Un calendario revolucionario

La Revolución Francesa pretendió cambiar hasta el calendario, siendo éste propuesto por Fabre d`Eglantine y que cambiaba radicalmente todo lo que conocemos hasta el momento.

En 1792, un republicano francés llamado Fabre d’Eglantine, crea un nuevo calendario, que no tiene nada que ver con el gregoriano, el que el mundo occidental utiliza diariamente.

El nuevo calendario que propuso se compone de 12 meses y éstos a su vez de 30 días, más cinco días intercalados, por lo que cada mes según él, tenía tres semanas que constarían cada una de ellas de 10 días. Los nombres de los días también cambiaban, correspondiendo así el nombre con el día: Preparado (1, 11, 21), duodeno (2, 12, 22) tridi (3, 13, 23), quartidi (4, 14, 24) quintidi (5, 15, 25 ) sextidi (6, 16, 26), septidi (7, 17, 27), octidi (8, 18, 28), nonidi (9, 19, 29), diez (10, 20, 30).

Fabre d'Eglantine, creador del calendario revolucionario

Si contamos los días que se acumulan de los 12 meses, es decir treinta días por doce meses que tiene el año, nos da un total de 360. Por este motivo se incluyen cinco días al final del mismo, para conseguir los 365 días que tarda la Tierra en dar la vuelta al Sol. Estos días se les llaman no Cualoride y son todos para la fiesta de vacaciones de la Virtud, Ingeniería, Trabajo, Opinión y premios.

Los santos que están asignados a un determinado día, como San Valentín o San Jorge, son sustituidos en este nuevo calendario por los nombres de animales, vegetales, plantas y herramientas agrícolas. Estos nombres están muy relacionados con la temporada, para que así, nombres como la hoz, el trigo y el carnero, sean días propio de la época estival y nombres como la calabaza, el barril y el arado, pertenezcan a la temporada de otoño.

Este calendario llamado revolucionario o republicano, se empezó a utilizar el 23 de septiembre de 1792, cuando la primera proclamación de la Republica. Así el año 1792-1793, pasó a ser denominado Año Uno de la Primera República. Este calendario solo fue utilizado en el consulado, donde con prontitud dejaron de emplearlo.

Hay que tener en cuenta el factor de que durante la Primera República, quien no utilizara este calendario era castigado con la muerte, un precio muy caro para una falta de tal tamaño. Para cambiar algo tan arraigado en la sociedad, no se puede pretender conseguir de la noche a la mañana.

Se necesita tiempo y sobre todo, que las personas se mentalicen de que el cambio es a mejor y es positivo; cosa que en este caso no era cierto. Decimos esto porque en cierta medida, no mejora nada nuestra vida el utilizar un calendario distinto. Se tiene que amoldar todas las fechas o archivos históricos a dicho nuevo calendario. Es un proceso tedioso, sobre todo teniendo en cuenta que este nuevo calendario comenzaba el año el 24 de septiembre. Es cambiar mucho la mentalidad del pueblo, por ello el poco calado que tuvo, por muy revolucionario que pretendieran pintarlo.

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