La unificación de Italia: causas y fases

La Italia unificada que conocemos actualmente se remonta a mediados del siglo XIX, cuando surgió un movimiento unificador para cobijar bajo un mismo Estado los poderes independientes que por entonces dominaban el país.

En el post de hoy quiero repasar un poco la unificación de Italia. Conviene recordar que Italia no siempre fue una como la conocemos, sino que estuvo dividida en múltiples estados. Su unificación tuvo lugar en el siglo XIX, en el contexto de las revoluciones liberales que se produjeron en 1848 por toda Europa. Para entender este proceso, hemos de explicar primero que son los nacionalismos unificadores y si se dieron en otras partes. Y es que el nacionalismo, como lo entendemos en la actualidad, no sólo es separatista o expansivo (en este caso, hablaríamos de un imperialismo), sino también centrípeto o unificador, que son los que pretenden la unificación estatal de poblaciones con características nacionales comunes que se reparten en distintos estados.

Los casos más representativos en el siglo XIX fueron los de Italia y Alemania. Desde la conquista de Italia por Napoleón y la intervención en asuntos alemanes tras su victoria en la batalla de Jena, ambos países se encontraron en una situación parecida. Se generaron reacciones antifrancesas, caracterizadas por un sentimiento de identidad. Pero, centrémonos en Italia. Aquí se plantearon una serie de proyectos nacionalistas que sirvieron como base al movimiento unificador. Por una parte, Mazzini difundió sus ideas para crear una República unitaria a través del periódico La Joven Italia. Por otra parte, Gioberti representaba el nacionalismo moderado católico que pretendía una Confederación de Estados Italianos bajo la presidencia del Papa. Y en último lugar, D’Azeglio integraba el movimiento nacionalista en el periódico Il Risorgimento tras la Revolución de 1848.

La unificación italiana supuso el surgimiento de un Reino de Italia unificado. Los factores para conseguir dicha unidad fueron el rechazo a un absolutismo, idea que estaba vigente tras las revoluciones de 1848; el auge de las ideas nacionalistas, consecuencia de las invasiones napoleónicas; el afloramiento de ideas democráticas como la de Mazzini; y una división territorial que fragmentaba a Italia en varios poderes, lo cual era un obstáculo obvio para la consecución de los objetivos unificadores: Módena, Parma y Toscana eran independientes, el reino Lombardía-Venecia pertenecía a la casa de los Austria, el reino de las dos Sicilias estaba en manos de los Borbones, el reino de Piamonte era controlado por la casa de Saboya y los Estados Pontificios eran propiedad del Papa. El desarrollo del proceso pasa por tres fases: una primera donde la iniciativa la lleva el reino de Piamonte, con una monarquía liberal personificada en Víctor Manuel II y el gobierno de Cavour; una segunda en la que las fuerzas unificadoras parten del norte (se forma el Reino del Norte de Italia) y del sur (Garibaldi y las camisas rojas); y una tercera en la que se anexionan los últimos territorios (Véneto y Estados Pontificios).

Foto: ‘Nino” Eugene La Pia

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