Machu Pichu: La montaña ancestral

Orgullo del Perú y de Latinoamérica, la ciudadela imperial de Machu Picchu viene fascinando desde hace décadas a millones de personas de todas partes del mundo con esa magia telúrica y ancestral, irradiada desde las cumbres de sus increíbles montes y escalinatas.

Edgar Miranda Quiñones, con los brazos en alto y vestido a la usanza incaica, agradeció a los apus frente a más de 40 mil personas el ingreso de Machu Picchu al ideario de la modernidad cuando recibió el premio como una de las 7 Nuevas Maravillas del Mundo. En una ceremonia fastuosa, el Estadio de la Luz de Lisboa fue el escenario de este acontecimiento que oficializó una realidad ya establecida desde hace muchos años atrás.

Machu Pichu vista general – imagen obtenida de Flickr, autor: icelight.

Mientras Miranda, alcalde del distrito de Machu Picchu, perdía su extasiada mirada en el oscuro cielo portugués ante la atenta mirada de millones de personas que seguían el evento por televisión e Internet, en el Cusco se iniciaba una fiesta popular sin precedentes, la alegría y orgullo de un pueblo poco acostumbrado a esta clase de homenajes. Casi 90 años después de su descubrimiento, Machu Picchu es ovacionada por lo que sin duda es: una maravilla de la arquitectura, un tesoro de la historia.

En los tiempos del poderoso Imperio Incaico, fue Pachacutec (“El Inca que domina todo”), el gobernante que inició la expansión del dominio y territorio inca, quien ordenó construir este sorprendente complejo arquitectónico en el valle del Río Urubamba, 80 km al noroeste de la ciudad del Cusco. Se dice que esta ubicación tiene connotaciones astrológicas, puesto que sus montañas se encontraban en alineación con eventos importantes para el estudio de las estrellas y del clima.

Entre las teorías más conocidas acerca de su verdadero uso en la sociedad inca, destaca aquella que define a la ciudadela como un centro espiritual, morada de dioses y lugar en el que se producía el nacimiento y preparación de las enigmáticas vírgenes del sol, jovencitas que eran las “escogidas” (“acllas”) para desarrollar una vida de servicio al Dios Sol o Inti. Otros investigadores aseguran que podría haber sido construido como una prisión destinada a aquellas personas que cometían delitos contra la sociedad inca.

Pero recientes estudios realizados sobre la base de los archivos documentales del siglo XVI han brindado buenos argumentos para determinar que la ciudadela de Machu Picchu fue – como las pirámides de los faraones de Egipto o la tumba del emperador chino Chi Shi Huan – un lujoso y bien cuidado mausoleo para recibir los restos del monarca Pachacutec.

Andenería en Machu Pichu – imagen obtenida de Flickr, autor: icelight.

Cien años después de su construcción, la ciudadela fue deshabitada casi en su totalidad y a pesar de la llegada de los invasores españoles, Machu Picchu no fue destruida completamente. Hay evidencias de incendios que arqueólogos modernos han encontrado en diversos sectores de los recintos excavados pero que parecen haberse producido durante la cruenta campaña de “extirpación de idolatrías” como las llama el historiador peruano Raúl Porras Barrenechea.

Estas prácticas salvajes, llevadas a cabo por los frailes españoles que pretendían una evangelización forzosa de los habitantes del Imperio Incaico se extendieron durante los 40 años que duró la guerra desde la llegada de las hordas comandadas por Francisco Pizarro (entre 1532 y 1572). Sin embargo, también hay evidencias de los saqueos de los tesoros y tumbas de Pachacutec y de las personas de su entorno, que pueden encontrarse en las descripciones que hace el arqueólogo Hiram Bingham, profesor de la Universidad de Yale, responsable del renacimiento de Machu Picchu como lugar histórico y turístico.

Bingham, un estudioso, explorador y político norteamericano que se encontraba fascinado con las culturas pre-colombinas, llegó al Cusco por primera vez en 1908, invitado por una de las autoridades locales. Desde entonces, Bingham inició sus investigaciones acerca de la posible existencia de ciudades incas abandonadas y a su regreso en 1911, fue guiado por Melchor Arteaga hacia Machu Picchu.

A pesar de la importancia que tuvo durante sus años de apogeo, la ciudadela permaneció en la oscuridad y sólo era conocida por los habitantes de la zona, algunos descendientes de las últimas poblaciones incas. Con el apoyo de la National Geographic Society, Hiram Bingham retornó al Cusco y entre 1911 y 1915 lideró las primeras excavaciones que permitieron el redescubrimiento de Machu Picchu y su presentación al mundo moderno.

Desde entonces, Machu Picchu se ha convertido en el principal centro de atracción turística del Perú y uno de los monumentos arquitectónicos más visitados del mundo. Dominada por dos imponentes cerros (Machu Picchu o “Cerro Viejo” y Huayna Picchu o “Cerro Joven”), la ciudadela está dividida en dos grandes sectores: el agrícola y el urbano. En ambos pueden verse palacios y templos, viviendas y depósitos, así como las altas escalinatas de piedra. Las construcciones incaicas se caracterizan por estar conformadas por enormes bloques de piedra superpuestas.

Aunque lo más probable es que los arquitectos incas hayan dispuesto de ejércitos de obreros que movían las rocas para poder moverlas, el levantamiento de estas construcciones permanece hasta hoy como uno de los misterios que rodean a Machu Picchu, bautizada por Bingham como La Ciudad Perdida de los Incas.

Vista general de la ciudadela – imagen obtenida de Flickr, autor: icelight.

La fascinación que ejerce esta ciudadela Inca ha crecido con el paso de los años y a medida que nuevas investigaciones han contribuido a que su leyenda histórica sea conocida por más y más investigadores y turistas. Durante las décadas de los 40s y 50s arqueólogos de diversas partes del mundo unieron sus esfuerzos con los de pobladores y estudiosos peruanos para desenterrar el pasado de cada una de las galerías, edificaciones y sectores del complejo urbano.

Sea como centro ceremonial, religioso o como parte de un esquema de urbanización planteado por el Inca Pachacutec, Machu Picchu resalta por sus múltiples significados. Hoy, construcciones como el Intihuatana (Reloj de Sol), el Templo del Sol o el Cuarto de las Tres Ventanas son puntos de visita permanente para personas en búsqueda de alimentarse de la atmósfera mística y ancestral que recubre cada uno de sus ambientes.

Declarada como Santuario Histórico del Perú en 1981 y Patrimonio Histórico de la Humanidad por UNESCO en 1983, Machu Picchu representa el mejor símbolo vigente de lo que puede significó el Imperio Incaico, una de las más complejas civilizaciones de la antigüedad. Un tesoro que es necesario conocer y conservar.

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