El reino de Castilla entre los siglos XIV y XV

La Historia de Castilla entre los siglos XIV y XV estuvo determinada por las disputas entre el monarca y la nobleza. Entre los enfrentamientos más destacados se encuentra el de Pedro I contra Enrique de Trastámara.

Durante los siglos XIV y XV, los rasgos más sobresalientes del reino de Castilla fueron el fortalecimiento de la autoridad del monarca y del Estado, y la centralización del aparato político administrativo. La disputa entre la nobleza y la monarquía se saldó con la victoria de la concepción autoritaria del poder regio, confirmando la extinción de la organización feudal del territorio y la creación de instituciones centrales de gobierno, que serán el soporte de la autoridad del monarca. El rey se estableció como la única figura con potestad legislativa, en detrimento de las Cortes. Así, la conversión del monarca en la única fuente de ley será decisiva para la imposición de un marco jurídico común a todo el reino, que se inspiraría en el Derecho Romano.

Asimismo, la centralización del Estado en estos siglos exigió la creación de nuevas instituciones centrales de gobierno y otros instrumentos, como el ejército, que se encontrarían al servicio de la autoridad real. Entre las instituciones podemos destacar: el Consejo Real, órgano consultivo del rey y la Audiencia, órgano supremo de justicia. Según García de Cortázar, la evolución política de Castilla se podría dividir en tres etapas. La primera etapa (1280-1349) corresponde a los reinados de Fernando IV y Alfonso XI. Durante este tiempo la monarquía tuvo serios problemas para contener las ambiciones y las ansias de poder de la nobleza como Nuño González de Lara, Diego López V de Haro o Alfonso de la Cerda.

Finalmente, se restableció la autoridad monárquica, acompañada de importantes logros militares y diplomáticos. La segunda etapa (1349-1419) se caracterizó por el enfrentamiento entre Pedro I y la alta nobleza, encabezada por Enrique de Trastámara. La guerra civil adquirió un carácter internacional al enmarcarse en la Guerra de los Cien Años. Finalmente, Enrique de Trastámara, apoyado por Francia y Aragón, derrotó a Pedro I, que colaboraba con Inglaterra, entronizando una nueva dinastía.

Por último, la tercera etapa (1419-1474) fue una época en la que resurgieron las pugnas entre la nobleza y la monarquía. Por una parte, la debilidad de Juan II obligó a don Álvaro de Luna a defender la autoridad real frene a la liga nobiliaria. Mientras que por otra, Enrique IV padeció el problema de la sucesión dejando la puerta abierta a una guerra civil que culminaría con el triunfo de su hermana Isabel. La liga nobiliaria consideró ilegítima a su hija Juana, que apodaron “la Beltraneja” por suponerla hija de don Beltrán de la Cueva. En consecuencia, Enrique IV se vio obligado a nombrar heredero a su hermano Alfonso en la “Farsa de Ávila”. Tras la muerte de éste, Enrique decidió declarar heredera a su hermana Isabel (futura Isabel I), pero a la que desheredó por casarse con Fernando de Aragón. Poco antes de morir, Enrique IV reconoció como heredera al trono de Castilla a Juana la Beltraneja, lo que encendió la mecha de la guerra civil entre partidarios de Isabel y de Juana.

Foto: mercenario.one

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