Pearl Harbor: el inicio del fin de una guerra

Diciembre de 1941. La base naval de Pearl Harbor es destruida por una flota aérea japonesa en lo que constituyó uno de los movimientos militares más avezados de la historia. A partir de ese momento los acontecimientos tomaron un rumbo incierto que terminó en una de las catástrofes más terribles de la historia de la humanidad. Un adagio antiguo reza que son usos de la guerra vencer o ser vencidos. Pero no dice nada acerca de la traición.

Este hecho histórico fue un ataque sorpresivo contra la base naval de los EE.UU. en Pearl Harbor, Hawaii, realizado por la armada japonesa, la mañana del domingo 7 de diciembre de 1941. Esto motivó el ingreso de los EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial. Inicialmente, fue diseñada como una acción preventiva, con el objetivo de retirar a las flotas norteamericanas del Pacífico, y evitar que intervengan en la guerra que Japón estaba por declarar a Inglaterra y sus aliados. Dos ataques aéreos, con un total de 405 aviones, fueron lanzados desde seis portaaviones japoneses.

El ataque destrozó un total 5 acorazados hundidos, 3 dañados; 3 cruceros hundidos; 3 destructores hundidos, además de 188 aviones, las pérdidas humanas llegaron a cifras estratosféricas: 2,388 muertos y 1,178 heridos. Además de las unidades que quedaron totalmente inutilizadas, se destruyeron almacenes de combustible, de repuestos y mantenimiento y oficinas administrativas. Las pérdidas del lado japonés fueron muy reducidas, apenas 29 aeronaves y 5 submarinos pequeños, con un total de 65 soldados muertos y heridos. Lamentablemente para los japoneses, los portaviones no fueron encontrados, brindando a los Estados Unidos una ventaja a pesar de la derrota.

El propósito original del ataque era proteger a Japón y dejar el camino libre para su avance hacia Malasia y las Indias Holandesas y neutralizar a las flotas que EE.UU. mantenía en las costas del Pacífico. Ambos países habían desarrollado detallados planes de contingencia para una posible guerra en el océano, que constantemente se perfeccionaba a medida que las tensiones crecían durante la década de los 30s. Una de las razones para esta tensión en aumento la constituían los afanes expansionistas del Japón, cuyas incursiones a Manchuria y la Indochina Francesa habían producido diversos niveles de embargos y sanciones por parte de los EE.UU. y de otros países.

En 1940, bajo la autoridad que le concedía el Tratado de Control de Exportaciones, Norteamérica fortaleció sus armamentos, adquiriendo portaaviones, repuestos, herramientas para maquinarias y gasolina, hecho que fue visto como poco amistoso por los japoneses. Los EE.UU., a pesar de esta situación que presentaba una atmósfera de poca confianza, no detuvo las exportaciones de petróleo en ese momento, en parte porque en Washington se entendía que cortarlas de golpe era un paso demasiado extremo, y que podía tomarse como una abierta provocación.

El USS Arizona bombardeado en Pearl Harbor – imagen de Wikipedia, original del National Archives.

En el verano de 1941, después de que Japón invadiera la Indochina Francesa ante la caída del régimen de Vichy en Francia, el gobierno de EE.UU. canceló la venta de petróleo a Japón, debido a las nuevas restricciones acerca del consumo doméstico del crudo. El presidente Franklin D. Roosevelt había movilizado a una flota marítima a Hawaii y ordenado la construcción de una base nueva en Filipinas, con la esperanza de detener las agresiones que Japón estaba llevando a cabo en el Lejano Oriente. Los altos mandos nipones estaban seguros de que al atacar a las colonias británicas provocarían el ingreso a la guerra de los EE.UU., de modo que un ataque a manera de prevención parecía ser la única forma de evitar cualquier intento de interferencia norteamericana desde el Pacífico.

El ataque sorpresivo cumplía sus objetivos centrales, pero a pesar de eso era completamente innecesario. Ante el desconocimiento de Isoroku Yamamoto, comandante japonés que estuvo a cargo de la elaboración del plan de ataque, el ejército norteamericano había decidido, desde 1935, abandonar su idea de colocar bases en Filipinas ante la llegada inminente de la guerra (y en lugar de esto, optaron por desarrollar el Plan Naranja). Para reemplazar este movimiento, decidió adoptar el llamado “Plan Perro” en 1940, que ponía énfasis en mantener a la Armada Japonesa lejos de las costas orientales del Pacífico y lejos de los caminos marítimos hacia Australia, mientras se concentraba en desafiar al Ejército Nazi.

Mapa de la operacion naval de Pearl Harbor – imagen de Wikipedia, copyright expirado.

El ataque fue uno de los hechos más determinantes de la Segunda Guerra Mundial. Como ocurrió de manera inesperada, sin una declaración formal de guerra (que, según los códigos de guerra, debía ser enviada antes de cualquier acción bélica), los hechos motivaron que la opinión pública norteamericana cambiara su tendencia de mantener la neutralidad en el conflicto frente a una guerra que se presentaba como inevitable. Esta ausencia de advertencia por parte del gobierno japonés motivó que Roosevelt se refiriera a Pearl Harbor como “una fecha que vivirá eternamente en la infamia”.

Según los planes tácticos japoneses, 405 aviones serían utilizados en los ataques. 360 fueron usados para las dos olas de ataques y 45 sirvieron como patrullas defensivas de combate aéreo. La estrategia incluyó dos olas de ataques: la primera sería el ataque principal, mientras que la segunda sería lanzada para completar aquello que hubiese quedado en pie tras la primera. La primera ola contenía el volumen de armamento necesario para atacar los barcos más grandes, compuesto básicamente por torpedos. Los aviadores tenían la orden de atacar los objetivos de mayor valor (barcos de combate y portaaviones) y si en ese momento no estaban visibles, podían ser reemplazados por otras embarcaciones similares como cruceros y destructores. Los aviones equipados con bombas estaban destinados a destruir los objetivos de tierra. Los bombarderos tenían que destrozar todos los aviones estacionados que fuera posible y así asegurar que no pudieran levantar vuelo y contraatacar a las naves japonesas.

Aunque el ataque se desarrolló antes de cualquier declaración de guerra oficial, el Almirante Yamamoto había estipulado originalmente que los bombarderos no debían entrar en acción sino treinta minutos después que Japón informara a los EE.UU. que consideraba que las negociaciones pacíficas habían llegado a su fin. De esta forma, Japón pretendió saltarse las convenciones de la guerra y beneficiarse con el elemento sorpresa. A pesar de estas intenciones, el ataque ya había comenzado cuando la notificación de 5,000 palabras fue enviada. A pesar de esta soterrada manera de disimular sus intenciones, el ataque de Pearl Harbor pasó a la historia como una de las manifestaciones más claras de lo que significa la traición en tiempos de guerra.

Créditos:

Imagen 1: Isoroku Yamamoto – imagen de Wikipedia, copyright expirado.

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