¿Quién fue Sadako Sasaki?

Sadako Sasaki vivió 10 años más después de sobrevivir a la bomba atómica de Hiroshima, pero falleció como consecuencia de ella.

Las consecuencias de las bombas atómicas que se lanzaron en Japón ahora hace 75 años (se cumple el aniversario en este mes de agosto) fueron terribles. Miles de personas fallecieron y otras miles sufrieron los efectos de la radiación, que mermó sus vidas de manera drástica sufriendo cánceres o les lastró de por vida con problemas médicos variados.

La caída de la bomba atómica en Hiroshima

A lo largo y ancho de Japón hay muchas historias relacionadas con los bombardeos, que fueron las únicas ocasiones en las que la humanidad utilizó el poder atómico en una guerra. Con sus bombas, Estados Unidos asesinó una cifra no determinada entre 129 mil personas como mínimo y 226 mil como máximo. Lo peor de todo es que la mayor parte de esas personas fueron inocentes, civiles que no sabían cuando se despertaron el día de los bombardeos, lo que iba a ocurrir unas horas después.

Hablaremos más de los bombardeos en otra publicación, puesto que no queremos dejar el tema olvidado y sin rendir el merecido homenaje a las víctimas. Hoy queremos hablar específicamente de una persona, una niña de dos años llamada Sadako Sasaki que fue víctima del bombardeo en Hiroshima. Nacida un 7 de enero de 1943, la niña se encontraba en su casa cuando se produjo el lanzamiento de la bomba atómica.

Sin rasguños, Sadako siguió viviendo

Si bien sobrevivió a la explosión, lo cierto es que su casa estaba demasiado cerca del epicentro: a solo 1,6 kilómetros. Eso derivó en que el impacto de la bomba hiciese que la niña saliera de la casa por la ventana por la fuerza de la onda expansiva. Su madre reaccionó con rapidez y salió a la calle en su busca. Pensaba, debido a su reducida edad y a lo fuerte que había sido el impacto, que la niña habría fallecido. Pero para su sorpresa se la encontró sin ningún tipo de rasguño. Dentro de lo que podría haber pasado, era una bendición que Sadako hubiera sobrevivido de esa manera.

La situación tras la explosión era trágica y las autoridades intentaron poner a salvo a todos los civiles que habían sobrevivido. Les llevaron hacia zona segura, pero mientras estaban huyendo la madre de Sadako no pudo evitar que la lluvia radiactiva les diera. Eran ella y su madre. Solas, con miedo, dolor e inseguridad. El gobierno ya había avisado unas horas antes a los ciudadanos de Hiroshima acerca de que era posible que sufrieran un bombardeo. Y eso había llevado a que todo el mundo tuviera miedo. Pero en cierta manera las previsiones apuntaban a un bombardeo de instalaciones estratégicas, no uno que fuera a terminar con miles de vidas inocentes. Por ello la caída de la bomba atómica fue algo inesperado. Una tragedia masiva. La abuela de Sadako también estaba viva en aquella época, pero la confusión de la bomba hizo que quisiera volver a la casa cuando ya estaban huyendo y nunca se la volvió a ver.

Deportista de éxito hasta que enfermó

Tras la bomba, la familia de Sadako (su padre también sobrevivió a la bomba) se alegró a la vista de que su hija crecía aparentemente sana, con energía y felicidad. Pasaron los años y en 1954 Sadako era un ejemplo de cómo una niña afectada por el radio de la bomba atómica podía convertirse en una líder en los deportes. El 25 de octubre de 1954 hizo que su equipo de relevos de la escuela ganara el primer puesto en la competición deportiva de la región. En ese momento se encontraba en sexto de primaria. En ese momento tenía 11 años y un mes después de su victoria deportiva, en noviembre, empezaron a salirle hinchazones que se concentraron detrás de sus orejas y en el cuello. La medicina de la época estaba muy atrasada, por lo que los médicos no encontraron forma de tratar a Sadako más allá de reducir las hinchazones.

En el mes de febrero fue atendida por ABCC (Atomic Bomb Casualty Commission) y el pediatra, el doctor Hatagawa, informó a sus padres de que Sadako sufría leucemia aguda maligna de la glándula linfática. Les informaron sobre cómo la esperanza de vida de la niña se establecía entre un mínimo de tres meses y un máximo de un año. No pudieron tratarla de ninguna manera para curarla, puesto que el daño era demasiado y la situación médica de la época no permitía más. Debido a la situación, Sadako fue ingresada en el Hospital de la Cruz Roja de Hiroshima el día 21 de febrero de ese año 1955. Los médicos se encontraron con que su volumen de glóbulos blancos era demasiado elevado, alrededor de seis veces la cantidad normal para un niño. Eso la estaba matando. Intentaron comenzar un procedimiento que supondría hacerle transfusiones de sangre para ayudarla y que pudiera sobrevivir todo el tiempo posible.

La leyenda de las grullas

Su vida continuó en el hospital con el apoyo de su familia. En el mes de agosto hubo algo que cambió su día a día: comenzó a compartir habitación con otra niña. Se llamaba Kiyo y era dos años mayor que ella. Eso le permitió recuperar la emoción y la alegría de tener una amiga tal y como lo había hecho durante su tiempo en la escuela.

En el mes de agosto un estudiante de un instituto de Nagoya, conocedor de la historia de Sadako, la cual era conocida en todo Japón, le envió un regalo en forma de grulla de origami. El padre de Sadako le contó a su hija la existencia de una leyenda que decía que quien hiciera 1.000 grullas de origami tendría la posibilidad de pedir un deseo. Sadako, ilusionada por la historia, se propuso hacer las 1.000 grullas para poder pedir un deseo (el cual no se desveló por mucho que todos pensáramos que sería poder sobrevivir a la enfermedad).

La historia de Sadako creció todavía más y se hizo aún más emotiva. Su tiempo en el hospital lo dedicaba en su gran parte a hacer las grullas de papel. Pero llevaba un ritmo tan rápido que se quedaba rápidamente sin papel. En aquella época no era fácil encontrar papel y no existían papeles de origami que tuvieran un tamaño suficientemente optimizado como para que pudiera hacer muchas grullas (eran hojas demasiado grandes). Muchas personas oyeron su historia y le enviaron papel, mientras que ella fue habitación en habitación visitando a los enfermos del hospital y pidiéndoles si podían darles los papeles de sus medicinas, como servilletas, prospectos de medicinas y otros elementos que le pudieran servir para hacer grullas. También recogía de las habitaciones los envoltorios de los regalos que recibían los pacientes del hotel y que estos le entregaban amablemente.

Todo el mundo le entregaba papel a Sadako. Su mejor amiga del colegio, Chizuko Hamamoto, también recogió papel de la escuela y se lo llevó para que lo pudiera utilizar. Incluso el presidente Truman llegó a ponerse en contacto con la familia de Sadako para hacer todo lo que pudiera por la niña al sentirse responsable por lo que su país había hecho con el lanzamiento de las bombas atómicas. Entre todos consiguieron que Sadako cumpliera su misión y construyera más de 1.000 grullas.

Poco después, eso sí, su compañera de habitación también quiso hacer las 1.000 grullas porque ella también tenía un gran deseo por seguir viviendo. Sadako se volcó con la ayuda a su amiga, con la que había compartido toda la aventura en el hospital. Cuando su amiga le dijo que ella también quería conseguirlo, Sadako ya había realizado 1.300 grullas aún no sabiendo que necesitaría esas 300 más. Para ella era un reto seguir adelante y demostrar las grandes fuerzas que tenía de vivir. Pero en ese momento el tiempo avanzaba y la salud de Sadako se iba empeorando cada vez más. Como gesto a su amiga y al ver que la cantidad de papel escaseaba, lo que hizo Sadako fue tomar la decisión de desmontar algunas de las grullas que había plegado para ella y utilizar ese mismo papel con el objetivo de hacer grullas más pequeñas. Al fin y al cabo, nadie decía el tamaño que debían tener las grullas.

De una grulla original se dice que Sadako podía llegar a hacer hasta 12 grullas pequeñas. El trabajo continuó hasta que lamentablemente el día 25 de octubre empezó a encontrarse peor. Sus constantes vitales no eran buenas y en su cara se podía apreciar que ella misma sentía que se le escapaba la fuerza. Su padre le preguntó por la mañana qué quería comer. Y a eso Sadako respondió «Ochazuke wo tabetai» («Quiero comer ochazuke»). Con prisa, su familia le preparó este sencillo plato tradicional de la cocina japonesa que consiste en poner una sustancia líquida caliente, que puede ser té verde, agua o caldo dashi, encima de arroz hervido. Su familia le puso té verde y takuan, un encurtido preparado con rábano daikon que le gustaba mucho a Sadako.

Cuando acabó de comer Sadako dijo «Otochan, okachan, minna arigatou» (お父ちゃん、お母ちゃん、みんなありがとう) («Papi, mami, gracias a todos» y de forma instantánea falleció. En ese momento una de sus piernas se había hinchado de una forma exagerada e incluso había adoptado un preocupante color violeta.

El legado de Sadako

El entierro de la niña se llevó a cabo entre lágrimas y grandes cantidades de personas que quisieron rendir homenaje a una chica que había luchado tanto incluso ante una situación tan adversa. En su féretro sus amigos y familiares pusieron cientos de flores, una muñeca que le pertenecía y algunas grullas de papel de las que había hecho ella misma. En su cara se reflejaba, en cierta manera, el descanso de una niña que había tenido que soportar penuria, tristeza y dolor durante su corta vida.

Poco después de su fallecimiento comenzaron a circular historias acerca de cómo, en realidad, no había llegado a completar su misión de realizar 1.000 grullas de papel. Pero se trataron de habladurías que intentaron alterar el curso de lo sucedido, en cierta manera para hacer creer a la sociedad que el poder de la leyenda seguía existiendo.
Se escribieron libros aprovechando su historia y hubo muchas teorías. En un momento dado la familia de Sadako se vio salpicada por la prensa amarilla, que les acusó de intentar hacer dinero de la tragedia de la niña. A Sadako le sobrevivieron sus padres, un hermano pequeño y un hermano mayor. Este último decidió, mucho tiempo después de la última vez en la que la familia tomó parte públicamente, contar lo ocurrido sin tapujos y comenzar un trabajo de homenaje hacia su hermana. Escribió un libro, el único oficial que cuenta toda la historia de forma auténtica, y se puso en marcha para donar las grullas de papel que su hermana construyó.

Se construyó una estatua de Sadako sujetando una grulla dorada que se puede visitar en el parque Hiroshima Peace Memorial Park. También hay una estatua suya en el Seattle Peace Park de Estados Unidos. Y sus grullas se han diseminado por distintos lugares del mundo, incluyendo una que está en el museo de Harry S. Truman debido a la buena relación que ha mantenido siempre la familia de Sadako con la del presidente de Estados Unidos. Además, uno de los sobrinos de Sadako se dedicó profesionalmente a la música y compuso varias canciones en homenaje a su tía.

El recuerdo de Sadako nunca se olvidará

En las escuelas japonesas se enseña la historia de Sadako por todo lo que representó. Y el día 6 de agosto se celebra como el día anual de la paz, ayudando a que todo el mundo recuerde lo ocurrido y la importancia de decir no a la guerra. En la estatua de Sadako en Hiroshima se puede leer «Este es nuestro llanto. Esta es nuestra oración. Paz en el mundo».

A día de hoy la niña se ha convertido en un símbolo, en un grito al cielo para que no luchemos, en una manifestación y demostración de lo que los efectos de la guerra pueden llegar a producir en las vidas de las personas más inocentes. No queremos dejar que el recuerdo de Sadako Sasaki se pierda y somos conscientes de que hay muchas más personas, como nosotros, a los que su historia ha tocado. Por ello en un próximo artículo os contaremos más sobre su tiempo en el hospital, los sentimientos que pasaban por su cabeza y su corazón.

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