La longevidad: una cuestión de nutrición

El ser humano podría vivir 130 años si solo dependiera de sus genes. Una cifra increíble, pero al parecer cierta, o eso es lo que afirman los últimos estudios sobre el genoma humano.

El ser humano podría vivir 130 años si solo dependiera de sus genes. Una cifra increíble, pero al parecer cierta, o eso es lo que afirman los últimos estudios sobre el genoma humano. Sin embargo, ser tan longevo no es algo normal, de hecho, es una verdadera proeza llegar siquiera a rozar el siglo de vida.

La alimentación incide directamente en nuestros genes

¿Si venimos programados por qué la media de vida no alcanza esta cifra?
La respuesta parece estar en los factores medioambientales, y en concreto, en nuestra alimentación. Tanto el medioambiente como la nutrición de nuestro cuerpo son elementos de desgaste de nuestra salud y, con ello, de nuestra durabilidad.

De la relación entre nuestros alimentos y los genes se ocupa la nutrigenómica, una disciplina relativamente reciente, que ha evolucionado en los últimos años y que ya se presenta como una de las grandes áreas de investigación relacionadas con el desarrollo de ciertas enfermedades, y con la degeneración celular.

Cuatro profesores del Institut de Recerca Biomédica de Lérida, David de Lorenzo, Manuel Portero-Otín, José Serrano y Reinald Pamplona, han plasmado en ‘Nutrigenómica y nutrigenética: hacia la nutrición personalizada’ como la nutrición se convierte en la piedra angular del desarrollo biológico del hombre y cómo se interrelaciona con nuestros genes, pudiendo desencadenar ciertas enfermedades.

El estudio de este equipo de científicos coquetea con la utopía que sería que todos los humanos ingiriesen la cantidad de alimentos necesarios para lograr alcanzar toda la longevidad inscrita en sus genes. Es más, el equipo, afirma que nuestra dieta es desencadénate, en muchas ocasiones, de ciertas enfermedades de tipo cardiovascular, así como gran parte de cánceres. “Se sabe que si se comen más verduras hay menos opciones de padecer cáncer”, indica el equipo en la presentación de este libro.

Otros alimentos, como el ajo, son buenos para evitar el cáncer colorrectal; el curry para el cáncer de colon o el brócoli para evitar el cáncer de mama. Y estos son solo algunos ejemplos de la incidencia de la nutrición en nuestro organismo. La nutrigenómica aún no ha alcanzado su madurez, pero en las próximas décadas podríamos conseguir dietas personalizadas, que nos ayudarían a alcanzar nuestro verdadero potencial.

Parte de un fenómeno ya iniciado.
Que cada vez vivimos más años y que ello se debe en gran medida a nuestra nutrición es un hecho empírico. Desde que el hombre descubrió el fuego y empezó a cocinar la comida, se inició este fenómeno. El genoma humano no ha cambiado prácticamente desde la aparición de los primeros homo-sapiens, y su corta esperanza de vida en aquellos días residía en la calidad de los alimentos que ingerían.

Cuando mayor ha sido la calidad y diversidad de nuestra nutrición, mayor ha sido el desarrollo de nuestros antepasados. Sin embargo, este proceso no ha sido lineal. Las distintas sociedades humanas han pasado por épocas de esplendor y gran abundancia, donde se han consumido dietas con gran diversidad de nutrientes, pero también ha habido épocas de guerra y postguerra marcadas por la hambruna y la falta de alimento.

Un libro para la reflexión.
Hoy en día, sin embargo, al menos en los países desarrollados, tales limitaciones han dejado de existir, y no obstante, seguimos desaprovechando esta posibilidad, ingiriendo “dietas basura” que indicen de forma negativa en nuestra salud. Esperemos que, libros como ‘Nutrigenómica y nutrigenética: hacia la nutrición personalizada’, nos hagan replantearnos el modo en que nos alimentamos. Después de todo, somos lo que comemos.

Imagen: Marsela en Arte y Fotografía

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