¿Cómo reducir los niveles de estrés?

El estrés es un gran problema que sufrimos todos y al cual nos podemos enfrentar aplicando una serie de ideas y consejos.

¿Quién no ha sufrido estrés en algún momento de su vida? Es difícil escapar de un problema que nos persigue a todos antes o después y que puede estar provocado por una gran serie de factores. El trabajo, nuestras amistades, las relaciones personales que tenemos, nuestros hijos, el dinero o incluso simplemente la existencia misma. A veces si pensamos demasiado nos terminamos estresando por los más variados motivos. Por ello es conveniente que también sepamos cómo podemos llegar a liberarnos de ese estrés de una manera saludable que nos permita seguir con nuestra vida dejando las preocupaciones atrás o al menos conviviendo con ellas.

1. ¿Cuál es tu problema y cómo puedes resolverlo?

A veces no pensamos suficiente y dejamos que el problema nos controle incluso sin tener claro cuál es el origen de todo lo malo que nos está ocurriendo. Por eso lo primero que debemos hacer es repasar nuestra vida y día para saber cuál es el problema que realmente tenemos. O quizá son problemas, más de uno. Hay tantas opciones a nuestro alrededor que nunca se sabe si podemos tener varios aspectos que nos están generando malas vibraciones. Algunas de las posibilidades más habituales son:

  • Problemas en el trabajo (con el jefe, con los compañeros, con el sueldo, con lo que hacemos, con lo que no sabemos hacer, con los clientes, etc)
  • Problemas con la familia (con nuestra madre o padre, nuestros hermanos, nuestros hijos o incluso con los primos
  • Problemas con nuestras amistades (amigos cercanos con los que perdemos contacto, rencillas, discusiones, etc)
  • Problemas con el dinero (deudas o dificultades financieras para llegar a final de mes que nos entrampan cada vez más con las tarjetas revolving)
  • Problemas de salud (nos han diagnosticado alguna enfermedad, nos hemos encontrado un bulto o tenemos alguna condición que nos molesta de forma diaria, entre otras posibilidades)
  • Problemas con el colegio de los hijos (ese tipo de cosas con las que nos preguntamos «¿Por qué me tengo que preocupar por esto?» pero que siguen ahí hasta que las resolvamos)
  • Problemas existenciales (tener una crisis de identidad, no saber qué hacer ni cómo seguir en la vida, dificultades para entender el sentido de la vida)
  • Otros muchos problemas (nunca restemos importancia a aquello que nos puede llegar preocupar o estresar de los más variados tipos)

Una vez hayamos determinado cuál es el problema o problemas que tenemos, lo que tendremos que hacer será concentrarnos en las formas por las que podemos optar para solucionarlos. Si tenemos varios problemas, lo más importante será que nos concentremos en el que se solucione con más facilidad y que a partir de ahí vayamos solucionando otros inconvenientes hasta que nos encontremos como nuevos. Sobre todo es importante tomárselo con calma e ir paso a paso. No podemos pretender arreglarlo todo de la noche a la mañana. Si somos positivos y optimistas, al final lo conseguiremos solucionar todo. Solo hay que tener fe en nosotros mismos.

2. ¿Cuáles son tus expectativas y planes?

Una de las situaciones más comunes para muchas personas que sufren estrés es que tienen unas expectativas muy altas acerca de ellas mismas. Es decir, se exigen demasiado a todos los niveles. Se despiertan por la mañana con una dosis increíble de energía planeando llevar a cabo mucho más trabajo, tareas o responsabilidades de las que son posibles si hacemos un análisis de tiempo y esfuerzo. Esto acaba teniendo un efecto muy negativo con el paso de las horas a medida que avanza el día. A medida que progresa el día nos vemos incapaces de llegar a los niveles de exigencia que nos habíamos planteado y eso nos pasa factura en el estado moral.

Por ello, aunque no es malo que nos planifiquemos el día y que establezcamos unas prioridades, es fundamental que tengamos un punto de vista objetivo cuando hagamos esta planificación. Intentemos mantenernos dentro de los límites de la lógica y no tratar de abarcar más de lo que podemos. Incluso si podemos mantenernos en un nivel un poco por debajo de nuestro máximo, esto nos ayudará a que siempre vayamos un poco más relajados y que acabemos con tiempo como para que se lo dediquemos a algo que nos haga especial ilusión.

Además, tenemos que aprender a ser firmes con esta planificación que nos hemos hecho e intentar no aceptar peticiones de otras personas que nos carguen de responsabilidades adicionales y que hagan que nos retrasemos o que se desmonte la estructura que habíamos planificado. Aunque en algunos casos quizá nos sintamos mal por producir ese rechazo, es cierto que tenemos que aprender a decir que no, y que aunque hay excepciones, por norma general es conveniente que nos ciñamos a lo que tenemos previsto.

3. Aprende a ser consciente de cómo funciona el mundo

Hay personas que se ven así mismas de una manera distinta a la realidad y que llegan a pensar que todo lo que ocurre en el mundo tiene, de una u otra manera, relación con ellos. Este tipo de individuos están sometidos a un gran nivel de presión, puesto que miden cada una de las acciones que realizan y valoran 1000 factores antes de tomar cada decisión. Pero la realidad es que lo cierto es que su juicio y sus decisiones no terminan siendo tan importantes ni cuentan con tanta trascendencia como les gustaría imaginar. Y aunque esto nos puede parecer algo negativo, en realidad no lo es, ni mucho menos. Lo que nos ayuda a ver esto es que podemos liberar nuestras decisiones de presión y hacer lo que queramos sin pensar demasiado.

Relacionado con esto, también es imprescindible que aprendamos que todo lo que ocurre a nuestro alrededor no se ve dirigido por nuestras decisiones. Es decir, que van a ocurrir cosas sobre las que nosotros no tenemos ningún tipo de poder ni decisión. Por mucho que nos esforcemos, son ese tipo de cosas que acabarán ocurriendo de forma absolutamente segura. No podemos tener control acerca de todo, así que es mejor asimilarlo cuanto antes para que nos podamos relajar un poco y que esa presión acumulada desaparezca.

4. ¿Hay algo que te suela estresar? Aprende a evitarlo

Hay factores que nos producen estrés que se ponen delante nuestra o que están a nuestro alrededor, pero que tenemos capacidad para evitar a través de un pequeño (o no tan pequeño) ajuste. Uno de los más comunes es el estrés que nos entra cada vez que estamos conduciendo por la mañana y nos acabamos metiendo en un atasco imposible que deriva en que lleguemos al trabajo diez minutos tarde. Este estrés se puede evitar, pero tenemos que hacer algo para conseguirlo. En este caso sería tomando la decisión de salir antes de casa para evitar la hora punta y que así no suframos el atasco de marras. Tendremos que madrugar un poco más, pero al menos estaremos más tranquilos. Lo que sí tenéis que valorar es si el madrugar más no os va a producir más estrés. Pero normalmente si estamos en esa situación es porque ya hemos desarrollado un estrés orgánico que necesitaría tratamiento.

La cantidad de posibilidades que encajarán en esta categoría son enormes y en ocasiones pueden parecer tonterías para el resto del mundo, pero para nosotros serán factores que nos estresarán. Por ejemplo, un factor de estrés muy simple es salir por la mañana a las 8 y que siempre nos crucemos con un vecino molesto al que no nos gusta ver. Esos segundos en el que le decimos «buenos días» y le vemos la cara, es posible que nos estresen. Quizá ese vecino sea una bellísima persona. Quizá no sea pesado ni siquiera. Pero es posible que haya algo que nos produzca estrés cuando lo vemos. Si sabemos que tenemos esas sensaciones, será mejor que intentemos evitar el encontronazo saliendo antes o después de casa.

Otra posible situación muy típica del día a día. Vamos a comprar el pan y nos encontramos con que solo les quedan barras de un tipo que no nos gusta, como las baguettes. Y esto nos pasa todos los días porque siempre tenemos la costumbre de ir a la misma panadería en el mismo rango de hora. ¿Qué hacer? Podemos cambiar de panadería o de hora y así intentar encontrar el pan que necesitamos. Estamos en España, así que no será por posibilidades de encontrar panaderías donde dispongan de una gran cantidad de modelos de barra.

5. Sé agradecido, sé optimista y positivo

Para muchas personas este tipo de recomendaciones pueden sonar vacías, irreales o muy poco eficientes. Pero si pensáis algo así posiblemente será porque ya habéis cruzado ese punto en el cual es más fácil ser incrédulos que confiar en las posibilidades de las buenas vibraciones. Si todavía veis la vida con esperanza e ilusión, lo que os pedimos es que seáis un poco más optimistas, positivos y agradecidos en vuestra vida. No cuesta nada mostrarle a las personas que están a vuestro alrededor que las queréis, que les agradecéis lo que hacen por vosotros, hasta que sea lo más pequeño del mismo, y que tenerlos a vuestro lado es imprescindible para vosotros. Y no solo os lo decimos en vuestra relación con amigos o familia, ya que el ser agradecidos se aplica a nuestra relación con cualquier persona.

Cuando vamos a una tienda o a cualquier otro lugar y somos educados, agradecidos y simpáticos, conseguimos reacciones positivas en las demás personas, a las que quizá alegremos el día con solo un «gracias». Eso es algo que produce una reacción en cadena de felicidad, de alegría, optimismo y positivismo. Si todos ponemos de nuestra parte, esa cadena se puede extender de tal manera que a lo largo del día no solo seguirá creciendo, sino que incluso podría llegar de nuevo a nosotros mismos.

6. Relájate, piensa en ti y en pasar un buen rato

Podemos tener uno de los trabajos más agobiantes del mundo y pasar un día bastante complicado. Pero si estamos teniendo mucho estrés es conveniente que busquemos un rato para dedicarlo a nosotros mismos. No olvidemos darnos a nosotros un poco de esperanza, de relajación, de tiempo para sentirnos, para encontrarnos, para conectar con lo que sentimos y queremos. El cómo lo hagamos dependerá de nosotros. Cada persona encuentra una manera de relajarse, de disfrutar del tiempo en solitario y de divertirse.

Para conectar con estos momentos de relajación, cerremos los ojos y respiremos de forma relajada. Démonos unos segundos para sentir el aire, lo que nos rodea, el silencio y escuchar nuestro corazón. Intentemos, a partir de ese momento, hacer algo que nos divierta, pero sin preocuparnos del mundo. El mundo no se va a detener porque nosotros nos relajemos un poco. Nada va a ocurrir aunque pulsemos el botón de Pausa durante una sesión de relajación. No tenemos que hacerlo a diario, porque dependiendo de nuestra situación quizá sea imposible, pero sí que es conveniente que le dediquemos un día o dos a la semana y que así podamos desconectar. Valoremos de forma adecuada el sentirnos bien y hagamos lo que podamos para que así sea.

7. Duerme más

Otro factor imprescindible es el descanso. Tenemos que dormir de manera adecuada para que se reduzca el estrés que sufrimos y nos encontremos mejor. Cuando dormimos reiniciamos nuestro cuerpo y nuestra mente y le damos a todo ello el descanso que necesita para que podamos brillar cuando nos despertemos. Muchos de los factores de estrés que tenemos a nuestro alrededor se reducen de manera considerable cuando dormimos y esto nos ayuda a sentirnos mejor y tener menos preocupaciones.

Para ello es recomendable que intentemos dormir las ocho horas de rigor que son recomendables, aunque sabemos que no siempre es posible. En cualquier caso, podemos complementar las horas que durmamos por la noche con una siesta al mediodía que nos ayude a reiniciar un poco y poder liberar al menos cierta cantidad de estrés. Si lo hacemos podremos sentirnos con más energías y fuerzas para continuar con el día hasta completarlo. Y al mismo tiempo le daremos un poco de descanso físico a nuestro cuerpo, algo que nunca viene mal.

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