Cómo reducir nuestra ansiedad

Entendemos la ansiedad como un estado de nerviosismo permanente que nos obliga a hacer las cosas a toda prisa. Es un problema que, en los casos más graves, puede desembocar en ataques de pánico e incluso en trastornos obsesivo compulsivos. Por ello, es muy importante controlarla. Aquí mostramos algunas estrategias para hacerlo.

Si alguien que la padece tuviera que definir la ansiedad diría, más o menos, que es esa sensación de nerviosismo permanente que nos obliga a estar inquietos y a hacer las cosas de modo acelerado.

No obstante, la ansiedad es una alerta natural que posee nuestro organismo: cuando vamos a afrontar un cambio en nuestras vidas, hace reaccionar al cuerpo para que se mantenga atento ante cualquier imprevisto que exija un aporte de energía adicional.

Foto de dos personas haciendo jogging

El ejercicio físico es una buena estrategia para reducir la ansiedad

Es, por tanto, una situación momentánea. El problema surge cuando la ansiedad es permanente o excesiva y puede llegar a desembocar en ataques de pánico o incluso en un trastorno obsesivo compulsivo.

En estos últimos casos, es imprescindible recurrir a un especialista. Pero en los intermedios, en que hablamos de un nerviosismo persistente que acelera nuestra conducta –dicho en otras palabras, lo que comúnmente llamamos estrés-, hay algunas cosas que nosotros mismos podemos hacer para eliminarla.

Así, en primer lugar, eliminar todo tipo de productos estimulantes como el tabaco, el té o el café, cuyos componentes alteran el sistema nervioso. Pueden sustituirse por sucedáneos que no poseen la misma composición y, por tanto, no provocan ese efecto.

También es muy importante organizar bien la vida diaria, reservando en nuestra rutina al menos una hora para las actividades que nos gusten. Está demostrado que, cuando realizamos una tarea que nos agrada, además de estar bien, el cerebro segrega sustancias relajantes.

Por ejemplo, una buena alternativa es el deporte que ya de por sí libera estrés y tensiones al obligarnos a realizar un esfuerzo físico y eliminar toxinas.

Igualmente podemos utilizar técnicas de relajación. Una de las más populares es la de la respiración. Para ponerla en práctica, debemos tumbarnos en la cama o en un sofá, cerrar los ojos e imaginarnos que estamos en un lugar agradable y tranquilo como, por ejemplo, un bonito paisaje.

Al tiempo que hacemos esto, comenzamos a controlar nuestra respiración. Inspiramos el aire por la nariz profundamente y lo expulsamos muy despacio por la boca. Lo ideal es realizar este ejercicio al menos durante quince minutos.

Otra posibilidad es comenzar a practicar yoga o Tai Chi, muchos de cuyos ejercicios buscan precisamente la relajación.

En lo que respecta al trabajo, es importante que nos tomemos nuestro tiempo para hacer las cosas. Ello no significa dejar tareas pendientes, ya que esto es una de las circunstancias que más estrés laboral genera, sino organizarse bien y hacer las cosas con calma que, además, es la mejor forma de que salgan correctas.

Si ponemos en práctica estas sencillas estrategias, seguro que conseguiremos que nuestra ansiedad se calme en buena medida.

Fuente: Rincón de Psicología.

Foto: Personas haciendo jogging: Ed Yourdon en Flickr.

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