Pautas míticas y rituales en la Antigua Roma

La base del Estado Romano es esencialmente religiosa y todo gira alrededor de los diferentes dioses, los cuales imponen su voluntad y separan lo lícito de lo ilícito, lo permitido de lo prohibido.

Numa Pompilio

Numa Pompilio

A Numa Pompilio, segundo monarca romano, sucesor de Rómulo, se le atribuye la fundación de la religión en su pueblo, aunque, en realidad, se advierte una gran influencia etrusca al respecto. También, muchos de sus dioses tienen su origen en los dioses del pueblo griego, que era muy admirado por los romanos, y, de este modo, se establece una equivalencia entre las diversas deidades de ambos. Así, por ejemplo, el dios Júpiter era similar al dios Zeus de los griegos; los romanos consideraban a Júpiter como portador de la luz y era el más importante de sus dioses. Tenía la facultad de domeñar los fenómenos atmosféricos y se le tenía por protector de las cosechas. También protegía la unión de los esposos, pues representaba la veracidad de la palabra dada, la justicia y el derecho.

El culto a Júpiter se remonta al tiempo en que se fundó la propia ciudad de Roma y se construyó, además, un santuario en su honor; aquí depositaban los romanos todo resto hallado en el campo de batalla y que perteneciera a sus enemigos.

La diosa Juno tenía entre los romanos las mismas funciones que la diosa Hera de los griegos. Amparaba a los recién nacidos y velaba por el buen entendimiento entre hermanos. En todas las mujeres se hallaba la impronta de la diosa Juno, la cual confería en ellas una especie de etéreo simbolismo que les servía de protección durante toda su vida.

Marte era el equivalente al dios Ares de los griegos y estaba considerado como el dios de la guerra. Los sacerdotes romanos encargados de su culto danzaban a su alrededor portando escudos cuya forma era copia fidedigna de una muestra de escudo divino que había sido arrojado desde el espacio exterior. Marte era, también, el dios de los emigrantes y enviaba animales sagrados para que los guiaran por las tierras extrañas. Se dice, por esto, que la loba que amamantó a los gemelos Rómulo y Remo fue enviada por el dios Marte, constituyéndose así en padre de ambos hermanos.


El culto a Marte estaba extendido por el Lacio y Umbría, y había un templo dedicado a él en la «Vía Apia.»

Vestales

Vestales

La diosa Minerva tenía los mismos atributos que la diosa griega Atenea y se encargaba de la protección de la ciudad. Ya entre los etruscos existió el culto a Minerva y los sabinos le habían dedicado un santuario.

En general, toda actividad relacionada con el intelecto y con el conocimiento se halla bajo la protección de la diosa Minerva. En el monte Aventino existía un santuario consagrado a Minerva y su culto se extendió por los territorios de influencia romana.

Venus era el equivalente de la diosa griega Afrodita y se la consideraba, entre los romanos, como símbolo del amor y de la belleza; su culto estaba muy extendido por toda Italia.

También existían deidades romanas asentadas en fuentes, árboles y cuevas; todo se hallaba poblado de espíritus tanto benignos como de naturaleza maligna.

Los encargados de llevar a cabo los ritos son los «pontífices».

El fuego sagrado será custodiado por las vírgenes o «vestales».

Los «augures» deben saben interpretar la voluntad de la deidad mediante la observación del vuelo de las aves.

Las víctimas sacrificadas en los ritos serán examinados por los «arúspices».

Los Libros Sibilinos son interpretados por los «duumviri» para calmar la ira de los dioses y en ellos se conservaban las profecías que las distintas sibilas habían realizado en diferentes tiempos.

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