La crisis del Antiguo Régimen

Entre las causas que hicieron derribar el Antiguo Régimen encontramos la proliferación de ideas ilustradas, los desajustes sociales, el mal gobierno de Luis XVI o el colapso financiero de la Francia de finales del siglo XVIII.

Con la Revolución Francesa se produjo el final del Antiguo Régimen, término utilizado por los revolucionarios franceses para referirse a la estructura política, social y económica imperante en Francia hasta ese momento. Políticamente, el Antiguo Régimen se caracterizaba por una forma de gobierno denominada Monarquía Absoluta. Socialmente, el Antiguo Régimen se caracterizaba por su carácter estamental, dividido en nobleza, clero y Tercer Estado. Y económicamente, el Antiguo Régimen estaba basado en la agricultura, que constituía la principal fuente de riqueza. A lo largo del siglo XVIII, las estructuras políticas, sociales y económicas en Francia comenzaron a ser cuestionadas. Por lo que si debemos hablar del origen de la Revolución Francesa, hemos de tratar cinco factores desencadenantes de la misma.

En primer lugar, encontramos la fertilidad intelectual. Durante el siglo XVIII surgieron pensadores de gran relevancia para el movimiento revolucionario. Las ideas ilustradas de Voltaire, Rousseau o Montesquieu sentaron las bases de las principales reivindicaciones durante la Revolución Francesa, y muchas de ellas se aplicaron cuando ésta triunfó. En segundo lugar, destacan los desajustes sociales. Los privilegios sociales de la nobleza y el clero frente al Tercer Estado, mucho más numeroso y que estaba compuesto tanto campesinos como burgueses acaudalados, eran una especie de humillación para este último grupo, que era el único que pagaba impuestos. En tercer lugar, no podemos olvidarnos de los problemas económicos. Entre 1778 y 1787 se produce una etapa de regresión. El aumento en los gastos del Estado, derivados de la ayuda francesa en la Revolución Americana y de los excesos de la corte, y la escalada de precios en el sector agrícola y textil crean malestar en la población.

En cuarto lugar, tenemos la crisis política. La administración de Luis XVI parecía la de un gobernante del siglo XVII, sin atender a los parlamentos, los cuales intentó reformar para que no tuvieran ninguna influencia en la política. El intento de introducir un nuevo impuesto para costear los gastos públicos que afectaría a los estamentos privilegiados dejó patente que la realeza se encontraba sola. Y en quinto lugar, debemos mencionar el colapso financiero. Los impuestos que la población francesa pagaba eran insuficientes para cubrir la deuda del Estado. Además, únicamente el Tercer Estado estaba sometido al fisco (el diezmo a la Iglesia y la talla al Estado). El intento de crear un impuesto general que afectase también a la nobleza desencadenó el proceso revolucionario. Estos cinco elementos evidencian que las estructuras del Antiguo Régimen en Francia se tambaleaban.

Foto: Dimitry B.

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