La biblioteca de Alejandría

Tras la muerte de Alejandro Magno, los territorios conquistados por este durante sus campañas fueron divididos entre sus generales, quedando Egipto bajo el mando de Tolomeo I Sóter. Tolomeo I solicito a Teofastro (sucesor de Aristóteles en la escuela peripatética) que se encargara de la educación de su hijo y heredero pero este rechazo la oferta y recomendó a Demetrio de Falera, de quien se cree es la idea original del proyecto de la antigua Biblioteca de Alejandría.

Tras la muerte de Alejandro Magno, los territorios conquistados por este durante sus campañas fueron divididos entre sus generales, quedando Egipto bajo el mando de Tolomeo I Sóter. Tolomeo I solicito a Teofastro (sucesor de Aristóteles en la escuela peripatética) que se encargara de la educación de su hijo y heredero pero este rechazo la oferta y recomendó a Demetrio de Falera, de quien se cree es la idea original del proyecto de la antigua Biblioteca de Alejandría.

Demetrio había gobernado Atenas durante diez años y llegó al poder en esta gracias a la ayuda de Casandro, el general macedonio que se hizo con Grecia a la muerte de Alejandro Magno. Sin embargo tras una serie de conflictos políticos entre los sucesores de este y debido a su gobierno tiránico, Demetrio fue desterrado de Atenas.

Demetrio de Falera al igual que Teofastro, pertenecía a la escuela e Aristóteles. Este sugirió a Tolomeo I Sóter la idea de crear un gran centro de investigación en Alejandría que adoptaría el nombre del “Museo” que dispondría de una gran biblioteca vinculada a este.

No se tiene constancia segura de la fecha precisa de la fundación de ambas instituciones pero se cree que Sóter inició la obra en el 290 a.C que se completaría hasta el reinado de Tolemeo II Filadelfo.

La Carta del estudioso Aristeas (180-145 a.C.), es el primer documento en el que se hace mención a la Biblioteca y según el, “este trabajo había sido encargado por el ateniense desterrado Demetrio de Falera, a quien patrocinaba Tolemeo Sóter”.

Demetrio de Falera quería hacer de Egipto el nuevo centro cultural de la época y a Alejandría, capital artística y científica. Para conseguir sacar adelante este proyecto, Demetrio tuvo que influir sobre los dos primeros reyes ptolemaicos que supieron ver los beneficios que aquel centro podía traer al nuevo reino egipcio.



Comenta Aristeas, que se comenzó a reunir una colección de libros sobre política clásica griega así como obras de autores de todo el mundo. Al mismo tiempo Demetrio quería hacer de Egipto y Alejandría un lugar que acogiera a escritores, poetas, artistas y científicos de todas partes.

La biblioteca floreció ayudada por la favorable coyuntura comercial y cultural de la época. Esta junto con la Academia de Platón, el Liceo de Aristóteles, la Estoa de Zenón, la Escuela de Epicuro (todos ellos inmediatamente anteriores) y la Biblioteca de Pérgamo fueron el modelo a imitar en los futuros monasterios medievales y las primeras universidades.

Se realizaron estudios en Matemáticas, Medicina, Astronomía, y Geometría en gran parte dentro del marco de la escuela peripatética. El “Museo” vio nacer nuevas disciplinas como la Trigonometría, la Gramática y la Preservación de Manuscritos. Una cantidad considerable de los descubrimientos del mundo occidental se le deben a ella y a sus estudiosos. En ella quedaron registrados y debatiéndose aquellos descubrimientos y estudios durante 500 años.

La compilación de todo tipo de documentos y obras permitió la transmisión y traducción de textos clásicos vitales al árabe y al hebreo, y gracias a ello aquellas obras, de las cuales muchas se perdieron, llegaron en su formato original hasta nuestros días.

A diferencia de los tiempos que hoy vivimos, la Biblioteca se nutrió de muchos documentos y manuscritos que se copiaban, permitiendo que estos estuvieran disponibles al estudio de casi cualquier persona interesada en ellos. No existía, la obligación de pagar por acceder a todos aquellos conocimientos compilados puesto que el Estado y los beneficios generados por aquel transito de autores, científicos y artistas generaba la suficiente riqueza como para mantener aquella infraestructura con creces.

Así pues aquella estrategia de “piratería intelectual” que hoy sería intolerable, permitió como nunca antes la expansión del conocimiento vinculado a las artes y las ciencias. Nunca antes un lugar había alcanzado tal cantidad de erudición en tan poco espacio físico.

Por todo ello, y al contrario de lo que se nos quiere hacer ver hoy por parte de ciertos “voceros-artístas” y empresarios, la existencia y el futuro del conocimiento no esta vinculado necesariamente a los beneficios crecientes y exponenciales de una industria que monopoliza la creación y edición de los contenidos, haciendo del acceso a estos, otra mercancía más con la que especular y enriquecerse.

Con el tiempo, la Biblioteca veía aumentar sus obras. Ya en la época inicial de Ptolomeo I, los volúmenes alcanzaban los 200.000, 400.000 en la época de Ptolomeo II, 700.000 en el año 48 a.C, con Julio César y 900.000 cuando Marco Antonio ofreció 200.000 volúmenes a Cleopatra, traídos de la Biblioteca de Pérgamo.

Cada uno de los volúmenes consistía en un rollo de papiro manuscrito que albergaba una gran variedad de temas. Se ha llegado a conocer, que la Biblioteca albergó 3 volúmenes importantísimos del sacerdote babilónico Beroso. Bajo el título de Historia del mundo, estos tres volúmenes contaban el periodo que va desde la Creación hasta el Diluvio, tiempo que Beroso estimaba en 432.000 años, es decir, mas de cien veces lo que establece el Antiguo Testamento.

La Gran Biblioteca no resultó destruida en el incendio del año 48 a. C provocado por César. Los principales historiadores de la época sostienen que los que se perdió, fueron 40.000 volúmenes, depositados en almacenes del puerto que estaban seguramente pendientes de catalogación y que los 400.000 tomos en realidad no habrían ardido.

La perdida de la Biblioteca de Alejandría se ha vinculado al periodo de desastres que se abatió sobre la ciudad entre los siglos III y IV, tiempo repleto de conflictos militares y de revueltas. A ello hay que unir los 23 terremotos que se sucedieron entre 320 y 1303 siendo algunos tan devastadores que se han encontrado en el fondo del mar, gran parte de la ciudad de los ptolomeos, incluyendo el Bruchión, supuesto enclave de la Biblioteca.

Y como colofón a todos estos desastres, el fanatismo cristiano llevó a la quema de una cantidad indeterminada de volúmenes. En el año 391 por ejemplo, el patriarca Teófilo de Alejandría ordenó demoler el Serapeo y a continuación una turba destruyó todo lo que encontró a su paso. Sobre sus restos se edificó, como no, un templo cristiano.

A lo largo de los siglos siguientes, gran parte de las obras que se dieron en esta y en anteriores épocas fueron objeto de persecución y cremación por parte de la Iglesia católica en Europa. Algunas fueron objeto de una celosa persecución organizada y planificada, debido a que aunque eran obras de autores ensalzados por la iglesia católica, contradecían en alguna parte de estas, cuestiones teológicas básicas.

Y a pesar de todo, sin la existencia de la antigua Biblioteca de Alejandría, seguramente, hoy seríamos muy diferentes de cómo somos.

FUENTES GRAFICAS: WikiCommons

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