El Síndrome de Diógenes

En esta entrada conocemos lo que es el Síndrome de Diógenes, un padecimiento que no es infrecuente entre los ancianos

A veces uno ve escenas en las noticias que parecen sacadas de una novela de ficción. Los ojos no dan crédito a lo que se está viendo y la mente trata de encontrar inútiles explicaciones. Una de estas escenas la vi en un noticiero hace algunos meses atrás y me interesé en el tema. La nota informativa consignaba el caso de una anciana que vivía sola, en estado de total abandono. Quizá esto no tenga nada de extraño en el indolente mundo actual pero lo curiosos era que la señora en cuestión, había acumulado sistemáticamente y a lo largo de años -calculo- un número indeterminado de bolsas negras que no contenían otra cosa que basura en su interior.

En efecto, todo tipo de desperdicios rellenaban estas bolsas que a su vez se apilaban una sobre otra alrededor de toda la habitación que ocupaba la mujer. Apenas había un pequeño espacio donde se encontraba la cama de la mujer, sucia y destendida con una serie de harapos que la rodeaban. El periodista narraba que el olor era bastante fuerte en la habitación, producto de las condiciones antihigiénicas del lugar. Finalmente me enteré de que el cuadro correspondía a una persona que padecía el llamado Síndrome de Diógenes, enfermedad de reciente descripción y cuya precisa determinación no se hace tan fácil, toda vez que se puede confundir con algunos casos de demencia e incluso de mero coleccionismo porque no sólo recolectan basura estas personas sino que pueden llegar a acumular toda clase de objetos francamente inservibles.

Imagen tomada de Flickr por enneagon

Esta enfermedad fue bautizada así en “honor” al filósofo griego del siglo IV anterior a la era cristiana y fundador de la corriente cínica. Diógenes de Sínope se caracterizó por presentar un desprecio hacia los formalismos y convencionalismos de la sociedad de su tiempo que lo llevó a adoptar una postura totalmente austera que incluía el abandono de su estado físico. La imagen clásica de Diógenes lo representa metido dentro de un tonel, en plena calle, semidesnudo y en estado de total abandono. El estudio de este modelo de comportamiento recién empezó a diferenciarse en la década de los años sesenta. Se hacía necesaria una descripción detallada de estos síntomas que bien se podían confundir con algunos estados depresivos y con los cuadros de demencia senil.



Todos los ancianos que acumulaban cosas no padecían de psicosis y por otra parte la psiquiatría no podía darle explicación a algunos de estos comportamientos anómalos. Es recién en el año 1975 que se bautiza como Síndrome de Diógenes a este tipo de comportamiento en gran parte de los ancianos. Las personas que se ven afectadas por este desorden mental se caracterizan por el aislamiento social, se recluyen en su propio hogar y descuidan completamente la higiene de su entorno y su aseo personal. Esto supone la acumulación sistemática de todo tipo de objetos, muchos de ellos carentes de utilidad pero que estas personas piensan que podrán utilizar en el futuro. Estas personas presentan una incapacidad para distinguir entre lo que tiene valor y lo que es inservible.

El Síndrome de Diógenes no se restringe a la acumulación de objetos materiales. Se encuentra bien documentada la “acumulación” de animales también. En efecto, estas personas recogen perros y gatos de la calle y los llevan a vivir con ellos, adosándolos a las mismas condiciones carentes de higiene en que ellos viven. Esto acarrea el problema de los desperdicios de los animales. Heces y orina de los mismos pasan a formar parte de la habitación creando un peligroso foco infeccioso que contribuye a la propagación de enfermedades. La evolución de este proceso muestra a personas delgadas, con el cabello deslucido y con parásitos externos e internos. A la par va marchando el desmejoramiento psicológico que se acentúa con la soledad. Las personas más propensas a padecer este síndrome son las pertenecientes a la tercera edad y más claramente las que superan los 65 años de edad.

El grupo de riesgo crece notablemente cuando hablamos de ancianos que viven solos, sin recibir siquiera visitas de familiares o amigos. Otros factores también contribuyen como la muerte de un familiar cercano que era el único con quien convivía. También se puede desencadenar por los apuros económicos que padecen muchos de estos ancianos que reciben pensiones bajas. Sin embargo se documentan casos en que esto no tiene nada que ver pues se trata de personas profesionales y de un nivel socioeconómico medio y alto. También se dan casos en que las personas que padecen el Síndrome de Diógenes, tienden a ahorra y acumular dinero, el mismo que se encuentra en sus casas, en medio de todo el basural y curiosamente papel moneda de distintas épocas que carecen de valor actuarial.

Imagen tomada de Flickr por faelius

Parece ser que varios factores confluyen en la presentación de esta enfermedad, siendo el factor desencadenante la soledad que encuentra el combustible necesario en la falta de motivación y aliciente para vivir de los ancianos que se viene a sumar con el deterioro mental propio de la edad y de la situación. Un fuerte factor de inseguridad es el que propicia la acumulación sistemática de todo tipo de cosas en la habitación de estas personas. Una lectura que se puede dar a esta situación es que el cúmulo de cosas hace las veces de una trinchera o muralla que simboliza la protección y el resguardo para el desvalido y aislado anciano. Esta acumulación obsesiva y sin sentido recibe el nombre de silogomanía. Los ancianos que padecen de este síndrome se sienten solos pero al mismo tiempo buscan la soledad, se han vuelto personas hurañas y hostiles producto de la vorágine de su propia misantropía y depresión.

Y este es uno de los problemas mayores pues se niegan a recibir ayuda de los vecinos y niegan su condición. Es por esta razón que muchos casos van a terminar en la muerte del enfermo, la cual se descubre luego de mucho tiempo por el olor del cuerpo en descomposición. Las personas deben estar alertas a todos estos síntomas y precipitar la ayuda hacia estas personas. Lo primero será estabilizar la condición física del paciente en base a una adecuada nutrición y el uso de fármacos para aliviar las enfermedades oportunistas que arrastren para luego enfocarse en el tratamiento psicológico de los mismos.

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