La esclavitud en Roma

La esclavitud en Roma es uno de los temas más atractivos que nos ofrece esta civilización. Solemos tener un concepto bastante errado sobre ello, así que aquí pasamos a aclarar algunos puntos muy curiosos.

El post de la Tercera Guerra Servil, debí hacerlo no sólo por ser interesante, sino para dar pie al tema que quería tratar, el ascenso social de los esclavos. En Roma, en la época en cuestión, las revueltas provenían no sólo de ellos, sino de la población en general que veían como, si bien existían leyes que diferenciaban de algún modo, a los hombres libres de los esclavos, en la realidad sucedía otra cosa diferente.

Esclavitud: en Roma era algo diferente a lo que conocemos

Los esclavos en Roma podían llegar a ser, incluso, caballeros, pues nada se los impedía. La calve era, la formación que uno podía tener. Así debemos comenzar por los mercados, donde el precio de un hombre u otro variaba dependiendo sus conocimientos, cobrando mucho más valor aquél formado.

Esto hacía que, los cuidados que se le tenían en los hogares que le habían comprado, sean muy superiores a la calidad de vida de otros hombres libres romanos, e incluso coman y se vistan mejor que ellos, creando así cierta rivalidad proveniente de los celos.


La diferencia principal se daba en pequeños detalles, como ser que el esclavo no formaba parte de las reuniones familiares, como también iba detrás de su amo en las calles, pero esto no impedía que tuviesen acceso a todos los edificios de importancia, incluyendo aquí las termas o el mismo Coliseo.

Si bien los señores dominaban y tenían poder sobre sus esclavos, no podían excederse pues el Estado les caía con todo en caso de malos tratos, y ni hablar si ocurre una muerte por dolo. Se protegía a los esclavos y se castigaba muy duramente quienes abusaban de su poder contra ellos.

Los gladiadores eran, en muchos casos, esclavos, siendo Espartaco el más conocido

Datos más interesantes aún es que podían adquirir propiedades y a su vez comprar la libertad con ellas, aunque, un dato nada menor, es que a los 30 años quedaban en total libertad. Pese a ello, la gran mayoría decidía quedarse con sus amos.

Pero si de detalles hablamos, no podemos dejar pasar el mencionar que solían ser admirados por los mismos Emperadores, y más de una vez formaron parte de su círculo más íntimo. Esto se debía, principalmente, a que eran ajenos a las conspiraciones que solían acontecer en los las altas clases y, por supuesto, los altos mandos, que sumado los conocimientos que podían tener, les hacían perfectos consejeros.

Imágenes: Dominio público

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