¿Qué fue del Imperio Almohade en Al-Andalus?

El Imperio Almohade dejó algunas huellas imborrables en la arquitectura de la Península Ibérica, como son la Giralda o la Torre del Oro en Sevilla, las dos construcciones más emblemáticas de la capital andaluza.

Entre el 1146 y el 1232 Al-Andalus vivió un cambio de poder con la llegada del Imperio Almohade a sus tierras, sustituyendo al fracasado Imperio Almorávide, que había intentado, sin éxito, reforzar el control islámico de la Península Ibérica. Este tema ya lo tratamos anteriormente aquí en otro post, el cual recomiendo que revisen. Inicialmente, el movimiento almohade surge como un intento de reforma religiosa, que tuvo en Ibn Tumart su principal figura y cuya base dogmática se basaba en su concepción radical de la unicidad divina, lo cual atacaba las doctrinas almorávides. Bajo el mando de Abd al-Mumin, los almohades conquistaron los principales enclaves almorávides en el norte de África; tomaron Marrakech, que pasaría a ser la capital del Imperio Almohade; y dieron el salto a Al-Andalus, que estaba fragmentada de nuevo en reinos taifas.

A diferencia de los almorávides, los almohades no reconocieron el califato abbasí de Bagdad y proclamaron un nuevo califato. Esta medida formaba parte, como señala Maribel Fierro, de una revolución almohade que afectaba a diversos niveles: política, derecho, religión, etc. El dominio almohade en la Península Ibérica se inició con la ocupación de Sevilla, que se convertiría en la capital almohade en Al-Andalus. Este régimen funcionó como una dictadura militar en la que escaseaba el apoyo popular hacia sus dirigentes. Un buen ejemplo de la presencia alhomade en la ciudad de Sevilla es la Torre del Oro, uno de los emblemas de la capital andaluza y que hoy sigue teniendo una presencia importante en una de las más bellas postales que se pueden obtener de una ciudad. Por no hablar de La Giralda de Sevilla, que hoy forma parte de la Catedral hispalense, pero su construcción se debe al alminar de la antigua mezquita que entonces allí se ubicaba.

También es destacable la intensa actividad comercial (básicamente, a través del mar Mediterráneo) que tuvo lugar en tiempos de los almohades y que supuso una época de gran prosperidad económica para Al-Andalus. A pesar algunas victorias por parte del ejercito almohade, son especialmente significativas las derrotas que hicieron claudicar al régimen. Las unión de las fuerzas cristianas de Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra acabaron con los almohades. La batalla de las Navas de Tolosa (1212) supuso el comienzo del fin del dominio almohade en la península Ibérica. Desde entonces, se sucedieron las disputas internas que acabaron hundiendo al Imperio Almohade y dejando paso a los terceros reinos taifas.

Foto: Francisco Javier Toledo Ravelo

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