¿Cómo volver a la normalidad después de los banquetes de Navidad?

La Navidad es una época del año en la que nos desmadramos con nuestra alimentación, algo a lo cual hay que saber poner final.

Cenando en Navidad

La Navidad tiene muchas cosas buenas e insustituibles. Nos encanta la decoración, las luces, los villancicos y el espíritu que se respira. Parece que todo el mundo sea feliz en Navidad. Pero hay algo a lo que nunca estamos preparados: los banquetes. Siempre se cocina de más por mucho que tu madre haya dicho que este año no cocinará tanto porque se cansó de tirar comida el pasado año. Eso nunca pasa. Siempre se cocina más de la cuenta y al final es algo que pasa mucha, mucha factura.

Lo primero de lo que nos damos cuenta después de la Navidad es de que hay algo en nosotros que se ha quedado enganchado a los banquetes. Cuando llega una noche y pensamos qué cenar empezamos a pensar de forma automática en llenar la mesa de platos. Y cuanto más indigestos, mejor. Nos ponemos hasta arriba de croquetas, ensaladilla, langostinos, cordero, ternera, pavo y mil cosas más. Todo cocinado, a ser posible, de forma más calórica de lo habitual. ¿Por qué meter algo en el horno cuando lo puedes pasar por la sartén? Afortunadamente no es la norma en todos los hogares.

Pero de una u otra manera sí que sufrimos esa adicción a los banquetes. La forma de volver a nuestro ritmo normal es poco a poco, pero sin tomárnoslo con mucha calma.

Pensemos claramente en darle tregua a nuestro estómago y en que necesitamos comer lo justo, porque de otra manera no vamos a conseguir que nuestro apetito sea menor. Seleccionemos alguno de los platos que nos apetezca comer, pero limitemos la ingesta a esa elección, no llenemos la mesa de nuevo con montones de opciones. Y dejemos las particularidades de los banquetes de Navidad. O dicho de otra forma, no saquemos a la mesa, cuando hayamos terminado de cenar, la bandeja con los turrones y polvorones.

Si han sobrado dulces de Navidad, no es mala idea que se los demos a alguno de nuestros familiares que tenga hijos. No importa si son nuestros sobrinos, primos, nietos, lo que sea. Que se lo coman ellos, que seguro que tienen menos problemas de digestión y de salud en general. Además, seguro que sus padres les regulan mejor de lo que nos regulamos nosotros mismos. Por otro lado, intercalemos comidas un poco más pesadas con cenas que deberían ser lo más ligeras posibles. Si nos encontramos un poco cargados desde que comenzaron los banquetes de Navidad, pensemos que hay remedio para que esto cambie por fin. Ya es un nuevo año, así que no hay excusas para seguir comiendo a lo grande.

Foto: RayMediaGroup

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