Japón se convierte en potencia mundial

A principios del siglo XX Japón entrará atropelladamente en la escena internacional para convertirse en la mayor potencia de Asia oriental y poco tiempo después, en uno de los mayores imperios del mundo. El equilibrio de poderes en Asia sufrió en 1905, como consecuencia de la batalla del estrecho de Tsushima y los acontecimientos posteriores un cambio radical que traería consecuencias gravísimas para los estados vecinos de Japón primero y posteriormente al propio imperio del sol naciente.

A principios del siglo XX Japón entrará atropelladamente en la escena internacional para convertirse en la mayor potencia de Asia oriental y poco tiempo después, en uno de los mayores imperios del mundo. El equilibrio de poderes en Asia sufrió en 1905, como consecuencia de la batalla del estrecho de Tsushima y los acontecimientos posteriores un cambio radical que traería consecuencias gravísimas para los estados vecinos de Japón primero y posteriormente al propio imperio del sol naciente.

En la madrugada del 27 de mayo de 1905 un barco hospital ruso casi habia colisionado con un vapor de pasajeros japonés. El avistamiento del barco ruso y por lo tanto de la flota, fue rápidamente comunicado al almirante japones Togo. Los rusos avistaron poco tiempo después a babor, las sombras de los cruceros japoneses.

Era la Flota del Báltico la que se encontraba de camino al encuentro de la Flota japonesa pues esta había atacado a su vez a la Flota rusa del Pacífico sin previo aviso, destruyéndola en la Batalla de Shantung el 10 de agosto de 1904.

Tras el avistamiento de los cruceros japoneses el almirante Rochestvensky ordenó la retirada de los buques de abastecimiento y la formaci6n de dos lineas de filas cerradas. Rochestvensky mandaba la escuadra de estribor a bordo del gigantesco navío de linea «Suvorov». Los japoneses, poseían superioridad en la velocidad de sus buques respecto a los rusos, y cuando ven la formación rusa toman rumbo de colisión en un intento por cortar la lenta formación naval rusa. Al alcanzar ambas los 9.400 metros de distancia, los navios japoneses comienzan a disparar de manera conjunta.



Había comenzado la batalla naval de Tsushima de la que el Japón obtendría una aplastante derrota, dejaría herida de muerte a la Rusia imperial y cambiar radicalmente el escenario geopolítico de toda Asia.

El “Suvorov” de Rochestvensky pronto comenzó a arder tras ser alcanzado al igual que sucedió con otros buques rusos destacados. La causa de tan estrepitosa derrota podría atribuirse principalmente a la escasa velocidad y maniobrabilidad de los rusos y al destacado hacer de los japoneses que habían sorprendido a sus oponentes mediante una serie de movimientos con los que no contó la flota rusa. A ello hay que añadirle que las pesadas unidades rusas venían de dar la vuelta a medio globo y sus quillas se encontraban densamente cubiertas de moluscos y algas lo que reducía aún más su velocidad.

Convertida la flota rusa en un montón de chatarra humeante, los telégrafos comienzan a enviar el 29 de mayo a los periódicos de todo el mundo que una potencia asiática a la que hasta ahora se había concedido poca importancia, había aplastado en el mar a una gran potencia europea. Un par de meses antes, los japoneses, armados y entrenados según el modelo prusiano, habían vencido además, al ejercito siberiano del zar, en una gran batalla terrestre junto a Mukden en Manchuria, expulsando con ello a los rusos de Shenyang.

El conflicto ruso – japonés se había originado, cuando Japón consideró un grave riesgo para sus futuros intereses imperiales la penetración rusa en Corea y Manchuria. Japón exigió a Rusia la salida de este de Manchuria pero al aplazar las conversaciones diplomáticas durante dos años Japón, sin obtener respuesta alguna, rompió relaciones diplomáticas el 6 de febrero de 1904 y se apresto a iniciar la campaña militar contra Rusia.

A mediados del siglo XIX, Japón seguía controlando severamente el comercio ultramarino y los ciudadanos japoneses tenían prohibida la relación con el resto del mundo. Los Daimios feudales se apoyaban todavia en sus escuadras de samurais acorazados y la nobleza cortesana junto con los poderosos “estrategas imperiales”, los shogunes, determinaban la política, en la que tenían gran peso el budismo zen y la forma de vida feudal caballeresca del “bushido”.

Todo esto cambiaría cuando hacia 1868 con la restauración Meiji que junto con la llegada de los americanos y la apertura del comercio con estos provocó el fin de la tradici6n de los shogunes y del sistema feudal así como la supresión de las barreras comerciales.

La posterior llegada a las altas esferas del poder de un nuevo tipo de administradores y funcionarios occidentalizados cambió toda la política exterior del país. Estos funcionarios sabían que para proseguir con el ritmo de crecimiento económico, Japón debería, al igual que Occidente, expandirse y tomar las materias primas de sus países vecinos por la fuerza.

La capital se trasladó de Kioto a Edo, bajo el nombre de Tokio, se redujo considerablemente el poder de los daimios, y el ejército y la marina se occidentalizaron. Nuevos tratados comerciales se firmaron y llegaron profesores extranjeros a escuelas y universidades. Todos los sectores de la sociedad comenzaron a cambiar y a modernizarse según el modelo de desarrollo europeo y estadounidense.

Desde la batalla de Tsushima, Japón paso a Japón comenzó su expansión industrial, económica y política.

La primera victima en caer fue Corea en 1910. Durante la Primera Guerra Mundial, Japón aportó ayuda a los aliados, lo que le valdría al final de la guerra, la posesión de las antiguas colonias alemanas de China y el Pacifico.

A esto siguió una década, la de los años 20, durante la que Japón creció a pasos agigantados, transformando radicalmente su economía y su sociedad en apenas un siglo. Durante esta década también se hizo patente la llegada a los altos puestos del ejército, de nuevos oficiales con una idea mucho más agresiva de la guerra y del trato al enemigo, a diferencia de la actitud que reinó en el ejército japonés con anterioridad.

Las ambiciones de Japón continuaron hasta llevarlos a territoriales todavía más extensos y lejanos. En 1931, Japón se aprovechó de la guerra civil china y ocupó Manchuria, rica en materias primas mineras. Allí estableció un gobierno títere liderado por Pu Yi.

La ocupación de Manchuria provocó la condena generalizada de Japón en la Sociedad de Naciones la cual no tardó en abandonar.

Y ya en 1936, firmo una alianza con las dictaduras fascistas de Italia y Alemania, que le llevaría a iniciar lo que algunos historiadores consideran el primer acto de la Segunda Guerra Mundial, la invasión japonesa a gran escala de China en 1937.

Para conseguir sus objetivos los japoneses no dudaron en emplear el bombardeo de poblaciones y la matanza indiscriminada de civiles; Uno de los mejores ejemplos para ilustrar la política que llevó a cabo el ejército imperial fúe la espantosa matanza de Nankin de 200.000 civiles.

Sin embargo, esta acción no fue sino el comienzo de una política genocida que Japón ejecutó durante su ocupación de China, una política de horrores perfectamente comparable en magnitud y brutalidad con la que ejecutó el Tercer Reich en Europa.

FUENTES GRAFICAS: WikiCommons

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