¿Cómo se produce un tsunami?

A raíz de de los desgraciados sucesos de Japón, una pregunta se encuentra en el ambiente: ¿cómo se produce un tsunami? y, sobre todo, ¿por qué algunos terremotos los provocan y, en cambio, otros más fuertes que los anteriores no lo hacen? En este artículo tratamos de dar respuesta a estas preguntas.

Todos hemos asistido consternados a los sucesos que en los días pasados devastaron Japón. Un terremoto de enormes dimensiones y un posterior tsunami no mucho más pequeño han causado miles de víctimas mortales y desaparecidos. Incluso un país tan preparado para sucesos de este tipo como el nipón no ha podido evitar tan brutal tragedia. Vaya desde aquí nuestro más sentido pésame.

Sin embargo, una pregunta ronda el ambiente desde entonces: ¿por qué, tras un terremoto, a veces se produce un tsunami y en otras ocasiones no?

Fotos de los efectos del tsunami de 2004 en Thailandia

Fotos en las que puede verse -en rojo- las zonas inundadas por el tsunami de 2004 en Thailandia

El pasado año, un movimiento sísmico nada menos que de 8,8 grados de intensidad en la escala Richter sacudió el suelo de Chile. Inmediatamente, se desató la alarma ante un posible tsunami. En Hawai cundió el pánico y miles de personas abandonaron las costas de la isla en busca del refugio de las zonas interiores. Incluso se decía que alcanzaría al propio Japón. Sin embargo, aunque se produjo el tsunami, fue de carácter local y mucho menos devastador de lo que se preveía.

En cambio, en Indonesia -zona hoy día muy preparada para este tipo de sucesos tras el brutal tsunami del año 2004-, se produjo recientemente un terremoto de 7,7 grados (por tanto, bastante menor que el de Chile) al que siguió una ola asesina que causó cientos de víctimas. De nada sirvieron los avanzadísimos sistemas destinados a monitorizar el océano para prevenirla.

Es evidente, por tanto, que algunos terremotos provocan tsunamis mientras que otros, incluso más fuertes, no lo hacen o los generan de menor intensidad. ¿A qué puede deberse esto? La verdad es que lo mejor será comenzar por el principio.

Un tsunami, palabra japonesa que significa ‘ola de puerto’, no es la apropiada para denominar este hecho. Es más certera la menos habitual de maremoto. Se trata de un suceso muy complejo que se origina cuando algún fenómeno extraordinario desplaza verticalmente una ingente masa de agua generando olas de gran energía y tamaño. Éstas poseen mucha mayor fuerza que las tradicionales, producidas por el viento, y mueven mucha mayor cantidad de agua. Según los científicos, casi siempre está provocado por un terremoto –en el noventa por ciento de las ocasiones-, en cuyo caso recibe el nombre de maremoto tectónico.

Entonces, ¿por qué algunos terremotos producen tsunamis y otros no? Lo primero que debemos señalar es que ni siquiera los expertos lo saben a ciencia cierta. Depende de varios factores: la magnitud del propio terremoto, la dirección en que se desplazan las ondas sísmicas y el tipo de suelo que haya en el fondo marino son tres de los más importantes.

Foto de los efectos del tsunami de Chile

Efectos del tsunami que siguió al terremoto de 2010 en Chile

En cuanto al primero, la fuerza que posea el terremoto, ésta se mide por la amplitud de la mayor de las ondas sísmicas que produce. Es decir, si por ejemplo el citado de Indonesia tuvo 7,7 grados, ello significa que esa era la intensidad de la más fuerte de sus ondas sísmicas.

Y, precisamente, este suceso se hallaba aproximadamente en la frontera que los expertos marcan para que pueda producirse un tsunami. Según el geofísico Don Blakeman, del Centro Nacional de Vigilancia Geológica de Estados Unidos, “los terremotos por debajo de 7,5 grados en la escala de Richter generalmente no provocan tsunamis. Sin embargo, sabemos de terremotos de magnitud 6 que han causado tsunamis locales, más pequeños y menos destructivos”. Dicho en otras palabras, no existe un baremo fijo y fiable que relacione la intensidad del terremoto y la posterior aparición del tsunami.

Sin embargo, lo que parece estar más claro es que sí hay una vinculación entre la forma en que se mueve la tierra durante el temblor sísmico y la generación de maremotos. Según los expertos, cuando la citada actividad sísmica provoca el movimiento vertical de la tierra que bordea los límites de las fallas –la que se encuentra cerca de los cortes de las placas en que se divide la corteza terrestre-, se origina un tsunami. Sin embargo, cuando esas zonas se mueven horizontalmente, el agua no se ve afectada y existen muchas menos probabilidades de que se produzca el fenómeno marino, con independencia de la magnitud del terremoto.

En el primer caso señalado, el fondo marino se mueve verticalmente y genera una onda energética que empuja la columna de agua que está sobre él hacia arriba y esa inmensa masa se dirige a las costas con su efecto devastador.

No obstante, esto nos lleva a plantearnos otra cuestión: ¿qué es lo que determina la altura de las olas del tsunami? Según los científicos, depende de cómo el terremoto interactúe con la topografía del fondo marino. En palabras del citado Blakeman, “cuando viaja en alta mar, un tsunami se mueve normalmente a una velocidad que está entre los ochocientos y los mil kilómetros por hora, prácticamente la misma que un avión a reacción. Pero a medida que se acerca a tierra esa velocidad disminuye”. Ello significa que, cuando el fondo marino de la costa es más bajo, se generan olas más altas y a la inversa.

Imágenes de un tsunami captadas vía satélite

Imágenes captadas por un satélite de la llegada de un tsunami a las costas indias

En cambio, al contrario de lo establecido por la creencia popular, la intensidad de un tsunami nada tiene que ver con las condiciones meteorológicas. Como decíamos, su energía procede del fondo del mar y el tiempo que encuentre durante su viaje hacia las costas no lo hace variar o, si lo altera, es en una cantidad mínima.

Asímismo y también contra lo que se cree, casi ninguna zona del planeta está libre de recibir un tsunami. Por ejemplo, siempre se ha considerado que la Península ibérica era un territorio libre de ellos. Sin embargo, tras el terremoto que devastó Lisboa en 1775, se originó un maremoto de gran intensidad que produjo unas dos mil víctimas en las costas de Cádiz y Huelva.

Y no es ésta la única zona susceptible de recibirlo. Según el Instituto de Hidráulica Ambiental de Cantabria, existen varias áreas de riesgo en la Península ibérica: la costa del Atlántico, cinco fallas en el Mar de Alborán y las islas Baleares.

Sin embargo, no se trata de asustar a nadie. Simplemente, de poner en alerta a las autoridades oportunas para que sean previsoras y no suceda lo que tantas otras veces, que se buscan soluciones cuando el hecho ya se ha producido.

Fuente: Ángelfire y ABC Ciencia.

Fotos: Tsunami en Thailandia: California Institute of Technology en Photojournal | Efectos del tsunami en Chile: Carlos Reusser en Flickr | Tsunami en la costa india: NASA en Visibleearth.

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