¿Cuántos pares de zapatos puedo tener?

La adicción a los zapatos es un mal cada vez más común. La variedad de calzado por la que nos podemos decantar a la hora de escoger cómo vestir nuestros pies es bien amplia, tanto ,que en ocasiones es difícil decantarse por un tipo u otro

zapatofilia

De tacón o planos, con estampado animal, de charol, de ante, abiertos, cerrados, con plataforma, con cordones,de salón, atados al tobillo, con el talón descubierto, de caña alta o baja. Sandalias, romanas, zuecos, chanclas,pascueras, deportivas,botas, botines,escarpines,manoletinas, mocasines, para ir por casa, náuticos, y ahora los tan novedosos sleepers. Es obvio que las opciones por las que nos podemos decantar a la hora de vestir nuestros pies es bien abultada. Algunas personas, sin embargo, poseen varios pares de cada tipo, pero ¿cuántos zapatos es normal tener?

Lo lógico es poseer dos sandalias para el verano, unas negras y otras marrones para combinar la ropa; y también unas chanclas. Se puede optar por las planas o las de tacón. Para el invierno van bien las botas, y en primavera es lógico decantarse por unas manoletinas abiertas. Sin embargo, y aun combinando los colores del modo en que hemos dicho nos situaríamos en los siete pares de zapatos. Ahora bien, no son pocos los que superan esta cantidad.

Un estudio llevado a cabo por el Centro de Investigación del Consumidor de Estados Unidos sitúa la media de zapatos que tiene una mujer occidental en 19. Sólo el 15% de ellas superan los 30. Lo paradójico es que la mayoría sólo calza habitualmente cuatro, una cifra que coincide con el número de ellos que compran al año.

Imelda Marcos, una conocida política y empresaria filipina que se hizo mundialmente conocida cuando, en su uhida al exilio no pudo llevar consigo su gran colección de zapatos, ¿el motivo? estaba compuesta por más de 1.200 pares. Llegados a este extremo podriámos considerar una adicción real al calzado.

Este tipo de patología, acuñada como zapatofilia, es reciente, pues hasta el siglo XX no se convirtieron en un verdadero objeto de moda que la mujer podía cambiarse con relativa frecuencia. Fue entonces cuando pasaron a ser símbolo de buen gusto, una connotación que mantienen en la actualidad. De hecho la industria el calzado en España es un negocio que no ha dejado de funcionar a pesar de la arraigada crisis económica. Rafael Calvo, presidente de la Federación de Industrias del Calzado (FICE), además, afirma que la actividad “resiste mejor la crisis que otros sectores de consumo”, y que las exportaciones y las compras incluso han subido. En términos mundiales, el mercado supone más de 60,000 millones de euros al año.

A pesar de que esta adicción la padecen principalmente las féminas, son cada vez más los hombres que la sufren (a pesar de que tienen 15 pares menos de media). El cambio estriba en la creciente preocupación de los varones por su aspecto físico.Su asociación con el erotismo, el fetichismo y otras prácticas sexuales es también evidente.

Los zapatos le sientan bien a todo el mundo, no importa si estás delgado o gordo; y en los casos de zapatofilia, la compra funciona como calmante, como cualquier otra droga. La psicóloga Vázquez Roel explica que los zapatos “reportan placer o disminuyen el sufrimiento porque evaden. Hacen que quien los compra vea disminuidos sus problemas y sus ansiedades”

Ciertos enfermos van más allá de la compra compulsiva de su objeto de deseo: la liposucción de tobillos y pantorrillas, las inyecciones de silicona en determinadas partes del pie, son algunas de las prácticas más habituales.

Llegados a este punto más de uno estará deseando correr a su armario para contar cuántos pares tiene.

Fuente/ elmundo.es
Foto/ Gonmi

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