menisco medial y otro en la externa o lateral.

Foto de una radiografía de las rodillas

Una radiografía de las articulaciones de las rodillas

Cuando se produce una flexión o torcedura brusca de la articulación de la rodilla, puede producirse una rotura de menisco. Además de un ruido seco al ocurrir la lesión, otros síntomas característicos son los siguientes: dolor de la articulación al caminar que aumenta al presionar la zona, cierre de la articulación, dificultad para ponerse en cuclillas, sensación de pellizco en la rodilla o hinchazón de ésta. Para diagnosticar la lesión el especialista  recurrirá a las llamadas prueba de McMurray o prueba de compresión de Apley.

Ambas consisten en diferentes movimientos con la rodilla pero también se puede utilizar radiografías o resonancia magnética. Respecto al tratamiento, éste depende de la gravedad y también de la actividad que desarrolle el paciente, pues no es lo mismo un deportista profesional que uno aficionado o que practique ocasionalmente deporte. En casos normales, la terapia va encaminada a conseguir que los síntomas se reduzcan y que la articulación esté protegida mientras se recupera con objeto de evitar daños mayores.

Se recomienda aplicar hielo a la zona y, en algunos casos, fármacos anti-inflamatorios no esteroides. Con objeto de evitar peso sobre la rodilla y movimientos bruscos de ésta, puede aplicársele un dispositivo ortopédico y recomendarse el uso de muletas. No obstante –como decíamos- en caso de lesiones más agudas, suele recomendarse la mencionada cirugía, especialmente en profesionales del deporte y también en pacientes jóvenes, ya que éstos tienen más posibilidades de padecer problemas posteriores en caso de que no se realice.

Fuente: Medline Plus.

Foto: Minnaert.

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