Las Termópilas y una controversia a propósito de los espartanos

La batalla de las Termópilas, que significa Puertas Calientes debido a los manantiales calientes que allí se dan, fue un destacado escenario del conflicto militar que enfrentó a las ciudades estado griegas contra el Imperio Persa en el 480 a. C.

La batalla de las Termópilas, que significa Puertas Calientes debido a los manantiales calientes que allí se dan, fue un destacado escenario del conflicto militar que enfrentó a las ciudades estado griegas contra el Imperio Persa en el 480 a. C. La mayoria de la polis griegas, decidieron rendirse y aceptar la soberania persa aunque Atenas y otras ciudades griegas del Peloponeso, Esparta incluida, se opusieron desafiando a Jerjes. Este aceptó el desafio y trar concluir los tramites de la campaña militar, llevó a sus ejercito por el Helesponto (el estrecho que separa Asia y Europa) junto con su flota hasta el norte de Grecia. Jerjes, el emperador persa había sucedido a Dario en el 486 a.C y para vengar la derrota de Maratón, se lanzó a la conquista de Grecia con un ejército de soldados reclutados en todas las regiones de su imperio.

El lider ateniense Temistocles convenció a sus aliados peloponesos para llevar el enfrentamiento contra los persas por tierra y mar en el norte de Atenas. Un destacamento de hoplitas y soldados que utilizaban “tácticas de guerrilla”, dirigidos por el rey espartano Leónidas, tomó posiciones en las Termópilas. Este desfiladero constituía un paso estrecho entre el monte Kalidromos y el mar. La flota de los trirremes atenienses se colocó, a poca distancia de la isla de Eubea, cercana al lugar del enfrentamiento desde donde bloqueaba el acceso hacia Atenas.

La a fuerza naval persa sufrió la embestida de diversas tormentas durante el trayecto viéndose de esta manera debilitada. A pesar de ello, la flota persa luchó de prudentemente en una batalla, la de Artemisia, contra los griegos sin tener trascendencia sobre el resto de acontecimientos que estaban por llegar.

Por otro lado, en tierra firme, los griegos tuvieron que hacer frente a toda la maquinaria de guerra persa para defender el paso que conduciría a los persas a su objetivo. Durante tres días, el ejercito de Leónidas, considerablemente inferior en número, defendió el paso del desfiladero aprovechando de este la estrechez que proporcionaba al campo de batalla, la cual impedía a los persas sacar partido a su ventaja numérica.

Para la batalla de las Termópilas, los efectivos persas sumaban al menos 200.000 soldados mientras los griegos acumulaban 7000 soldados.



Los griegos lucharon hombro con hombro contra los Inmortales, la guardia de élite de Jerjes durante horas y ante oleadas de cientos de soldados persas que embestían, retrocedían y volvían a embestir. Al final del día, un griego reveló a Jerjes un paso montañoso que rodeaba el paso de las Terrmópilas. En el momento en que los Inmortales aparecieron detrás de las líneas griegas, estos supieron que habían perdido la batalla. Leónidas junto con sus 300 hoplitas espartanos y otros mil soldados griegos lucharon hasta su muerte.

Al final del día las bajas persas ascendieron a 20.000 mientras que los griegos perdieron a 2500 hombres.

Desgraciadamente los espartanos han sido con demasiada frecuencia exhaltados por su estilo de vida y como patriotas defensores de su tierra. En mi opinión, Esparta ha sido un mito que ha sido magnificado a lo largo del tiempo por diversos autores. Platón fue uno de ellos y en su obra “La República” aboga, siguiendo el modelo espartano de la época, por un Estado ideal de corte totalitario y orientado a la guerra.

Un caso reciente que merece una mención especial, es un artículo que escribió Arturo Perez Reverte con motivo del “renacimiento espartano” que vivió nuestra sociedad, gracias a las diversas películas que llegaron al cine y a otros acontecimientos paralelos.

Perez Reverte explica sobre los espartanos que “Al morir de pie, espada en mano, hicieron posible que, aun después de incendiada Atenas, en Salamina, Platea y Micala sobrevivieran Grecia, sus instituciones, sus filósofos, sus ideas y la palabra democracia. Con el tiempo, Leónidas y los suyos hicieron posible Europa, la Enciclopedia, la Revolución Francesa, los parlamentos occidentales, que mi hija salga a la calle sin velo y sin que le amputen el clítoris, que yo pueda escribir sin que me encarcelen o quemen, que ningún rey, sátrapa, tirano, imán, dictador, obispo o papa decida –al menos en teoría, que ya es algo– qué debo hacer con mi pensamiento y con mi vida. Por eso opino que, en ese aspecto, aquellos trescientos hombres nos hicieron libres. Eran los nuestros.

Y es que para Perez Reverte, los espartanos defendían la “libertad” de su tierra, libertad que no se hacía extensible a los ilotas, esclavos que constituían la base de la sociedad espartana. Los ilotas eran esclavos en todo el sentido de la palabra a diferencia del trato que recibían un gran número de esclavos persas, que disfrutaban de ciertos beneficios y ventajas imposibles de imaginar para cualquier ilota, aunque la esclavitud aún siendo persa sigue siendo esclativud.

Para una mejor comprensión de la libertad que defendían los espartanos y de su estilo de vida tan admirado por algunos, recomiendo leer las descripciones realizadas por Bertrand Russel en su Historia de la filosofía (La influencia de Esparta, pag. 138 en adelante).

Perez Reverte también obvia el hecho de que muchas ciudades estado así como islas de Jonia, se sometieron de buen grado a los persas conscientes del absurdo que hubiera sido enfrentarse a ella. Persia dio a estas ciudades e islas, una gran autonomía, similar a la que disfrutaban las satrapías persas, todo ello a diferencia del trato que recibieron las regiones espartanas conquistadas.

Jonia, a diferencia de Esparta, fue la cuna del pensamiento científico, algo que caracterizaría más nuestras sociedades que cualquier otra influencia espartana. Para el nacional socialismo, los espartanos y su sociedad eran un modelo a seguir, y así los nazis lo intentaron con las consecuencias ya conocidas.

Y es que antes de hacer juicios de valor autocomplacientes sobre actitudes más próximas al totalitarismo que a la democracia, deberíamos tener en cuenta todos los hechos del cuadro y no sólo una pequeña parte que se ha contado desde hace siglos a través de medios panoccidentales.

Si en algo han influido en nosotros los espartanos, ha sido desgraciadamente en nuestra predilección por la guerra en vez del dialogo.

FUENTES GRAFICAS: WikiCommons

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