El gen anticancerígeno que combate la obesidad

Científicos del CNIO descubrieron que uno de los genes, que actúa en la prevención de ciertos tipos de cáncer, tiene además otras virtudes añadidas las cuales nadie sospechaba.

Perplejos, así debieron quedarse los miembros del equipo científico del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) liderado por Manuel Serrano, cuando descubrieron que uno de los genes, que actúa en la prevención de ciertos tipos de cáncer, tiene además otras virtudes añadidas las cuales nadie sospechaba.

Nuevos descubrimientos en el CNIO

Al parecer, el citado gen además de ser un elemento de prevención y lucha contra la enfermedad, también aumenta significativamente la longevidad y combate la obesidad. Se trata de un resultado “del todo inesperado”, apunta Manuel Serrano al exponer el descubrimiento, y que podría tener una aplicación práctica en futuros tratamientos no sólo contra la obesidad sino contra el envejecimiento de tejidos y las enfermedades asociadas a ello.

En hallazgo se produjo cuando los investigadores constataron que los ratones que incluían “añadidos extra” de este particular gen, podían llegar a ingerir mayor cantidad de alimento que sus compañeros, al tiempo que se mantenían en un peso y talla menores que en los ratones ordinarios, un fenómeno “insospechado y novedoso“.

Sin embargo este polivalente gen aún guardaba más sorpresas, pues a la luz de los resultados de la investigación, los ratones modificados con un incremento de este gen, tienen más sensibilidad a la hormona de la insulina -menos riesgo de desarrollar diabetes- y su hígado tolera mucho mejor de lo habitual una dieta rica en grasas.

Los científicos buscaron la explicación al fenómeno y hallaron la respuesta en la denominada “grasa parda”, un tipo de tejido graso que, paradójicamente, favorece que el organismo “queme la energía almacenada en los michelines”. Así, mientras la “grasa blanca” almacena grasa, la “grasa parda” la elimina, comenta Serrano.

El hallazgo apoya una vieja hipótesis que cada día cobra mayor fuerza: que el cáncer y el envejecimiento, y ahora también la obesidad, son manifestaciones distintas de un mismo fenómeno, más global, que se produce a medida que el organismo acumula en sus tejidos daños que los mecanismos naturales de reparación no logran arreglar.

Con el tiempo quizás sea posible que se sinteticen medicamentos con este gen, permitiendo a quien lo ingiera no sólo ser más resistente a desarrollar un cáncer futuro, sino que contará con la facultad de mantener controlados sus niveles de grasa y obesidad (mejorando con ello posibles problemas circulatorios) al mismo tiempo que evitar la degeneración acelerada del hígado por un exceso de trabajo.

Imagen: CNIO

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