La muerte y sus secuelas

En esta entrada trataremos el tema del luto que sigue a la muerte. Repasaremos las tradiciones de algunas religiones y daremos una opinión sobre las costumbres post muerte.

La muerte es un proceso natural e inevitable. Lo mismo se podría decir del luto, aunque uno bien podría ahorrarse el luto y demás formas de prolongar innecesariamente el dolor. Toda esta oscura parafernalia que rodea a la muerte de un ser querido es prácticamente un protocolo que lleva siglos de antigüedad. Si bien es cierto, el hombre siempre enterró a sus muertos, el luto pasa más por un rito social que por un origen racial, por tanto no tiene ningún vínculo con la naturaleza. Particularmente me resulta increíble ver como después que ya ha pasado un tiempo prudencial, los deudos de la familia buscan que reabrir las heridas con inútiles visitas al cementerio.

Cierto que no todas las personas tienen la misma capacidad de asimilación frente a al muerte de un ser querido y otro tanto hacen las pesadas mochilas de las distintas religiones, pero creo que el sentido común debe primar. Por ejemplo, ¿Qué sucedería si se le muestra el interior de la tumba al familiar de un deudo luego de pasados dos años del entierro? Seguramente sería la última vez que visitaría el cementerio pues no vería ni la sombra de lo que fue su familiar o ser querido en vida. Pues en buena cuenta, la asistencia a un cementerio es así de inútil, sólo que no se debe ver esta escena con los ojos sino con la mente del sentido común.

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Imagen tomada de Flickr por Sara(h)

Nos pasamos la vida diciendo que tras la muerte vamos a un lugar mejor, que el sufrimiento termina con la muerte, y ¿Entonces, qué hacemos yendo a los cementerios? ¿Es ese el lugar al que nos referíamos cuando hablábamos sobre la muerte? Si bien la costumbre de ir a los cementerios aún se mantiene en plena vigencia, junto con otras celebraciones como la misa por el mes de la defunción o la misa por el año de la defunción, existe otra manifestación cultural tras la muerte de un ser querido que se ha ido quedando en el tiempo y hoy es prácticamente nula, quizá por allí se puedan ver algunas personas que conservan esta costumbre pero por lo general corresponden a edades avanzadas y no se ve que vaya a haber recambio.



Nos referimos al otrora luto. Así se designa a la exteriorización de los sentimientos mediante las señales que hemos mencionado más una seña muy particular como es la vestimenta negra. Esta costumbre, básicamente occidental, viene de los tiempos del imperio romano. La tradición básicamente se mantuvo hasta el siglo XX con ciertas variantes como los velos negros que tapaban la cara de la viuda o los sombreros negros de copa ancha.

En el tiempo iban apareciendo ciertos términos como luto completo o medio luto que hacían referencia al tiempo de uso del luto por los familiares según su grado de cercanía. Por lo general la viuda del difunto era la que llevaba más tiempo el luto, tanto como cuatro años y este si era riguroso. No era bien visto que se alternaran prendas durante este periodo. Por otra parte, los demás familiares podían ir introduciendo otras prendas pero siempre conservando alguna prenda negra que distinguiera el luto. También podemos hablar del término luto oficial. En este caso el protocolo es un tanto estricto y queda regulado el comportamiento de los miembros de la casa real o del gobierno del estado.

En el caso de un luto nacional, es costumbre que el Consejo de Ministros haga un pronunciamiento oral y escrito en el que se dictamina tal o cual cantidad de días de luto oficial e incluso se puede decretar días feriados no laborables. Algunas señales particulares acompañan estas circunstancias como los típicos cañonazos al aire y el flameo de la bandera a media asta. Todos estos protocolos tienen más que ver con la esfera del respeto y del reconocimiento hacia la persona del difunto y su labor en vida, y me parecen pertinentes, a diferencia de las inútiles visitas a los cementerios.

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Imagen tomada de Flickr por mirandapablo

El luto fuera de las costumbres cristinas de occidente, también tiene sus propias manifestaciones. Por ejemplo, dentro del Judaísmo es costumbre no asearse hasta el día del entierro del difunto. Luego del entierro se evita el asistir a fiestas o reuniones que impliquen alegría. También se asiste a diario a la sinagoga para rezar por el difunto. En el judaísmo, todas estas prácticas reciben el nombre de Shivah y tienen mayor duración en los hijos del difunto que la deben guardar por 11 meses. Además se hace un rezo todos los años tanto en la fecha de cumpleaños del difunto como en la fecha de su fallecimiento. En el hinduismo es costumbre cremar el cuerpo de los difuntos y guardar el luto por los siguientes 12 días.

Durante el primer cuarto de este período se considera que la familia directa del difunto se encuentra en estado de impureza y estos deben guardar algunas recomendaciones como no entrar en los templos o ni siquiera leer las escrituras sagradas. Pese a esto, el color del luto en el hinduismo es el blanco, sin embargo, las normas son también estrictas dentro de esta religión aunque por un breve período de días pues se cree firmemente en la reencarnación y se sostiene que cualquier luto excesivo puede interferir con el proceso de reencarnación del difunto. Parece ser que deberíamos extraer un poco de cada religión para enfrentarnos mejor a la muerte de un ser querido tal cual lo hacen en Camboya, donde se celebra una gran fiesta en honor al difunto. En aquella región se sostiene que debe dársele al difunto la última oportunidad de disfrutar de la vida. Increíble.

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