Wolfgang Amadeus Mozart, el genio de la música

Wolfgang Amadeus Mozart es uno de los grandes maestros de la música clásica: único por su genio creativo y por una prolífica carrera que legó más de 600 obras maestras en sólo 35 años de vida, es considerado hoy en día un inmortal de la música universal.

Dentro de los músicos inmortales, Wolfgang Amadeus Mozart, ocupa un lugar más que destacado por su genio creativo, su prolífera carrera en una breve vida, y por la influencia que tuvo en otros grandes maestros de la música, como fue el caso de Beethoven. Decir Mozart es decir, casi sin exagerar, el compositor clásico por antonomasia, fuente creativa de más de 600 grandes obras maestras, de todos los géneros clásicos, que hoy en día forman parte ineludible del acerbo cultural de la humanidad.

Mozart, un genio que comenzó a desarrollar su talento siendo sólo un niño

Mozart nació el 27 de enero de 1756 en Salzburgo, Austria. Fue su padre, Leopold, violinista y compositor, quien descubrió sus increíbles dotes para la música cuando sólo era un niño pequeño. Con cuatro años, Wolfgang ya interpretaba piezas sencillas y daba sus primeros pasos como compositor.

El derrotero profesional del niño comenzó de corte en corte, y de ciudad en ciudad, donde iba de gira con su padre, en compañía también de la hermana mayor de Wolfgang, María Anna. Grandes capitales como Munich, Viena, Frankfurt, París y Londres quedaron gratamente sorprendidas por el talento del pequeño, por su habilidad para tocar el piano, y también el violín.

Su formación musical comenzó también a corta edad y entre sus maestros se pueden mencionar a Johann Christian Bach (el hijo menor del gran Johann Sebastián) en Londres, y al célebre Padre Martini, en Bolonia.

Mozart comenzó a dar conciertos en compañía de su padre Leopold y su hermana mayor, María Anna

Todos sus viajes por entonces terminaban en Salzburgo, donde ya había sido “adoptado” como uno de sus grandes valores, y donde los Mozart servían en las festividades locales y en los conciertos de la corte arzobispal.

Ya un poco más grande, y con un renombre y varias composiciones en su haber (sinfonías, oberturas y su primera gran ópera, “Mitrídates, Rey de Ponto”, entre otras), Mozart decidió abandonar la clásica relación con un mecenas o patrón (revolucionario para la época e imitado luego por varios genios musicales) y comenzar a trabajar de manera autónoma para subsistir por sus propios medios.

Mozart se instaló entonces en Viena, donde comenzó la etapa más prolífica de su carrera profesional y alcanzó luego su madurez compositiva. Con sólo 25 años, ejerció de maestro de música para varios nobles y brindó conciertos y óperas para poder vivir.

Entre las obras de esta época destacan “El rapto del Serrallo”, otras sinfonías –se registraron un total de 41-, incluida la 36, Sinfonía de Linz, y la trilogía final de su vida, de la 39 a la 44, que compuso en el verano de 1788, las óperas “Don Juan” y “Las Bodas de Fígaro”, ambas escritas junto al italiano Lorenzo Da Ponte, o “La Flauta Mágica”, finalizada sólo unos dos meses antes de su muerte.

De su vida privada, se puede decir que Mozart contrajo matrimonio con Constanza Weber, en 1782, con quien tuvo seis hijos. En sus 35 años de vida cultivó varias relaciones sociales y fue el centro del mundo musical vienés. Su estilo musical, ligero en apariencia, pero profundo y con el espíritu impetuoso del naciente romanticismo de trasfondo, marcó una época única de la historia de la música universal.

Como todo genio, Mozart dejó de este mundo envuelto en un halo de misterio: falleció con aguda fiebre el 5 de diciembre de 1791, según cuenta la leyenda, con los últimos movimientos de su Réquiem inconcluso entre los labios. Al día de hoy que no se sabe bien cuál fue el causante de su muerte.

Fotos Wikimedia 1 y 2

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