Cuatro técnicas para controlar nuestra ira

Enfadarse si algo no sale como esperábamos es normal. Pero cuando nuestra reacción es desmesurada, nos hallamos ante un ataque de ira y éste no beneficia a nadie. Generalmente, su causa es el estrés y aquí brindamos cuatro sencillas técnicas para evitarla.

Cuando las cosas no nos salen todo lo bien que queremos, todos nos enfadamos. Es normal y forma parte de la vida cotidiana. No obstante, si cuando esto nos sucede, perdemos el control de nosotros mismos, tenemos un problema: se trata de la ira y ésta nunca es buena consejera.

Podríamos definirla como una reacción exageradamente exaltada ante una circunstancia adversa y, bajo su influencia, podemos decir o hacer cosas de las que posteriormente nos arrepentiremos. Puede estar provocada por muchos motivos pero, quizá, el más habitual de ellos sea el estrés. Por tanto, si resolvemos éste, acabaremos con aquélla. No obstante, mientras lo logramos, podemos hacer algo para controlar nuestra ira cuando ésta aparece.

Foto del increible Hulk, que se transformaba al sufrir un ataque de ira

La ira es perjudicial para nosotros y para quiénes nos rodean

Es muy conocido el remedio clásico de contar hasta diez antes de exaltarnos pero no por ello es menos acertado. Si, en el momento en que vamos a tener un acceso de ira, tratamos de respirar pausada y armoniosamente durante un tiempo y contamos hasta diez antes de responder, nuestra reacción será mucho más calmada que si no lo hacemos así.

Otra buena opción para evitar los ataques de ira es el ejercicio físico. Cuando nos notemos muy alterados, podemos ir a correr o a practicar cualquier tipo de ejercicio que nos suponga algún esfuerzo. A medida que nos cansamos, la presión que sentimos y que puede hacernos estallar en un arrebato de ira se irá difuminando.

Lo mismo nos sucederá si, en el momento clave, guardamos silencio y nos centramos en realizar cualquier actividad intrascendente como, por ejemplo, cortar el césped de nuestro jardín. Cuando acabemos, estaremos más calmados.

Igualmente resulta una buena idea para cuando estamos alterados tomar una ducha o un baño de agua caliente. Se trata de un excelente relajante y, como tal, nos ayudará a tranquilizarnos.

Por último, otra buena opción es ponerse en el lugar de la otra persona. Pensar que somos nosotros los que hemos cometido lo que él ha hecho mal y que ha provocado nuestro enfado. A buen seguro, no nos parecerá tan grave y nuestra reacción será más calmada. Se trata de una forma de empatía muy útil no sólo en este caso sino también en otros.

Con cualquiera de estas cuatro técnicas, esos arrebatos de ira que incomodan a los que nos rodean pero, sobre todo, a nosotros mismos, que inmediatamente nos arrepentimos, no se producirán y, si lo hacen, será de un modo mucho más suave.

Fuente: Wikihow.

Foto: El increible Hulk: Eneas en Flickr.

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