¿Quién fue Yoko Moriwaki?

Yoko Moriwaki fue una de las muchas niñas que fallecieron debido al lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima.

Hace unos días hablamos de Sadako Sasaki, una de las niñas que protagonizó una de las historias más trágicas y conmovedoras de los efectos de la bomba atómica lanzada por Estados Unidos en Hiroshima. Pero hay más historias del mismo calibre que también han impactado en la historia de Japón. Por ejemplo, el mundo y no solo Japón, no olvidan la historia de Yoko Moriwaki, una niña de 13 años que lamentablemente no sobrevivió a la bomba atómica. Sí lo hizo su hermano Koji Hosokawa, y gracias a él fue como la historia de Yoko llegó a ser famosa.

Durante el periodo de la guerra las escuelas japonesas solicitaban a sus estudiantes que tuviera un diario en el cual anotaran todo lo que ocurría en su vida. El de Yoko estaba lleno de detalles, de personalidad y de vida.

Las entradas que Yoko hacía en su diario iban más allá de lo que su escuela, una de las más prestigiosas de Hiroshima, le solicitaba. Ella relataba sus vivencias personales y también todo lo relacionado con la guerra y el conflicto que se estaba viviendo.

Hablaba de sus clases, de las asignaturas, de la relación con sus compañeras de estudios y también de cómo veía los aviones sobrevolando la ciudad, así como de otros incidentes más duros. Empezó a publicar en el diario incluso antes de que comenzara el curso, ya que parece que sentía ganas y responsabilidad por hacer un buen trabajo. La primera entrada tiene la fecha del día 6 de abril del año 1945. Yoko siguió publicando diariamente hasta el día 5 de agosto de ese mismo año, el día antes del lanzamiento de la bomba atómica en la ciudad donde vivía, Hiroshima.

Su hermano logró sobrevivir y años después se encargó de publicar su diario en forma de libro para que accedieran a él miles de personas y que el recuerdo de su hermana se mantuviera vivo. Tal y como podéis imaginar, hay paralelismos con el diario de Anne Frank, que también falleció durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, aunque muy lejos de Japón.

La vida de Yoko Moriwaki no ha llegado a ser tan famosa en Japón como la de Sadako, pero su historia y en especial su diario han llegado a muchas personas. El día 11 de abril Yoko hablaba de lo bien que se lo había pasado en clase mientras aprendía a coser y otras tareas del hogar. El 13 de abril pensaba en Okinawa, donde la guerra se estaba llevando a cabo y pensaba en cómo podía haber niñas de su edad que quizá perdieran la vida por el fuego enemigo. Se sentía apenada pensando en lo que estaba ocurriendo en su país.

Habló de cómo celebró su 13 cumpleaños y de cómo estrenó el uniforme de verano cosiéndolo tomando como base el antiguo kimono de su madre, lo cual la hizo sonreír al pensar en todas sus compañeras de clase usando el mismo tipo de ropa en conjunto. Y justo el día antes del bombardeo habla de los planes que tenía su familia para evacuar la vivienda y marcharse a una zona más alejada con el objetivo de evitar posibles incidentes. Ese día escribió en el diario «Mañana organizaremos la evacuación de la casa. Daré mi mejor esfuerzo». Por desgracia, el día del incidente mientras se estaba haciendo la evacuación, Yoko se encontraba a solo 700 metros del epicentro de la bomba. Sufrió serias quemaduras y daños que llevaron a que esa misma noche falleciera. Fue una de las 301 personas que murieron en su escuela ese día.

Su hermano, con el paso de los años, mirando las pocas fotos que conservaba de su hermana, se pregunta cómo habría sido Yoko si hubiera tenido la ocasión de crecer y convertirse en una mujer. Posiblemente, viendo la forma con la que expresaba sus sentimientos y cómo se abría en sus palabras, Yoko habría sido una fantástica persona. Solo hay que ver que incluso en la época, en aquellos terribles días, la niña encontraba la forma de sonreír y de iluminar a quienes la rodeaban con su dicha.

Para el recuerdo no solo ha quedado su diario, publicado en inglés en Australia y por supuesto en japonés, sino también varios objetos y recuerdos que su hermano, ya mayor de 80 años, ha donado. Estos se pueden encontrar en el Museo de la Paz de Hiroshima. Entre los elementos que donó su hermano se encontró la caja de bento que usaba su hermana para llevar el almuerzo al colegio y sus palillos, así como el uniforme de Yoko. Lógicamente, el diario también ha sido donado. Para su hermano era el momento de desprenderse de esos objetos que le habían mantenido unido a su hermana y que merecen encontrarse en un museo como forma de dejar constancia de lo que ocurrió con la bomba y con su vida.

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