¿Quiénes fueron los atletas más históricos de los Juegos Olímpicos de la Antigüedad?

¿Quiénes se alzaron con la victoria en los Juegos Olímpicos Antiguos? Entre ellos se encuentran auténticos personajes de leyenda.

En los artículos que estamos escribiendo sobre los Juegos Olímpicos, comenzando desde la Antigüedad, combinamos dos cosas que nos apasionan. Por un lado los Juegos, una competición que sigue llenándonos de entusiasmo y que nos tiene expectantes de poder disfrutar de los Juegos Olímpicos de Tokio 2021. Y por otro lado, la historia. El pasado, la leyenda, lo que ha quedado atrás, pero que el mundo no ha olvidado.

Hoy hablaremos de los atletas más históricos de los Juegos Olímpicos. Aquellos que han pasado a la historia por un motivo u otro y que se recuerdan en los libros Por ejemplo, Corebo de Élide, de quien ya os hemos hablado en un artículo anterior, que se convirtió en el primer campeón olímpico. Él fue el primero que tuvo la responsabilidad de encender la llama olímpica en la siguiente edición de los Juegos después de la celebración de la original con la que comenzó todo. Su victoria en el Estadio, un sprint de gran velocidad, lo convirtió en leyenda por mucho que en realidad solo fuera un panadero humilde.

Aunque Corebo no volvió a obtener la victoria en los Juegos, si bien es posible que simplemente no se volviera a presentar como candidato, a lo largo de los años sí hubo vencedores que repitieron el honor en repetidas ocasiones. Esto fue lo que a muchos les ayudó a entrar en la historia, aunque otros ya eran figuras históricas que son recordadas por otros sucesos.

Leónidas y Diágoras de Rodas

La isla de Rodas tuvo varios campeones meritorios. Por ejemplo, Leónidas, que nada más y nada menos hasta el año 2016 había conseguido mantener el récord de victorias en los Juegos Olímpicos. Lo había hecho con 12 victorias, comenzadas en el año 164 Antes de Cristo y expandidas hasta el año 152. Solo un magnífico deportista como Michael Phelps le pudo quitar el honor de ser el atleta con más victorias (hablaremos de leyendas modernas de los Juegos Olímpicos en otro artículo).

Desde Rodas también destacó el gran Diágoras, que no solo se impuso en los Olímpicos, sino que también fue gran triunfador de otras de las muchas citas deportivas de la época. Su especialización era el boxeo, en el cual sus golpes eran contundentes y derribaban a sus adversarios con facilidad. Le hicieron una estatua que se colocó en Olimpia y fue padre de otros campeones olímpicos. La leyenda dice que el año en el que dos de sus hijos resultaron ganadores en los mismos Juegos, en el año 448 antes de Cristo, estos, Damagetos (pancracio) y Arkesilaos (carreras de carros), le levantaron en volandas y dieron con él una vuelta por el estadio para reconocer la gran trayectoria de su padre. El homenaje hizo que Diágoras se sintiera el hombre más orgulloso del mundo. Alguien entre el público gritó con entusiasmo que ya podía fallecer, ya que Diágoras ya era muy anciano, y se dice que murió allí mismo con una sonrisa mientras sus hijos lo levantaban como la leyenda que era.

La primera mujer ganadora de la corona

Otro nombre fundamental es el de Cinisca, la primera mujer que se coronó como vencedora de los Juegos Olímpicos. Lo hizo en las carreras de carros en el año 396 antes de Cristo en representación de Sparta. Participó con sus propios cuatro caballos y carro y demostró que las espartanas eran unas mujeres increíbles, un auténtico reflejo y modelo que muchas otras mujeres seguirían en la época. Era una princesa y como todas las espartanas, había recibido una educación que la formaba en actividades físicas, algo totalmente opuesto a lo que ocurría en las demás sociedades griegas.

Otros ganadores épicos

La historia tampoco se ha olvidado de Herodoro de Mégara, que obtuvo el trofeo de vencedor en los Juegos durante un total de diez ocasiones. Lo hizo en la competición de trompeta, una de las actividades que en la antigüedad recibía mucho reconocimiento y que requería personas con una gran capacidad física. O podemos hablar de Astylos of Crotona, que tuvo un paso por los Juegos bastante particular.

Al principio Astylos se hizo famoso por coronarse representando a su tierra. Pero posteriormente, se dice que con una oferta que le resultó irresistible, decidió participar como ciudadano de Siracusa. Eso le llevó a obtener otras dos victorias que hicieron más grande su leyenda, pero que provocaron el enfado en Crotona, donde derribaron la estatua de vencedor que le habían diseñado, le repudiaron e incluso su familia le dio la espalda. La historia le considera el primer competidor que cambió de «nacionalidad» y optó por una representación distinta en su segunda participación. Aunque habiendo alcanzado la gloria, Astylos falleció en total soledad porque nadie quería estar cerca de él.

De la misma región, Crotona, salió Milón, que sorprendió al mundo entero con su fuerza y portentoso físico ya cuando obtuvo su primera victoria en los Juegos en la categoría infantil en el año 540. Posteriormente participó en categoría adulta, siempre en la sección de lucha, y obtuvo cinco victorias olímpicas más. También fue un famoso combatiente en guerras y sus músculos eran conocidos por su gran tamaño. Se dice que falleció cuando un grupo de lobos (o leones, dependiendo de la versión) le acorralaron y lucharon con él hasta acabar con su vida.

Otro participante histórico fue Orsipo, que está acreditado como el primer atleta que se hizo con la victoria en los Juegos desnudo. Hay varias teorías acerca de porqué se quitó la ropa mientras corría. Se dice que podría haberse roto en el proceso, pero principalmente se cree que lo hizo para correr más rápido. Debido a ello otros muchos corredores y atletas le imitaron en tiempos posteriores.

Y no nos olvidemos de la increíble fuerza que tenía Teágenes de Tasos, que ganó boxeando en los años 480 y 476, aunque también destacó en otras competiciones. Desde siempre dijeron que Teágenes tenía una fuerza increíble y se rumoreó que su padre no fue su padre, sino que quien dejó embarazada a su madre fue el mismísimo espíritu de Hércules mientras había poseído a Timóstenes, el padre de Teágenes. Cuando tenía solo 9 años se dice que vio una estatua de bronce que le gustó y se la llevó a casa tirando de ella. Después de muchas victorias falleció y de la mano de Glaucias de Egina se construyó una estatua en su honor.

Lo curioso es que incluso después de la muerte siguió ganando. Se dice que el gran enemigo de Teágenes había estado una noche entera golpeando la estatua hasta que esta se cayó y lo aplastó, acabando con su vida. La familia del muerto denunció a la estatua y por las leyes de la época se tuvo que desterrar la estatua, siendo arrojada al mar. Pero poco después la tierra dejó de dar alimentos, por lo que se recuperó la estatua pensando que ese era el motivo. Se le realizaron ofrendas y la tierra volvió a dar fruto. Esto llevó a que se hicieran más estatuas de Teágenes que, según la época, ayudaban incluso a curar enfermedades.

La realeza en los Juegos Olímpicos

Alejandro I de Macedonia ganó los Juegos Olímpicos en la modalidad de carreras de cuadrigas en el año 408 antes de Cristo, mientras que Filipo II de Macedonia se alzó con varias victorias en distintas disciplinas. No fue un caso aislado, ya que también es conocido el reinado del que disfrutó el mismísimo Nerón cuando los Juegos Olímpicos ya empezaban a estar trufados de participantes que no tenían origen griego. El romano consiguió sorprender a propios y extraños con su participación en los Juegos del año 65 después de Cristo, en los que se hizo con nada más y nada menos que seis victorias en disciplinas como carreras de carros, uso de la lira o en el famoso concurso de Heraldos y Trompetas. Tiempo antes, en el año 4 antes de Cristo, Tiberio también había obtenido una victoria.

El último nombre de la realeza de la época que se nos viene a la cabeza es el de Varastades, rey de Armenia. Su victoria se produjo en el año 369 después de Cristo, exactamente la entrega número 287 del evento. Esta edición marcó el final de una era, la antigua.

Un apunte sobre la historia de los Juegos

Terminamos recordando que los Juegos Olímpicos Antiguos se celebraron por primera vez en el año 776 antes de Cristo y se mantuvieron en constante celebración hasta el año 277 después de Cristo. También hubo una edición en el año 369 después de Cristo, pero la irregularidad del evento por la situación del mundo en aquel momento impidió que continuaran. El máximo responsable de tomar la decisión de no volver a celebrar los juegos fue Teodosio I el Grande, el Emperador Romano que en 393 anunció que la competición no se realizaría de nuevo. El motivo es que el cristianismo se había impuesto como religión en el Imperio y Teodosio no quería que se pudiera rendir tributo a ningún otro dios. Además, su decisión fue continuada por Teodosio II, que mandó que fueran destruidos los templos griegos.

Después de esto hubo una parada absoluta del evento hasta el año 1896, cuando se celebró la primera edición de los Juegos Olímpicos modernos. Grecia quería recuperar la celebración e invitó a 14 países para que hicieran historia: Alemania, Austria, Australia, Chile, Bulgaria, Estados Unidos, Dinamarca, Francia, Italia, Hungría, Suiza, Reino Unido y Suecia. Por supuesto, los deportes eran totalmente distintos a los originales, motivo por el cual hay esta gran separación entre los Juegos antiguos y los modernos. España, que se encontraba en una situación crítica en la batalla de Filipinas y en medio de unas elecciones generales, no participó en la competición.

La siguiente edición fue la de 1900 en París y en ella España sí que participó, enviando en este caso a nueve deportistas. Allí los españoles consiguieron varias medallas, pero por varias circunstancias solo están reconocidas oficialmente las de oro de Francisco Villota y José de Amézola en pelota vasca.

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